Un lado de mí

1302 Words
─Es bueno saber que estará mejor en un par de días. ─dice Charles cansado del silencio que ha permanecido inquebrantable entre Ángel y Edward desde que salieron del hospital. ─Lo sé, podré regresar sin problema en unos dias. ─asiente mientras camina a la entrada. ─Es tarde, ¿importa si no ceno, y solo me acuesto a dormir? ─pregunta con educación, al ver la incomodidad de Edward con la pregunta de Charles. ─No tiene que comer fuera si no quiere, pero tiene que comer. ─ordena Edward caminando de prisa. ─Lo sé, es solo que... ─balbucea incómoda. ─Puede encerrarse en su habitación hasta que se vaya. Nadie la obliga a salir. ─espetó de mala gana. lanzando su corbata al suelo, y se marcha tomando una botella, le da un gran trago y se la lleva con él. Se ve molesto, pero ni ella, ni Charles entienden el porqué. ─¿qué fue eso? ─ pregunta Ángel volteando a ver a Charles. ─solo está cansado. ─dice yendo él tras Edward. Claro. ─pensó, mientras va al área iluminada de la mansión. El pasillo oscuro es realmente tenebroso, pero después de ver la actitud de él, así, tan repentina, sabe que alejarse y mantenerse aislada hasta que llegue el día de irse es lo mejor. He vivido toda mi vida con miedo, y un simple pasillo a oscuras no me va a matar. ─piensa mientras camina despacio con los ojos cerrados, ya que no importa si los abre o no, la oscuridad es absoluta y el pasillo es largo. Tras chocar con la puerta busca a oscuras la perilla, y abre la puerta. ─Bien, te dije. ─se dice a sí mismo. ─no era tan difícil. ─mira a su alrededor. Todo tiene sábanas blancas cubriendo todo el lugar, pero tras presionar el botón que ante le ha mencionado Charles, una mujer toca la puerta y abre. ─Buenas tardes, a sus ordenes. ─le hace una reverencia. ─Podría decirme donde estan las sabanas y... ─Por supuesto. ─se acerca a un armario, saca la ropa de cama. ─No tiene que molestarse. ─dice al ver que muy diligente empieza a colocar todo, ─Usted es la señora de la casa. Además, con el cabestrillo es difícil. ─dice amable mientras deja todo en orden. ─Muchas gracias. ─musita un poco avergonzada. ─¿Tiene algún menú en especial para la cena? ─pregunta de pie en la puerta en cuanto termina. ─Es muy rápida en verdad... ─suelta con asombro. ─Al señor le gusta el orden y suele ser inmediato. Eso nos mantiene alerta. ─sonríe como si ello fuese lo mejor de su dia. ─Sí... eso parece. ─balbucea. ─Respecto a la cena..., ¿tiene alguna petición especial, o algo en mente? ─vuelve a preguntar. ─De hecho... si no es mucho pedir, me gustaria unos patacones con carne y tomate picado. ─dice específicamente para hacerse entender. ─Disculpe, ¿patacones?, ¿qué es? ─pregunta notoriamente confundida. ─¿qué es lo comen realmente comen aquí? ─pregunta avergonzada. ─La cena del señor es: Parmigiana, carne de cerdo al horno y vino tinto. Si usted gusta, puedo preparar lo mismo para usted. ─Sabe... lo que pasa es que yo no sé de comidas extranjeras, yo no soy de por aquí, y... no se que es, o mejor dicho, a que sabe lo que dijo. ─Bien... ─hace ademanes. ─Es como una lasaña hecha de berenjenas, con queso rallado, salsa de tomate y hojas de albahaca. ¿ha probado la lasaña? ─pregunta con más confianza. ─Sí, eso sí, pero yo la preparo con carne picada, queso... ─Es similar, pero esta tendrá berenjenas... ─¿y las berenjenas, saben bien? ─pregunta al sentarse en la cama más cómoda. ─Le aseguro que le gustará. ─sonríe divertida. ─En ese caso... me encantaría probar su lasaña. ─asiente muy sonriente. ─Y para el chef, será un placer que usted deleite su sazón. ─dice