Comienza la carrera

2545 Words
Cuando escuchamos que se cerró la puerta de la calle, la tía y yo dejamos de hablar.      –Este vapor no es normal. –Se quejó mamá, suspirando. La tía y yo la vimos con algo de preocupación. Dejó el bolso en un mueble y seguido se quitó la pañoleta estampada en marrones con la que se cubría el cabello. –¿Qué les pasa? Se callaron cuando entré ¿qué pasó?      –N-nada. –Respondió la tía mirándome.      –¿Los niños? –No llegan todavía. –Respondí yo. –Voy a ayudar en algo en la cocina para adelantar mientras llegan. –Nos miró despectivamente. –Todavía hay que comer en esta casa. –Nos dijo en la sala y pasó rumbo a la cocina. –Te ayudo. –La tía se fue tras ella con pasitos cortos. –Tenemos que estar desocupados para ayudar a arreglar aEsther para esta noche. Mamá se detuvo y nos miró. –Para la noche ¿por qué? –Es que…–La tía estaba nerviosa, en el fondo le temía a las reacciones de mamá. –Amanda me invitó a una fiesta esta noche. –mamá abrió muchos los ojos. –La verdad todavía no estoy segura de ir, pero… –¿Por qué no? –Vino hacia mi emocionada. –Eso podría ayudarte a…tu sabes. –Madre, lo que pretendes es absurdo. Que yo asista a esa fiesta no significa que habrá una lista de hombres esperando pagar nuestras deudas. De hecho, estoy segura que eso, justamente eso, los espantará. –Si no que los atraiga como la miel a los o. –Dijo mamá. –Bueno... –La tía se situó entre nosotras frotándose las manos. –de hecho Amanda dice que su primo Germán, el hijo menor de los Lucero siempre ha querido conocerla mejor. –¡Te lo dije! –Se alegró tanto mamá que casi me contagia. –Eso es una noticia buena Esther, dime que también la ves. –No, no mamá, yo no pienso como tu y la verdad todavía no me decido. En la tienda dije que si e inclusive durante el regreso hablé con la tía sobre la ropa que usaría, pero ahora todo eso me parecía una locura. –Esther, por favor, esto no ha sido una casualidad, es parte de lo que te digo, por lo menos inténtalo. Esta vez la tía parecía estar de su lado y apretó los labios así como también subió las cejas. –Está bien. –Dije y ambas soltaron el aire que contenían. –Pero no sé si tengo algo que llevar. –Po eso no te preocupes, nada más dime de que va la fiesta y serás la que mejor luzca. No voy a negar que nada como el estímulo de una fiesta para ahuyentar las penas, nada como dedicarte tiempo para que te valores, para despertar la interioridad. El ambiente de la casa cambio a partir de ese momento. Mamá y la tía se convirtieron en aliadas para arreglarme. La moda ahora eran colores eléctricos, hombreras rectas en los hombros, cabellos sueltos y muy alborotados, medias de nylon gruesas y tacones altos. Sin embargo, la carrera que comenzaba ahora mismo era en contra de todo lo que se usaba, mamá quería que me presentara única, fuera de serie y con la ayuda de la tía jaló mi cabello hacia atrás de modo que mis ojos parecían asiáticos. Escarcharon las puntas y un poco la frente, después me maquillaron con tonos neutros, profundizaron los ojos con delineador y los labios solos los hicieron brillar con un glup espeso y escarchado. Todo el cuarto olía a jabones, laca, polvos de maquillaje, perfumes. Y cuando ya pensaba que luciría cualquier vestido de mi amplio armario pues no, mamá salió y regresó con Rosi trayendo un corto y brillante vestidito rosa pálido. –¿Puedo entrar, Esther? Déjame entrar, por favor. –Claro Dani, entra. –No, no, no más personas en este cuarto. –La tía la empujó afuera y aunque Daniela forzó la puerta, no pudo entrar. –No uses medias, tienes buenas piernas. –No lo sé mamá, este vestido es muy corto, ¿de dónde lo sacaste? Me miraba en el espejo haciendo movimientos hacia cada lado para poder bien mi figura. Sí, me quedaba muy bien. Se ajustaba a mis caderas, redondeada mis nalgas y luego llegaba a media pierna. Claro que tenía que llevar tacones y cuando me subí a ellos entendí a mamá. Yo era pequeña, inclusive Daniela en un año, con solo 10 años seguramente me superaría, Lo que me faltaba en tamaño lo ganaba en curvas, en senos medianos redondos y el mejor caminar que pude imitar durante mi desarrollo. Solo esperaba que algún representante o niño de la escuela no estuviera ahí para verme sin recatos. –No vayas a beber. –Déjala que tome, Emma, ya es grande. –Podían vaciar algo en su trago, Ángela. –¿Y qué hará durante toda la noche? –Yo te daré un jugo de lechosa para que tengas algo en el estómago, niña. –Ya se pintó la boca, Rose. –Objetó mamá. –Se lo daré con pitillo. –Creo que sui lo necesito, Rosi, siento mucho movimiento adentro, retorcijones. –Debes calmarte, en esta fiesta seguramente no estarán solo los Lucero. –Mamá me hizo girar para verme y sonrió mirándome, me gustaba verla feliz aunque todo esto pareciera descabellado. –Rosi llama al taxi, ya es hora de que Esther se vaya. –Espera, espera mamá. –Ya estaba transformada en esta mujer fatal. Pero ¿cómo debía actuar esta mujer fatal sin haber planeado nada? –¡Estas despampanante, Esther! Tú solo ve y diviértete, que pase lo que tenga que pasar. Las palabras de la tía sonaban como una predestinación, que pasara lo que tuviera que pasar abría un abanico de posibilidades para mi vida romántica, la cual no me negué nunca a tener, al contrario, soñaba con ella. Una vida tranquila, romántica, ardiente por las noches con alguien que no pudiese dejar de mirar. Acomodada de pié a cabeza me subí al taxi. Yo estaba acostumbrada a ir a este tipo de fiesta, es solo que ya llevaba mucho tiempo fuera de forma. Esta cerrara que emprendía, además me confundía. Quería encontrar al alguien, pero las condiciones me parecían deshonestas y arriesgadas, la casualidad sería que sí existiera ese alguien. –¡Regresa con un novio! –Me gritó Sebastián cuando salía de la casa y lo único que respondí por una torcedura de ojos. –¡Uno guapo! –Dijo después Daniela y rieron los dos. Por supuesto, ellos desconocían la importancia de que yo si lograra conseguir un buen marido, para comenzar un buen novio que noviera esta pequeña situación mía, como un problema para cotejarme. Para llegar a Parmarito rodamos poco más de veinte minutos, en completo silencio el chofer y yo nos trasladamos en aquella noche para nada fresca. La urbanización sola se presentaba para albergar a los mejores familias, entre ellas las Lucero que ya habían prendido el ritmo y lo escuchaba desde la entrada, En cuanto el taxi comenzó la subida a la entrada, las luces que se movían en el interior iluminaron a los invitados de la entrada y me puse un poco nerviosa. –¿la dejo aquí? –Preguntó el taxista. –Sí, por favor, para que pueda salir de aquí sin problemas. –La cantidad de caros podría obstaculizar su salida. –Venga por mí a las doce, por favor. –Aquí estaré. Bajé sin problemas. La casa de dos niveles estaba movida  música e irónicamente sonaba fuerte la el estilo disco, en inglés el amor está en el aire. Caminé entre loe invitados desde la pueta hasta el interior, todos cambiando de coloes por las luces. A algunos los saludé con un gesto y a otros me detuve a besarles la mejilla. El ambiente me gustaba, era una casa muy grande, los Lucero compartían sociedad con diferentes empresas, de modo que en esta casa si podía estar el candidato perfecto para lo que yo necesitaba. –¡Esther, si viniste! –Amanda me encontró y se emocionó mucho de verme. –Hola, si, que buena fiesta. –Ven, te presentaré a unos amigos, tomemos algo. Me tomó de la mano y nos internamos en el centro de la fiesta, por un lado bailaban, por otro bebían, por otro charlaban. Grupos de adultos cerca de la piscina que veía a lo lejos, seguro hacían negocios y el resto pues solo la pasaba bien con amigos. Amanda me presentó a un grupo donde ya conocía a algunos y me quedé charlando con ellos sobre el tiempo que tenía sin ir a una fiesta como esta. Mientras lo hacía miraba alrededor. Olvidé cuales eran las verdaderas razones que me habían hecho asistir, porque me gustaba mucho el ambiente. –Buenas noches, Esther. –Me voltee para ver a quien me hablaba. –Soy el agasajado pero llegué un poco tarde. Me encontré con una bonita sonrisa de dientes parejos y blancos. –Germán, que buen recibimiento te han dado. –Lo mejor ha sido encontrarte aquí a ti, tenía tiempo sin verte. –Vaya, gracias. Amanda fue muy amable en invitarme. –Lo miraba un poco tímida, Era un poco más alto que yo, ojos marrón claro y cabello ondulado un poco largo. –Seguramente recordó lo que le he preguntado por ti antes. –Fue directo. –¿Bailamos? Sonaba un merengue y la pista, que era la gran sala, estaba llena. –Sí. –dejé mi bolso sobre una mesita y tomé su mano para ir a bailar. Yo estaba un poco oxidada, sin embargo, le conseguí el paso casi de inmediato. Tenían un disc jockey colocando la música de merengue variada y todos se divertían girando y riendo. –Estas más bonitas de lo que recordaba. –me dijo casi gritando en mi oído. –Entonces no tienes buena memoria. –Le respondí pegada a él, no demasiado. –Siempre