–¿Y eso que está en las cuentas que es, solo la cuarta parte de lo que logró conservar la tía durante estos 5 años?
Había tres hombres sentados frente a mí en la oficina del abogado, los tres inversionistas nacionales que optaban por adquirir los frutos de la hacienda que dirigió, durante estos 10 años. Todo estaba a su nombre, yo iba cada dos o tres meses y la ayudaba con la organización y luego regresaba a la capital para encargarme de mi trabajo, uno que ya tenía y que gracias a mi injustificado despido me convencí de que lo mejor era ayudar a la tía tiempo completo y velar por el futuro de la hacienda que le dejó el tío, total, algún día yo la heredaría.
–Totalmente y esos tres tipos de ahí triplicaran esta cuarta parte pagando por la producción de carne, leche y maíz por los próximos cinco años.
Quien me hablaba era mi abogado y compañero de estudios, Armando Jiménez, quien se había ubicado en esta endemoniada ciudad calurosa desde que obtuviera el certificado de abogado, quedando atrás todas nuestras aventuras como estudiantes universitarios.
–No lo sé, Armando. –Le dije bajito mirando la carpeta con los números. –Sé que la tía acaba de darme carta blanca, pero decirles que sí ahora mismo, sin consultarlo con ella antes...
–Vamos Basco, tu tía no te puso al frente para que la llamaras cada vez que se te enfría el biberón, debes ya asumir que estás al frente.
Miré a los tres hombres al extremo de la larga mesa en el despacho con full aire acondicionado.
–Tienes razón, hagámoslo.
Al final de la reunión, estreché la mano de los hombres cerrando el millonario trato por un plazo de tres años y no cinco como ellos querían en un principio.
–¿Qué crees hermano? –Armando me golpeó el hombro. –Eres rico, bueno, un poco más rico, si se puede.
–Lo que me interesa es quedarle bien a la tía. Creo que la llamaré para...
–No, no, no, no. –Armando me empujó a la mesa. Era siempre simpático, el alma de las fiestas, bien parecido y dedicado a ganar, siempre ganar. –¿Crees que te hice bajar de tu pedestal para tratar con estos tres tipos? No, que va, siéntate que te busco café, ah, y puedes fumar si quieres.
Salió haciendo movimientos divertidos que le quedaban muy bien gracias a su mucha gracia.
Le tomé la palabra. Saqué un cigarrillo y lo golpee contra la cajetilla antes de encenderlo.
Todavía no me acostumbraba a estas últimas dos semanas como encargado de la hacienda. No me sentía digno aunque si agradecido de la ayuda incondicional que siempre me brindaron los tíos después de la muerte de mamá y el despilfarro de papá.
Armando entró con una coreografía en sus ojos.
–¿Qué te pasa? –Reí de como venía con mi taza de café.
–Me avisó mi secretaria que el viejo Lucero viene para acá, quiere hacer negocios contigo, bueno más bien quiere que su hijo haga algo con su vida y se interese en hacer negocios contigo.
–Bueno será cuestión de escucharlo. –Probé el café y luego encendí el cigarro. –Sabemos que le gusta hacer las cosas a su manera ya tiene sus empresas y el hijo se siente cómodo viviendo de ellas. ¿Para qué necesita hacer negocios con los Ortuño?
–Ya te dije, quiere darle oficio a su hijo que acaba de llegar al país después de despreocuparse en el extranjero de una carrera muy pesada.
–Sí, bueno, no puedo ofrecerle mucho después de firmar lo que firmé con los inversores, la hacienda también tiene sus compromisos previos.
–Tu escúchalo y ves si te conviene.
– ¿Y tú qué? ¿Cuándo te enserias?
–¿Para qué quieres que me enserie? Todavía estoy joven, así como tu, bueno a ti casi te atrapan.
La puerta de la oficina se abrió y su secretaria asomó la cabeza.
–El señor Lucero acaba de llegar.
–Un minuto y lo haces pasar. –Se acercó a mí–Tu escúchalo y sacamos cuentas.
El señor entró con su habitual aspecto de hombre de negocios, lo había visto un par de veces pero la tía si hablaba de él, así como hacia comentarios de otros empresarios.
–La verdad es que se lo estable que se encuentra la hacienda en estos momentos, Su tía ha hecho muy buen trabajo después de quedar sola, lo que no ocurrió con la hacienda de los Cedeño, de manera que no creo que me solicitud lo comprometa demasiado.
Tal y como dijo Armando, este hombre, no muy alto, de canas, sabía muy bien lo que quería y era darle un oficio a su hijo, algo donde no comprometiera a su empresa pero que se ocupara y aportara.
–Yo le agradezco la confianza señor Lucero, pero hasta no tener claro que es lo que quieren no podemos hacer un trato, sé del producto pero como le dije acabo de firmar un acuerdo de tres años y no sé si podría honrar sus pedidos.
–Yo lo entiendo, le quisiera pedir acepte una invitación para esta anoche, mi hijo llega en la tarde y le hemos organizado una bienvenida. Vaya a la casa, pásela bien y hable con él.
–No, no creo que sea una buena idea irrumpir así en su fiesta, no sé.
–Vamos Basco, nada te cuesta irte a reunir con Germán allá y de paso vas a una fiesta. –Armando movió los ojos de derecha a izquierda.
Reí de sus caras. Una fiesta, podía contar los años que no iba a una.
El boom boom de las cornetas me perturbaba. Por un momento me sentí viejo, toda esta gente estaba en otra honda que no era la mía.
Dejé el auto lejos de la entrada, de esa manera cuando quisiera irme saldría sin problema.
–Basco, tiempo sin verte.
Ese era el frecuente saludo que me daban, yo correspondía con un gesto de cabeza, ya quería irme y acababa de llegar. Odiaba el calor excesivo, este ambiente de comida y bebida sin parar me agobiaba.