y se retira muy animada. Angel sentada sobre la cama, hace un barrido visual a toda la habitación, ve un par de libros y se queda sentada en el sillón frente a la ventana, dándole una ojeada a uno de los libros. Mientras tanto, Edward está molesto, y se refugia en su lugar favorito de la casa, el techo. ─Señor, ¿esta bien? ─pregunta Charles, quien lo ha seguido hasta allí. ─¡Vete al demonio! ─bufa histérico. ─Disculpe, ¿hice algo que...? ─Cierra la boca Charlie, no quiero a mi asistente, quiero a mi amigo ahora. ─se voltea muy molesto. ─¿qué es lo que pasa? ─toma una postura más relajada. ─¡Ella! ─señala a la puerta. ─Nada de esto va a salir bien, y yo lo sabía. ¡lo sabía, maldita sea! ─Tienes que calmarte, no entiendo nada. ─intenta que se siente y suelte la botella, pero él está demasiado molesto, frustrado. Toma un par de tragos directo de la botella. ─No te hagas el idiota Charlie, por supuesto que ya lo notaste. ─se aferra a su botella. ─¿y crees que embriagarte ahora, es la solución? ─pregunta sosteniendo la botella. ─He estado sobrio por meses, ¿de que me ha servido? ─le arranca la botella de sus manos. ─¿Pero cuál es el problema?, no entiendo ¿qué es lo que sucede? ─se sienta en el sillón. ─Yo pense, que al estar casada no querría irse, que podría hacer que cambie de opinión. ¡¡pero no!! ─gruñe presionando con fuerza la botella, hasta enrojecer sus manos. ─Ella cuenta los días, minutos, y segundos para irse. ─da un sorbo largo, mismo que habria sido mas largo, si Charles preocupado por un coma etílico le quitase la botella. ─Quiero un trago. ─dice para evitar que se la quite. Da un sorbo corto, pero lo disimula como uno tan largo como el de él. ─estás enamorado de tu esposa... ─sonríe. ─Me sorprende..., no para nada, primero el empeño en que fuese ella, la manera en la que la miras, tus celos al saber que yo sabía un poco más de ella ─Eso no... ─niega algo tambaleante. ─No lo niegues, recuerda porque me contrataste. ─señala. ─pero ella también está interesada en ti, ¿acaso no lo ves? ─evita que el vuelve a tomar la botella. Edwars se ha bebido casi toda la botella en solo minutos. ─No lo está. ─niega con la cabeza. ─si lo estuviese no querría irse. ─espeta. ─Te dijo que tenia hijos, ¿lo olvidas?. ¿Que clase de buena madre querría estar lejos de sus hijos? ─Yo no quiero que se vaya. ─se deja caer sobre el sillon, con la mirada al techo. ─¿cómo le pido que se quede?, ¿como hago para que no rompa el corazón al irse? ─suspira. ─Eres un hombre adulto, con un corazón de niño... ─suspiró sentándose junto a él. ─Mi madre siempre decía eso... ─suspira con nostalgia. ─Ella se irá. Eso es definitivo, pero puedes hacer que los días, horas, minutos, y segundos que pase contigo sean algo para recordar, y tal vez quedarse... ─¿Crees que la asusté con lo que hice al llegar? ─pregunta golpeándole las costillas con su codo. ─Seguramente sí, pero no es nada que no se arregle con una buen cena, los dos solos, una charla amistosa y unas disculpas sinceras... ─Definitivamente, eres el mejor amigo que puedo tener. ─se levanta. ─aunque odio que siempre limites mi bebida. ─se tambalea. ─Debes tomar una ducha, café, y un poco de sueño. Yo me encargaré de la cena, y de tu padre. ─se levanta para ayudarlo a no caer por las escaleras. ─¿me vas a cargar? ─bromea. ─Me voy a asegurar de que mi amigo llegue con vida a la cena con su esposa, y de que mi jefe se mantenga con vida a cada fin de mes. ─Charles... ─¿Si señor? ─Gracias... ─Siempre es un placer... ─musita bajando junto con él.
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