─Es bueno saber que estará mejor en un par de días. ─dice Charles cansado del silencio que ha permanecido inquebrantable entre Ángel y Edward desde que salieron del hospital.
─Lo sé, podré regresar sin problema en unos dias. ─asiente mientras camina a la entrada. ─Es tarde, ¿importa si no ceno, y solo me acuesto a dormir? ─pregunta con educación, al ver la incomodidad de Edward con la pregunta de Charles.
─No tiene que comer fuera si no quiere, pero tiene que comer. ─ordena Edward caminando de prisa.
─Lo sé, es solo que... ─balbucea incómoda.
─Puede encerrarse en su habitación hasta que se vaya. Nadie la obliga a salir. ─espetó de mala gana. lanzando su corbata al suelo, y se marcha tomando una botella, le da un gran trago y se la lleva con él. Se ve molesto, pero ni ella, ni Charles entienden el porqué.
─¿qué fue eso? ─ pregunta Ángel volteando a ver a Charles.
─solo está cansado. ─dice yendo él tras Edward.
Claro. ─pensó, mientras va al área iluminada de la mansión.
El pasillo oscuro es realmente tenebroso, pero después de ver la actitud de él, así, tan repentina, sabe que alejarse y mantenerse aislada hasta que llegue el día de irse es lo mejor.
He vivido toda mi vida con miedo, y un simple pasillo a oscuras no me va a matar. ─piensa mientras camina despacio con los ojos cerrados, ya que no importa si los abre o no, la oscuridad es absoluta y el pasillo es largo.
Tras chocar con la puerta busca a oscuras la perilla, y abre la puerta.
─Bien, te dije. ─se dice a sí mismo. ─no era tan difícil. ─mira a su alrededor.
Todo tiene sábanas blancas cubriendo todo el lugar, pero tras presionar el botón que ante le ha mencionado Charles, una mujer toca la puerta y abre.
─Buenas tardes, a sus ordenes. ─le hace una reverencia.
─Podría decirme donde estan las sabanas y...
─Por supuesto. ─se acerca a un armario, saca la ropa de cama.
─No tiene que molestarse. ─dice al ver que muy diligente empieza a colocar todo,
─Usted es la señora de la casa. Además, con el cabestrillo es difícil. ─dice amable mientras deja todo en orden.
─Muchas gracias. ─musita un poco avergonzada.
─¿Tiene algún menú en especial para la cena? ─pregunta de pie en la puerta en cuanto termina.
─Es muy rápida en verdad... ─suelta con asombro.
─Al señor le gusta el orden y suele ser inmediato. Eso nos mantiene alerta. ─sonríe como si ello fuese lo mejor de su dia.
─Sí... eso parece. ─balbucea.
─Respecto a la cena..., ¿tiene alguna petición especial, o algo en mente? ─vuelve a preguntar.
─De hecho... si no es mucho pedir, me gustaria unos patacones con carne y tomate picado. ─dice específicamente para hacerse entender.
─Disculpe, ¿patacones?, ¿qué es? ─pregunta notoriamente confundida.
─¿qué es lo comen realmente comen aquí? ─pregunta avergonzada.
─La cena del señor es: Parmigiana, carne de cerdo al horno y vino tinto. Si usted gusta, puedo preparar lo mismo para usted.
─Sabe... lo que pasa es que yo no sé de comidas extranjeras, yo no soy de por aquí, y... no se que es, o mejor dicho, a que sabe lo que dijo.
─Bien... ─hace ademanes. ─Es como una lasaña hecha de berenjenas, con queso rallado, salsa de tomate y hojas de albahaca. ¿ha probado la lasaña? ─pregunta con más confianza.
─Sí, eso sí, pero yo la preparo con carne picada, queso...
─Es similar, pero esta tendrá berenjenas...
─¿y las berenjenas, saben bien? ─pregunta al sentarse en la cama más cómoda.
─Le aseguro que le gustará. ─sonríe divertida.
─En ese caso... me encantaría probar su lasaña. ─asiente muy sonriente.
─Y para el chef, será un placer que usted deleite su sazón. ─dice y se retira muy animada.
