─Señora Argento. ─toca la puerta desde fuera Charles.
─Pase. ─dice cubriéndose un poco.
─El señor requiere de su presencia en el comedor. ─dice entrando con una bolsa dorada. ─y ha pedido que se ponga esto para bajar a desayunar. ─advierte.
─Pero con esta cosa, me es difícil cambiar de ropa. ─espeta realmente incómoda.
─Es petición del señor Argento, su esposo. ─insiste.
─Bien... ─suspiró con desgano.
─Estaré fuera. ─dice apenado y cierra la puerta tras él.
Su asombro no se hace esperar al ver que la ropa realmente es deportiva, queda cautivada con lo suave y fresca que es, aunque ciertamente le toma varios minutos cambiarse por el cabestrillo y algo de molestia.
Lava, seca y maquilla su rostro lo mejor que puede con una sola mano, aunque con su cabello no hay mucho que hacer.
─listo. ─sonríe amable al salir.
─El padre de su esposo y el abogado también la acompañarán en el desayuno, por lo que él señor me pidió que le advirtiera de cualquier indiscreción. ─advierte ofreciendo su brazo.
─Deberían iluminar esto, es aterrador. ─se lamenta apoyándose en él, por miedo a caer y empeorar su herida. ─ni siquiera sé si es de día, ¿ya amaneció, verdad? ─pregunta con cierto tono de sarcasmo.
─Sí señora, ya amaneció. Y respecto a los huéspedes, usted, solo sea una esposa. ─musita.
─No podré siquiera comer si ellos están allí. Puedo ser una esposa, lo que no sé es... como ser su esposa. ─niega con su cabeza.
─Solo haga lo que hizo ayer en la noche. Por cierto, se lo agradezco. ─susurra, ya que están por salir del pasillo parcialmente oscuro.
─Señora Argento. Buenos días. ─se levanta muy educadamente el abogado al verla llegar, de la misma manera que lo hace Edward, pero el anciano se limita a mirar por encima de su hombro, sin siquiera inmutarse.
─Charles. ─dice llamando la atención de todos los presentes. ─tal parece que mi padre tiene problemas con su audición, y no me agrada en absoluto compartir la mesa con alguien con tales defectos. ─dice apartándose de la mesa. ─Espero su mañana sea de provecho señor Robinson. Mi esposa va a tomar el desayuno en el jardín. ─dice a Charles quien asiente enseguida.
Al anciano, no le agrada para nada la idea de que su hijo lo deje en la mesa, por alguien que él considera una arribista, aún pese a lo sucedido, él se queda en la mesa sin decir una sola palabra.
Ángel realmente es el tipo de persona que le gusta ayudar a los demás, pero en este momento, con todo lo grosero, patán y déspota que ha sido el anciano con ella, prefiere mantenerse al margen, ya que en realidad no tendría la necesidad de hacer algo bueno por él, cuando solamente ha sido malo.
─Espero no le cause mucho dolor, o se canse demasiado al tomar el desayuno en el jardín. ─dice ayudando a levantarse.
─¿también le piensas dar de comer en la boca? ─se burla su padre, pero todos los presentes deciden ignorarlo.
─Me duele un poco, pero supongo que es normal. Es una herida, y aunque por fuera intenta sanar, por dentro aún debe estar inflamada. Así que no se preocupe. ─dice para tranquilidad de Edward, pero este no la mira, solamente se limita a caminar con ella de su brazo. Ha evitado mirarla desde que ella lo vió sin la máscara.
─Y... dígame señorita, señora Argento. ─se corrige a sí mismo. ─¿ya no le parece este un castillo embrujado? ─dice intentando cambiar de tema, para así no tener que hablar de su padre y la pésima relación que lleva con él.
─Para ser honesta... No sé si podría dar una opinión sobre ello, ya que en realidad no conozco el lugar. ─afirma. ─aunque supongo que lo sabré en cuanto salgamos de aquí. ¿Siempre está todo así de oscuro? ─pregunta al ver todo oscuro, teniendo la certeza de que para ella el día recién ha empezado.
