Advertencia de contenido
Este libro contiene escenas de carácter explícito y lenguaje adulto. Está dirigido exclusivamente a lectores mayores de edad. Las situaciones, diálogos y descripciones pueden resultar sensibles para algunas personas.
Todos los personajes, acontecimientos y contextos descritos en esta obra son ficticios. Cualquier semejanza con personas reales, vivas o fallecidas, o con hechos reales, es pura coincidencia y no tiene intención de representar la realidad.
Te quiero como para sanarte, y sanarme, y sanemos juntos, para remplazar la heridas por sonrisas y las lágrimas por miradas, en donde podremos decir más que en las palabras.
Te quiero sin mirar atrás, Mario Benedetti.
A los cuarenta años decidir volver a amar es una decisión… complicada.
Sabés que ya no tenés el cuerpo de los treinta. Sabés que el tiempo es más limitado y que las ganas también. Sabés que si abrís la puerta de nuevo podés terminar lastimada otra vez, y que la caída duele más porque ya sabés exactamente cómo se siente.
Tenés responsabilidades que no podés ignorar: hijos, un trabajo, una casa que mantener, cuentas que pagar. No podés permitirte perder meses o años en alguien que después no vale la pena. Ya no querés juegos, ni promesas vacías, ni tener que explicar todo el tiempo quién sos y qué necesitás.
El miedo está ahí todo el tiempo: miedo a que te rechacen por cómo cambió tu cuerpo, miedo a que te vean como “mucha carga”, miedo a ilusionarte y quedar peor que antes. Sabés que las relaciones dan trabajo, que hay que negociar, que hay que bancarse diferencias y frustraciones. Ya no creés que el amor solo “pasa y fluye”. Sabés que hay que elegirlo todos los días, incluso cuando no todo te harta.
Y sin embargo decidís intentarlo.
No porque creas que esta vez va a ser diferente o más fácil. Sino porque la alternativa es seguir viviendo con esa sensación de que algo importante ya quedó atrás para siempre. Porque a pesar de todo el cansancio, todavía tenés ganas de sentirte deseada, de compartir la cama con alguien, de tener a una persona que te pregunte cómo estás.
Es una decisión incómoda. Es riesgosa. Es adulta.
Y es honesta: sabés todo lo que puede salir mal, y aun así elegís probar.
Claudia eligió volver a querer. Jugársela a pesar de las dudas. Sentir, amar, llorar y frustrarse. Decidió salir de su zona cómoda y poner el corazón al aire.
Está historia (y las que vendrán) es para esas mujeres valientes que se siguen atreviendo cuándo todo a su alrededor les grita que NO. Que a pesar del miedo apuestan, pierden, se caen y se vuelven a levantar.
Por qué un número no marca el final de nada. Muchas veces, es el comienzo…
Y también para vos, piba, que estás empezando y te cuesta. Con el corazón roto por culpa de ese hijo de puta que no te sabe valorar. No te rompas la cabeza, no dejés que te convenza que el mundo se acaba si él no está. A la soledad no le tengas miedo. No te quedés dónde nos sos prioridad.
Con toda humildad, les dejo mis palabras. Mías, con mi acento raro, por qué es la forma más honesta que tengo para contar lo que quiero contar.
Gracias, TOTALES!!!