Trago saliva. Aunque esta información no debería ser una sorpresa, me golpea de forma diferente a lo que esperaba cuando me entero de ella. —¿Cómo lo sabes? —murmuro, el miedo me domina. —Escuché a Matt mencionarlo a uno de sus secuaces. Stephanie es una verdadera fisgona y le encantan los chismes. Da un paso atrás y da otra calada a su cigarrillo. —Ahora, chica, dime por qué te interesa saber de él. —No... no lo estoy. —Uh-huh. Miente a otra persona. Puedo ver ese brillo en tus ojos cada vez que se le menciona. Mierda. ¿Soy tan obvia? —Realmente no es nada. Es que... me da miedo. —Eso es porque lo es así. —Me frota el brazo—. Hay una multitud con la que nunca deberíamos mezclarnos. Él pertenece a esa multitud. Demasiado tarde, Steph. Le ofrezco una sonrisa tranquilizado

