No sé que es lo que hago

1491 Words
─El matrimonio es el sueño de muchas mujeres... ─dice Ángel dejando escapar un suspiro, por lo que él se detiene aun sin voltear. ─pero yo ya pasé por eso. Tengo tres hijos, viví cinco años en una relación que lo único que hizo fue dejarme en depresión y con más inseguridades que ganas de vivir. No es algo que me haga ilusión. ─Edward voltea poniendo toda su atención en ella. ─Yo fui bastante claro en cuanto a... ─Lo sé, usted fue claro en las especificaciones, pero un matrimonio no es algo que se pueda ocultar fácilmente. No sé como explicar... ─niega con la cabeza, duda si hablar o no. ─pero en el país que yo vivo, si quieres casarte, debes sacar un documento en el que certifica que tienes hijos, y por ende se lo notifican también al padre... ─Su... ex esposo.─carraspea. ─entiendo. Supongo que aun tiene sentimientos por él... ─Las cosas no terminaron bien, y que él sea notificado de que voy a casarme, tal vez me traiga un par de problemas... ─¿más difícil que explicarle a sus hijos, el porqué terminó en prisión? ─añade con sarcasmo. ─No. ─niega bajando la cabeza. Entiende que sin importar sus razones, el hombre frente a ella, no las va a entender, y aún así si las entendiera, nada garantiza que hará algo por ella. ─Y eso pudo decirlo cuando se lo propuse, ¿por qué esperar que sea el último momento para decirlo? ─pregunta indignado, a su vez de intrigado por su respuesta. Un matrimonio es algo absurdo, por supuesto que lo es, pero tampoco quiero ir a prisión, ¿qué hago? ─No sé nada de usted. ─dice rompiendo el silencio incómodo. ─¿que pasa si al momento de firmar el acta de matrimonio me preguntan algo sobre usted? ─El trámite sería en mi propiedad, en una recepción privada, el juez de paz solamente hará las preguntas adecuadas para que el matrimonio se lleve a cabo, es todo. ─se acerca a ella. ─y, cuando nos casemos nosotros... ─¿qué es lo que quiere saber?, ¿detalles de nuestra boda?, ¿del matrimonio?, ¿legales? ─enarca una ceja soltando un gruñido algo incómodo. ─primero quiero saber, ¿quién me disparó? ─lo miró directamente a sus ojos. ─Tiene dos preguntas, es todo. ─Que sean diez. ─dice llena de preguntas sin responder. ─¡no estoy negociando! ─suelta indignado. ─bien. ─evade su mirada. ─que sean ocho entonces, ni una menos. ─dice intentando a como de lugar, saber algo más. ─Que sean tres. ─dice notando que ella parece no importarle su negativa. ─Ocho, y podrá hacerme la misma cantidad de preguntas usted. ─dice ya tomando a juego el asunto, más que curiosidad. ─Que sean cinco, y es mi última palabra. ─dice con tanta seriedad como frialdad. ─Hecho. ─deja escapar un suspiró, acomodándose en su lugar. ─lo habría hecho por las tres... ─Yo pensaba responder todas sus preguntas en cuanto empezó a hacerlas. ─ladea su cabeza con cierta gracia. ─¿quién me disparó? ─pregunta tocando su hombro con dolor. ─Evite moverse, o será aún más doloroso. ─la regaña acercándose a la ventana de la habitación. ─fue una mujer con severos problemas mentales, quien ya fue detenida y ahora está en un centro de detención, donde será juzgada por lo que ha hecho. ─dice sin voltear. ─¿quién es el hombre que está fuera? ─señala la puerta, sin dejar de ver por la ventana. ─Es... ─pone los ojos en blanco y niega con la cabeza, por alguna razón le cuesta decirlo, ya que realmente quisiera dar otra respuesta. ─es un amigo. ─Para ser solamente un amigo, ha llegado muy lejos, considerando que usted no vive aquí y que si son amigos deben vivir por lo menos en el mismo país, y está del otro lado del mundo. ─se gira a ella. ─Decir que es mi amigo, es exagerar. ─niega con la cabeza avergonzada. ─él es el hermano de la jefa de mi mejor amiga, y ella no podía venir, pero lo enviaron a él, y como ya lo conocía... ─Pero esto es un hospital. ─se acerca un par de pasos. ─aquí las personas están expuestas de manera vulnerable, sin ropa, llorando o deprimida, ¿eso es algo que quisiera usted que un "no, amigo" lo vea? ─Se supone que querían que tuviera alguien conocido cerca. ─niega con la cabeza, avergonzada. ─¿y su familia? ─carraspea. ─tiene familia. ¿verdad? ─pregunta con entereza. ─Bueno... ─enarcó su ceja con sutileza. ─tomando en cuenta que ya gastó las tres preguntas, lo diré