me preguntaba con qué tema de conversación acercarme a ti. –Me disculpo si te parecí presumida, no fue mi intención. –Me tomó de la mano para que girara, sé que lo hacía para mirar mi cuerpo. –Quizás ahora podamos conocernos mejor. –Dijo y le sonreí, era guapo, ni flaco ni gordo, vestía y olía muy bien. –Sí, podríamos conocernos mejor. –Le sonreí y seguí bailando, estaba bien sentirse atractiva. Durante un rato más seguimos bailando, el baile es una buena manera de conocerse, es una forma de saber si el ritmo de uno es seguido por el otro, sui hay conexión, si las manos calzan en las del otro y si la amistad forma parte del sentimiento amoroso. –¿Quieres tomar algo? –Me preguntó en la tercera pieza. –Sí, muero de sed. –Ven. –Era muy amable, caballeroso. Me llevaba como dos años y seguramente había tenido muchas novias para practicar sus estrategias. Yo en cambio, después de mi último novio en el primer año de universidad, no tuve a nadie más. –Espérame aquí. –Me dijo y caminó a buscar una bebida, se encontró en el trayecto con amigos y se detuvo para hablarles. –¿Vas a entrar? –Me preguntó una voz a mi izquierda. –¿Qué? –Lo miré, fumaba y me miraba a través del humo. –Si vas a entrar al baño. –Me fijé que estaba en la entrada del pasillo al baño. –Ah, no, no voy al baño. –Me hice a un lado y él pasó entonces. Le sonreí pero él no me correspondió, era alto, cabello n***o espeso y una expresión algo disgustada. Siguió y yo me moví del sitio para no estorbar. –Esther ¿recuerdas a Federico y a Eliana? Amanda apareció con una gran sonrisa. –Sí, claro. –Lamentamos mucho lo de tu papá, Esther. –Me dijo Eliana besándome la mejilla. –Como Germán, estamos legando al país. –Gracias, ya hace un año de su muerte. –La música estaba muy alta, gritábamos para escucharnos. –¿Cómo está tu madre? –El guapo hermano también se inclinó para darme un beso en la mejilla, incluso me tomó por la cintura. –Tratando de salir adelante sin papá. –Le respondí y lo miré a los ojos. Como su hermana, tenía ojos azules y su cabello era rubio. Lo conocía de muchos lugares y al mismo tiempo de ninguno. –me imagino lo difícil que ha sido para ustedes salir adelante con la hacieda y las cuentas. –Así es. –Le respondí sincera. –Apenas si sabíamos algunas cosas del negocio. –Me comentó mi padre que tuvieron que salir del negocio que tenían aquí y del auto. –Parecía que estaban bien informados. –Sí, creo que todavía nos estaos acostumbrados a llevar los negocios que mi padre llevaba él solo. –Es normal. –Dijo Eliana tocando mi brazo. –Soy contador, estoy a sus órdenes para lo que necesiten. –me miraba intensamente. –Si quieres nos reunimos cualquier día de estos y me consultas sobre cualquier duda. Amanda me miró con picardía. –Sí, claro, gracias. –Esther, tu trago. –Germán llegó y se abrió paso entre los otros. –Ah, ya se conocían. –Sí, claro. –Respondió Eliana. –Estábamos poniéndonos al día. Aunque un poco incómodos, seguimos conversando de varios temas. Me debatía entre la mirada insistente de Federico y la confianza que ya había entablado con Germán, pero con la ayuda de Amada y Eliana me acomodé. –Ven conmigo Esther, saluda a unos amigos. Me dejé llevar por Amanda, cada vez hacía más calor y se agitaban los ánimos entre los dos hombres. Me llevó cerca de una ventana y nos refrescamos con la brisa que entraba. –Te quise salvar de esa situación. –Rió muy comprensiva. –¿Viste cómo te comía con los ojos Federico? Germán se dio cuenta, me pareció muy excitante. Se notaba que estaba divirtiéndose. Ella llevaba el cabello suelto y vestía una especie de franela muy ancha que hacía de vestido, color fucsia. –Gracias por sacarme de ahí. –Reí con ella. –No sabía qué hacer con los dos mirándome. –Amanda. –Ambas reaccionamos asustadas y miramos al hombre que le hablaba a ella, que casualmente era el mismo que quería pasar al baño. –Dile a tu primo que tuve que irme. Apenas hizo un breve contacto visual conmigo y sin que ella le respondiera se fue. Yo sí lo miré de nuevo, tenía una voz ronca, profunda, unos ojos oscuros muy fríos y labios, labios sensuales. –¿Quién es? –Le pegunté a Amanda. –Ah, es Basco, amigo del tío, casi vino obligado por lo que escuché, no le hagas caso. Ya veía alejarse su camisa blanca entre la gente. –Esther, ahí estas ¿bailamos? Era Germán que reaparecía y me extendía la mano. Miré a Amanda con esa cara divertida y acepté. Pasaría un poco más de horas divirtiéndome.
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