Encerrado en la habitación casi a oscuras, ve la cama y todo en su lugar, no está hecho de la manera habitual, sabe que no ha sido personal del servicio quien lo ha hecho. Por primera vez se debate consigo mismo poder abrir las ventanas de su habitación por el simple hecho de que ella esté cómoda, pero solo estará alli dos dias mas, asi que, ¿qué más da?
Recordar su mano sobre la de ella, el calor que esta emanaba al tocarla con sus guantes de tela, sin darse cuenta está tocando sus manos otra vez.
─Si tanto amor hay, ¿porque tú estás aquí, y tu esposa está fuera con tu asistente? ─pregunta su padre al sorprenderlo de pie en la puerta. ─se ven muy cómoda con el... ─se va dejando escuchar una carcajada resonando como eco.
Odia demasiado a su padre como para darle gusto, pero por otro lado, el sol ha hecho acto de presencia, y con todo lo que habitualmente usa sería insoportable salir, aunque sea solo para darle la contraria a él.
Se acuesta en su cama, es enorme, no había caído en cuenta cuán enorme es hasta que volvió a acostarse. Al principio pareció insignificante, pero ahora que había pasado la noche con la primera persona que le había gustado después de años, se veía diferente.
En el jardín.
─Buen dia. ─se acerca la mujer con uniforme formal de blanco y n***o con la gran charola. ─Espero haya tenido una buena noche. ─sonríe amable mirando con tanta curiosidad como discreción.
─Buen dia. ─sonríe nerviosa y algo avergonzada, ya que aunque quiere ayudar, el tener solo una mano disponible le dificulta.
─Como base, un desayuno continental, pero si desea algo más, solo tiene que pedirlo. ─le deja con delicadeza cada plato.
Café, no me gusta el café. Tostadas... pero solo es pan tostado, sandía picada, y un vaso con jugo. Como buena latina debo decir que esto no es lo que yo hubiese desayunado, pero bueno. ─pensó
─¿sucede algo? ─pregunta Charles al ver la manera en la que ve la comida.
─No. ─sonrie nerviosa. ─Todo se ve muy bien. ─asiente tomando un par de bocados de fruta.
─La dejaré desayunar tranquila, si necesita algo más, solamente levante la mano. ─dice retirándose educadamente con la mujer que ha dejado la charola en la mesa.
Tan pronto como se alejan, ella saca su teléfono y llama a Sabrina. Saber que su hijo está bien, que se divertía mucho y disfrutaba pasar tiempo con otros niños en el parque cerca de la casa de ella, la hace plenamente feliz. Por otro lado, saber que sus hijos mayores estaban seguros con sus abuelos y tías paternos la tranquiliza, ahora parece que las cosas mejoran, aunque aún está el arrepentimiento por no haber podido conseguir el dinero para la casa que quería comprar para sus pequeños.
Pese a no gustarle el café se lo bebe todo por educación, y se queda sentada mirando a su alrededor. Al final de todo aún está ese vacío, sin importar donde esté, el vacío interno sigue exactamente igual y es horrible.
Esta ṕor levantarse cuando recibe una llamada de la editorial.
─Sí, dígame. ──responde en altavoz, ya que intenta poner en orden lo que ha ocupado para comer.
─Nos gustaría reunirnos con usted, ahora que hay nuevos cambios, y se ha solicitado la reunión urgente.
─¿Y cuando será? ─pregunta mirando alrededor de la casa. Intenta encontrar la persona a cual llamar para no verse desagradecida.
─Será hoy en la tarde, es imperativo contar con su presencia. ─advierte enfático.
─Claro. ─asiente. ─¿a qué hora? ─pregunta intrigada al notar que no menciona nada referente a su boda, pese a que Barbara asistió.
─Hoy a las cuatro de la tarde. ─dice y cierra la llamada al ver que la misma mujer que le ha servido la charola, regresa por lo mismo.
─Muchas gracias, todo estuvo muy rico. Cocina muy bien. ─se esmera en halagos con la mujer que le ha servido.
─Le agradezco señora Argento. ─toma rápidamente las cosas, como si tuviera apuro.
─¿Dónde están las demás personas? ─pregunta, y ella se detiene enseguida levantando la mirada hacia Angel. ─es que... no he visto a nadie más y esta casa es muy grande. ─se excusa incómoda por la manera en la que la mira.
─Son las reglas de la casa. ─dice como si fuese algo que ya debería saber ella. ─Nadie del personal debe ser visto por los habitantes de la propiedad, a menos que realmente sea necesario. ─toma un par de cosas más. ─¿desea algo más? ─pregunta por educación, pero en ella se puede ver que es lo último que quiere que haga Angel.
─Es todo. Gracias. ─musita soltando un suspiro.
Desde una de las puertas de la mansión, Charles vigila los movimientos de Ángel en caso de que necesite ayuda, pero él no puede ver como ahora, desde una de las habitaciones altas de la mansión Edward también la observa, y después de lo que ha dicho su padre, también a Charles.
En cuanto ella intenta levantarse él se apresura a ayudarla.
─¿Todo está bien? ─pregunta ofreciendo su brazo para ayudarla, pero ella no lo toma.
─Mi herida fue en el brazo, no en la pierna. ─bromea levantándose por su cuenta. ─pero agradezco la intención. ─asiente tomando su teléfono.
Edward no pudo evitar sonreír al ver el claro rechazo a Charles. Se sintió un idiota enseguida. ¿cómo haría para hablar con ella? Como lo haría sin que lo vea como el monstruo que es.
─necesito hablar con mi esposo. ─dice con cierto tono de gracia Ángel al caminar junto a Charles.
─El señor no está disponible, pero dígame que necesita y yo se lo haré saber enseguida. ─dice mirando a su alrededor, esperando no ver al padre de su jefe.
─Tengo que ir a una reunión en la editorial que iba a publicar mi libro, y es imperativo que yo asista. ─Enfatiza. ─o eso fue lo que dijeron. ─añade.
─Se lo diré enseguida. ─camina con dirección a la puerta de entrada.
─Será que puedo ir al área iluminada de la casa, es muy aburrido estar solo a oscuras y ¡es de dia!, pero solo basta poner un pie dentro y parece una cueva. ─se desahoga sin medida.
─Le preguntaré al señor. ─se detiene y se aleja de ella a una distancia prudente para hablar por teléfono.
Ángel ve a su alrededor, y estaría encantada de quedarse fuera, de no ser porque hay un sol inmensamente fuerte que parece flama viva.
─Sí señor. ─dice en cuanto ella lo ve.
─¿todo está bien? ─pregunta avergonzada por las exigencias en casa ajena.
─Si. ¿le gustaría conocer el invernadero? ─pregunta ofreciendo una vez más su brazo, pero una vez más ella no lo toma.
─Me gustaría hablar con mi esposo. ─insiste al ver tras Charles al anciano. Se esmera en mímicas disimuladas, que afortunadamente Charles puede entender enseguida.
─El señor está en ocupándose de un par de cosas, en cuanto las termine se reunira con usted. ─dice esperando no verse tan obvio.
─Mi hijo debe estar pagando mucho si actúas tan bien. ─se acerca el anciano. ─anoche era "amor" ─dice con cara de asco. ─y ahora mi esposo. ─bufa. ─no hay nada más falso que eso. ─se acerca aún más.
─Es mi esposo, asi que puedo llamarlo esposo sí quiero, y es un amor, así que no entiendo porque le molesta tanto. ─se para firme. Algo que sorprende a Charles, y a Edward que aún la observa.
─Voy a reírme en tu cara cuando esta farsa termine. ─bufa con el ceño fruncido.
─Sería bueno verlo sonreír de manera genuina para variar. ─musita acercándose a Charles. ─Lo sigo. ─dice y este asiente con orgullo.