Si su abuelo pensaba que ella se daría por vencida, y que regresaría a casa con la cabeza inclinada hacia el suelo. Pues, se llevaría una gran sorpresa. Recogió sus cosas en silencio, y respiró profundo. Al terminar de meter algunas cosas más en su maleta, fue hasta su mesita de noche, y tomó una foto del último cumpleaños con sus padres, y su abuela. —Niña, iré a hablar con tu abuelo —le informó Lulú. —No, no te preocupes. Yo le demostraré que estaré bien —le dijo Gia y pasó la mano sobre el hombro de la mano de la mujer que la vio crecer, y que la abrazó muchas noches cuando tenía miedo al dormir. —Cuídate mucho, tienes mi número telefónico. No dudes en llamarme si me necesitas —manifestó Lulú, antes de ponerse de puntillas y darle un beso en la frente. Gia tomó su maleta, y mir