Reconocí a Germán bajando las escaleras, venía solo y me pareció que ahora era el momento, esto no fue una buena idea.
–¡Bienvenido al país! –Le dije esperando me reconociera, harían cuatro años que no lo veía.
–¿Basco? –Me extendió la mano. –Mi padre me dijo que vendrías para hablar de negocios, lo cual no me pareció para nada buena idea.
–Le dije lo mismo–Casi grité por el volumen en la música disco. –Pero él parecía algo desesperado.
–Agradezco tu sacrificio. –Terminó de bajar. Era bajo, aspecto europeo. –Y si, bueno, tomate algo y pásala bien mientras yo saludo a algunos amigos.
–Bueno, no creo que me quede mucho tiempo. –Fui sincero así como él lo había sido conmigo, directo al grao que poco le importaba mi presencia ahí.
–Solo será un momento. –Miró hacia atrás de mí y algo llamó su atención. –¿Ves a esa muchacha? –Me voltee y claro que la vi, parecía una extraña, como yo en mitad de todo.
–¿Qué pasa con ella?
–Es la razón por la que te haré esperar un rato.
Y me dejó ahí parado para ir con ella. Con esa snob de cola alta y mirada de yo no fui. Ella lo recibió como comprometida con el momento y después se fueron a bailar.
Le seguía el paso y el paso hacia que se le subiera el vestido. No sé si otros la veían, miré alrededor y cada uno estaba en sus charlas, pero yo veía esos muslos desnudarse tras sus pasos y la cintura ser atraída por la mano de él y ...mejor no la miraba más.
Armando ¿en qué me metiste? Y lo peor fue que él se libró de venir excusándose con un compromiso previamente adquirido.
Salí para fumar y bebe una cerveza tranquilamente. Después entré y rodee el lugar hasta que vi al señor Lucero cerca de la piscina. Lo saludé con un gesto y decidí que me iría pero antes una visita al baño.
La casa era grande la sala era amplia, la gente la estaba pasando bien. Vi el pasillo del baño y los sonidos del merengue me animaron a darme prisa.
No podía culpar a Germán por abandonarme, la mujer era hermosa, el cuerpo escondido bajo el ajustado vestido rosado era de suspenso. Los brazos no disimulaban una piel hermosa, así como las piernas, sin estar forradas por medias estorbosas, eran fuertes y largas.
–¿Vas a entrar? –Le pregunté porque se interponía en mi camino al baño.
–¿Qué? –Se volteó a verme y yo no pude evitar que quedaráramos entre la niebla del humo de mi cigarrillo.
–Si vas a entrar al baño. –Tenía ojos hermosos, pestañas largas, nada modesta su actitud, labios carnosos.
–Ah, no, no voy al baño. –Se hizo a un lado y pasé evitando corresponder a su sonrisa innecesaria.
Al salir, volví a verla rodeada de más personas. Ahí estaba Federico y su hermana Eliana, la mirada del hermano la desnudaba. Decidí irme, buscar a Germán y decirle que me buscara después si estaba interesado en algún negocio, porque yo no estaba interesado en él.
Rodeé la pista y nada. Me iría sin decir nada, el señor Lucero perdió su tiempo y yo también el mío.
Ahí estaba Amanda, a ella siempre la veía en la ciudad.
–Amanda. –No estaba sola, se reía con la muchacha que se robaba las miradas de la mayoría de los hombres. –Dile a tu primo que me fui, no lo encuentro.
Parece que las asusté cuando les hablé, de modo que solo dije eso y caminé a la salida, no sin antes hacer un breve contacto visual con sus sorprendidos ojos.
Tocaron el timbre de mi apartamento y salté de la cama. Miré el reloj en la mesita al lado: 8:30. Me quedé dormido.
Me levanté y fui a ver por el agujero de la puerta.
–Soy yo, abre. –Abrí, era Armando– ¿te desperté? Qué raro tu durmiendo hasta tarde.
–Gracias a esa fiestecita a la que me mandaste. –Cerré la puerta y él entró. –De antemano te digo que fue un fracaso. –Lo dejé ahí para ir al baño.
–¿Qué pasó? ¿No lo viste?
–Lo vi pero él no tiene interés de hacer negocios, parece que sigue de fiesta, estaba más interesado en cautivar a cierta mujer estirada.
–No me digas. –Armando se mostró interesado. –Me comentaron que la hermosa Esther Cedeño regresó al mundo después de 1 años ¿estaba con ella?
–Si te refieres a una snob bajita ella, pero muy acomodadita, sí.
–¡Esa misma! –Armando aplaudió. –Yo la tenía en la mira antes de que muriera su padre y la perdí de vista gracias a que se encerró en su casa.
–¿Cómo estás seguro de que es ella la que yo vi? –Fui a la cocina por café para los dos.
–¿No es una muchacha divina de boca deliciosa?
–Bueno no se lo de la boca pero si es muy atractiva.
–¡Es ella! Y esos zamuros están seguramente ya detrás de su atención.
–Te arrepientes de no haber ido anoche.
–Sí Carmencita no me hubiera obligado a ir a verla habría ido contigo y entonces...
–Te advierto que tienes grandes contrincantes.
–Nada que no pueda superar. –Hizo una danza tonta y después se dejó caer en el sofá. –Ya todos deben saber que necesita apoyo económico y querrían aparecer como héroes.
–Entonces ¿crees que ella está buscando quien la salve.
Observé la mirada pícara de mi amigo.
–No podría asegurarlo, pero si puedo hacer averiguaciones para saber si logro llamar su atención.
–¿Y Carmencita?
–Carmencita tiene fecha de caducidad Basco, ahora vístete para hacer negocios.