Angel sentada sobre la cama, hace un barrido visual a toda la habitación, ve un par de libros y se queda sentada en el sillón frente a la ventana, dándole una ojeada a uno de los libros. Mientras tanto, Edward está molesto, y se refugia en su lugar favorito de la casa, el techo.
─Señor, ¿esta bien? ─pregunta Charles, quien lo ha seguido hasta allí.
─¡Vete al demonio! ─bufa histérico.
─Disculpe, ¿hice algo que...?
─Cierra la boca Charlie, no quiero a mi asistente, quiero a mi amigo ahora. ─se voltea muy molesto.
─¿qué es lo que pasa? ─toma una postura más relajada.
─¡Ella! ─señala a la puerta. ─Nada de esto va a salir bien, y yo lo sabía. ¡lo sabía, maldita sea!
─Tienes que calmarte, no entiendo nada. ─intenta que se siente y suelte la botella, pero él está demasiado molesto, frustrado. Toma un par de tragos directo de la botella.
─No te hagas el idiota Charlie, por supuesto que ya lo notaste. ─se aferra a su botella.
─¿y crees que embriagarte ahora, es la solución? ─pregunta sosteniendo la botella.
─He estado sobrio por meses, ¿de que me ha servido? ─le arranca la botella de sus manos.
─¿Pero cuál es el problema?, no entiendo ¿qué es lo que sucede? ─se sienta en el sillón.
─Yo pense, que al estar casada no querría irse, que podría hacer que cambie de opinión. ¡¡pero no!! ─gruñe presionando con fuerza la botella, hasta enrojecer sus manos. ─Ella cuenta los días, minutos, y segundos para irse. ─da un sorbo largo, mismo que habria sido mas largo, si Charles preocupado por un coma etílico le quitase la botella.
─Quiero un trago. ─dice para evitar que se la quite. Da un sorbo corto, pero lo disimula como uno tan largo como el de él. ─estás enamorado de tu esposa... ─sonríe. ─Me sorprende..., no para nada, primero el empeño en que fuese ella, la manera en la que la miras, tus celos al saber que yo sabía un poco más de ella
─Eso no... ─niega algo tambaleante.
─No lo niegues, recuerda porque me contrataste. ─señala. ─pero ella también está interesada en ti, ¿acaso no lo ves? ─evita que el vuelve a tomar la botella. Edwars se ha bebido casi toda la botella en solo minutos.
─No lo está. ─niega con la cabeza. ─si lo estuviese no querría irse. ─espeta.
─Te dijo que tenia hijos, ¿lo olvidas?. ¿Que clase de buena madre querría estar lejos de sus hijos?
─Yo no quiero que se vaya. ─se deja caer sobre el sillon, con la mirada al techo. ─¿cómo le pido que se quede?, ¿como hago para que no rompa el corazón al irse? ─suspira.
─Eres un hombre adulto, con un corazón de niño... ─suspiró sentándose junto a él.
─Mi madre siempre decía eso... ─suspira con nostalgia.
─Ella se irá. Eso es definitivo, pero puedes hacer que los días, horas, minutos, y segundos que pase contigo sean algo para recordar, y tal vez quedarse...
─¿Crees que la asusté con lo que hice al llegar? ─pregunta golpeándole las costillas con su codo.
─Seguramente sí, pero no es nada que no se arregle con una buen cena, los dos solos, una charla amistosa y unas disculpas sinceras...
─Definitivamente, eres el mejor amigo que puedo tener. ─se levanta. ─aunque odio que siempre limites mi bebida. ─se tambalea.
─Debes tomar una ducha, café, y un poco de sueño. Yo me encargaré de la cena, y de tu padre. ─se levanta para ayudarlo a no caer por las escaleras.
─¿me vas a cargar? ─bromea.
─Me voy a asegurar de que mi amigo llegue con vida a la cena con su esposa, y de que mi jefe se mantenga con vida a cada fin de mes.
─Charles...
─¿Si señor?
─Gracias...
─Siempre es un placer... ─musita bajando junto con él.