─Sí. Y no voy a dar explicaciones, pero en realidad no vamos a desayunar juntos. Solamente lo hará usted, yo tengo cosas que hacer, y usted no puede estar sin comer. ─asiente.
─Claro, supongo que tiene muchas cosas que hacer. ─camina con recelo de caer. ─gracias por sacarme de esa mesa, habría sido aún más incómodo sola.
Yo no sé en qué estaba pensando, obviamente no es real. En una situación real él no estaría aquí caminando en la oscuridad.
─No tiene nada que agradecer en realidad, este fue un trato con un fin en común, pero no significa que no pueda verla como un ser humano, que seguramente es... ─dice con gracia.
Lo que ha dicho, la deja con un sabor agridulce, mismo que la hace dudar si realmente lo que ha dicho es bueno o es malo, pero decide dejarlo de lado y continuar su caminata. Justo hasta antes de cruzar la puerta se detienen.
─Supongo que va a dejarme aquí, así nada más. ─espeta sin saber exactamente dónde mirar muy incómoda.
─Supone bien. ─quita la mano de ella de su brazo. ─Charles le dará todo lo que usted necesite, y... ─se acerca hasta ponerla nerviosa. ─disfrute el desayuno. ─suelta su mano y se aleja.
Esto no es como lo pensé, sí, asumí que iba a ser un matrimonio falso y que tal vez podríamos llegar a ser amigos, pero él solo es amable, y yo debo dejar de hacerme historias en mi cabeza, pero no soy del todo culpable, él es realmente guapo. No sé, simplemente quería creer que las historias y los cuentos son reales, que son cosas que podrían pasarle a las personas comunes como yo, pero supongo que él estar sola y entrar a una enorme casa, muy enorme casa, es prueba de que la realidad es muy diferente como lo imaginamos. Por lo menos como yo lo imaginé.
Ayer por la noche los nervios fueron tantos que no había notado lo enorme que son las puertas de este lugar. Mismas que se abren dejando entrar la luz a la gran mansión, pero tan pronto damos un par de pasos fuera se cierran las puertas.
Su asombro puede verse reflejado en su rostro, le es imposible disimular. Durante la noche se ve realmente como un castillo embrujado, tan solo le vas a dar un par de pasos fuera del lugar para darse cuenta que realmente es un lugar realmente hermoso, su pasto verde, frondosos árboles alrededor, y curiosamente hay una especie de casa a cierta distancia.
─¿Hay más personas en esta casa? ─pregunta curiosa mirando alrededor.
─Ha sido algo fortuito que no los haya visto. ─asiente. ─El señor Argento sabe que algo como lo que usted y él hacen sería algo complicado de explicar legalmente, y mientras menos personas sepan, será más fácil. ─abre la silla para ella. ─pero reitero lo que he dicho anoche, personal de la propiedad están a su disposición. Y actualmente ese soy yo. ─se ofrece.
─Me parece bien. Yo no necesito personas a mi alrededor, y si necesito algo lo pediré, muchas gracias. Es usted muy amable. ─responde con mucha timidez, a su vez que intenta ocultar una sonrisa.
─¿sucede algo? ─pregunta curioso al notar que no ha dicho nada curioso.
─Escribo libros, ¿sabía eso? ─pregunta con la emoción de una niña. ─Siempre que escribo sobre las personas de dinero y sus recién casadas esposas, escribía que son presentadas a todo el servicio como la señora y el apellido del protagonista. Y no sé si sea algo que se de en la realidad, pero... ─mira a su alrededor, como si la respuesta es obvia. ─sé que no es real, pero...
─Por mi experiencia en personas de dinero, no he sabido de nadie que presente a su esposa ante el personal. ─intenta ser amable.
─¿y qué es lo que hacen entonces? ─pregunta con curiosidad.
─El matrimonio es lo suficientemente publico, planeado y esto se da previo a meses de convivencia o de conocer su casa.
─¿y si fuese como yo?. ─insiste.
─No he sabido de casos como los suyos. ─musita algo incómodo al levantar su mano.
Ángel ve a todos lados esperando ver que pasa al hacer esto, y ve salir a una mujer de una de las puertas del lugar, camina hacia ellos con una charola.