de esta manera. Sí, la tengo. Y... Mi familia son mis hijos, por moral y añadidura mi madre, hermanas y sobrinos, pero en realidad a veces solo cuento con mis hijos. ─siente un nudo en su garganta por la nostalgia, algo que nota enseguida Edward. ─Supongo que... ahora usted hará sus preguntas. ─asiente evitando que se de cuenta de sus nervios. ─¿por qué usa todo eso? ─pregunta señalado su cuerpo entero. ─No contestaré a eso. ─niega con la cabeza retomando su postura rígida. ─Eran tres preguntas. ─añade algo nerviosa por la postura que él toma. Toma tanto aire como la máscara que lleva puesta se lo permite, traga saliva e intenta calmarse a sí mismo, por el momento, ella es la única persona en la tierra que haría ese trato con él sin pedir nada a cambio, ni causar un escándalo. ─Dije que contestaría tres preguntas, pero jamás dije que serían seguidas, ni las primeras tres. No había condición alguna. ─aclara más relajado. ─Bien... ─suspira dejando sus nervios de lado. ─en el matrimonio... ─dormiremos en habitaciones separadas, eso es claro. ─¿qué?. ─da un brinco que le hace soltar un gemido de dolor por su herida. ─usted dijo que no... ─Después de la boda, deberemos convivir una semana o dos bajo el mismo techo para no levantar sospechas, después de eso, usted regresará a su casa, con los suyos, y diremos que fue conflicto de intereses. ─se acerca. ─Hay varios detalles que ultimar, pero lo arreglaré con mi asistente. ─Si la boda va a ser creíble, se supone que debería hablar conmigo, ¿no cree? ─tiene una última pregunta, señorita Torres. ─dice tratando de sonar confiable y desviar el tema. ─¿cómo sería la declinación de la demanda? ─pregunta volviendo al tema de la demanda, algo que parece no le agrada del todo a Edward, ya que vuelve a su postura rígida. ─Con el matrimonio se desvalida cualquier demanda por difamación, al ser mi esposa, simplemente pierde validez, ya que habrá un juicio, y puede ser una modificación de alguna realidad que yo le haya confiado a mi esposa. ─aclara. Es extraño, no lo pensaría, "esposa" se escucha tan raro eso, sé que es falso y que no tienen ninguna validez, más que únicamente librarme de una demanda, pero escucharlo de alguien de alguna manera "anónimo", es extraño. ─¿Algo más? ─pregunta esperando seguir conversando con ella, hace mucho tiempo que no había hablado tanto con alguien en años, ni siquiera con su asistente, que más se acerca a un amigo. ─supongo que es todo... ─dice algo incómoda, con la duda de que aún esté Fernando fuera. ─En ese caso... ─asiente. ─mi asistente pasará por usted cuando reciba el alta. ─dice encaminado a la puerta. ─¿sus disparos fueron reales? ─pregunta al ver lo cómodo que camina, mientras ella apenas y se puede mover sin soltar un gemido de dolor. Baja la mirada y duda un par de segundos si voltear o no, pero entiende la confusión de ella, así que lo hace, y voltea nuevamente. ─Vengo de una familia adinerada... ─Nació en cuna de oro.. ─suelta con sarcasmo. ─Sí. ─dice tratando de no sonar arrogante. ──Claro... ─balbuceó poniendo los ojos en blanco muy molesta con su cinismo. ─No elegí nacer en la familia que nací, pero tampoco reniego de ella. ─dice manteniendo un silencio algo incómodo. ─Volviendo al tema. Nacer en "cuna de oro" hizo que tuviera un riesgo de muerte muy alto, posible secuestro, muerte o algo peor, tortura. Así que, he usado protección corporal para aparecer en eventos públicos desde que puedo recordar. ─Entonces, ¿estaba protegido?, pero yo vi cuando le dispararon y cayó al suelo, ¡yo lo vi! ─suelta con asombro. ─De hecho... ─da un paso hacia ella con mayor comodidad. ─Sabrina quiere hablar con usted. ─dice Fernando entrando de manera abrupta a la habitación con el teléfono en mano. ─Señor... ─se justifica apenado el asistente, pero Edward asiente. ─¿mi hijo está bien? ─pregunta olvidando por completo su entorno, su único campo visual es el teléfono en la mano de Fernando. Edward se queda de pie un par de segundos, pero pronto se siente incómodo, da la media vuelta y sale de la habitación. ─Asegúrate de que esté cómoda y que nadie consiga entrevista con ella, ni ningún tipo de información del acuerdo. ─abandona el hospital de manera discreta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD