–Conocí a Dylan a través de mis padres. – me contó Tiffany. – Ellos fueron de los primeros que se acercaron a el cuando llegó con la idea de revolucionar el mercado de la telefónica. Firmó con ellos un contrato por 2 años, y, una vez llegó a donde quería, decidió no reanudarlo.
–¿Ya eras su novia para ese entonces? – le pregunte.
–Si. – me dijo. – Desde que comenzaron sus negociaciones, mis padres insistieron en presentarlos, y, en un principio yo estuve algo renuente. Finalmente me convencieron, y, debo decir que no me ha ido mal.
–Entonces, ¿no lo amas? – le pregunté, pensando que podría descubrir algo bien gordo ahí.
–¿Qué si lo amo? – repitió ella. – Creo que sí. Aunque quizás ame más, mi vida a su lado. No lo sé, es muy difícil de ver la diferencia.
–Y, el señor Davis, ¿fue él quien te propuso iniciar una relación? – le pregunté, tratando de llevarla al límite, con la esperanza de que me contara todo ese día.
–Lo nuestro fue algo que surgió de forma espontánea. – respondió ella. – Fue hace tanto tiempo, que ya ni siquiera recuerdo como fue. En fin, que te he contado cosas demasiado intimas, creo que mejor paro por hoy.
Al escucharla decir eso, tuve miedo de que se cerrara la pequeña ventana de confidencialidad que ella había abierto entre nosotras, así que, aproveché para lanzarle una confesión a lo loco.
–Yo siempre he estado sola. – le dije. – He sido tan ambiciosa desde que tengo uso de razón, que nunca me detuve a preocuparme por nadie a mi alrededor, ni siquiera por mi familia, y, de alguna forma, siento que ahora estoy pagando las consecuencias.
–Hay personas que no son mas que lastres en nuestras vidas. – me dijo, aunque por su tono de voz parecía mas una experiencia personal que un consejo. – Si no eres lo suficientemente lista como para dejarlas ir en el momento preciso, entonces, ya luego tendrás que cargar con ellas por el resto de vida.
Yo guardé silencio después de escuchar estas palabras. Tiffany tenía razón, yo tena demasiados sueños, demasiados propósitos, no podía permitir que nadie me ralentizara o me detuviese.
–Veo que te has quedado pensativa. – agregó. – Quizás crea que estoy loca por decirte algo así, pero, a veces, lo mejor que podemos hacer, por nuestro propio bienestar, es dejar ir a aquellos que amamos.
Después de decir esto, se puso de pie, y regresó a la casa.
Yo me quedé allí afuera por un rato más, tratando de descifrar a que se refería cuando me dijo que a veces dejar ir a los que más queremos, es lo mejor que podemos hacer.
Pensé tanto, que terminé por quedarme dormida. Cuando desperté, era muy tarde, así que me apresuré por regresar a la casa a ducharme.
De camino a mi cuarto me encontré con María, quien me interceptó para preguntarme donde estaba.
–¡Estas no son horas de aparecer! – me dijo como si fuese mi madre. – El jefe llegó preguntando por ti.
–Estaba cerca de la piscina. – le dije. – Necesitaba pensar un poco.
–A mi no me des explicaciones sobre lo que haces con tu tiempo libre. – me dijo. – Ahora corre hasta su despacho a verlo, no querrás que se enfade contigo.
Yo tomé el consejo, y corrí hasta el despacho. Al llegar, me detuve fuera por unos segundos, y, me arreglé un poco, para luego llamar a la puerta.
–Pasa. – respondió Dylan desde adentro.
Traté de hacer el menor ruido posible al entrar; por lo que caminé sigilosamente hasta encontrarme frente a él.
–¿Dónde estabas? – me preguntó.
–Aquí en la casa. – le respondí. – Cerca de la piscina.
–¿Qué hiciste durante todo el día? – preguntó nuevamente.
–Estuve conversando con Tiffany. – respondí sintiéndome orgullosa del pequeño avance que en ese momento creí haber logrado.
–¿Descubriste algo? – inquirió Dylan mientras ponía de pie, y caminaba hasta detenerse cerca de mí.
–Nada en lo que usted pudiese estar interesado. – le dije, ya que, en cierta forma, y por algún raro motivo, no quería traicionar la confianza que Tiffany había depositado en mí.
–Debes recordar siempre, que soy yo, quien te paga. – dijo él. – No importa lo que te diga Tiffany, o cuan en sintonía creas que puedes estar con ella; la verdad es, que nunca es ni será tu amiga. Ella te desprecia por el simple hecho de ser una asalariada, se cree mejor que tú por ser la mujer de tu jefe, y si te ha tratado bien, es porque prefiere tenerte de amiga que de enemiga.
Yo estaba cada vez mas impactada con palabra que salía de su boca. Eran tan crueles, que indistintamente de si eran reales o no, o de si ese era solamente el criterio de Tiffany o no; yo me sentí como una mierda. Rápidamente mis ojos delatores se llenaron de lágrimas, y, sin importar cuanto traté de ocultar mi reacción, Dylan pudo notarlo.
–Si eres capaz de ponerte a llorar por esto, no estoy seguro de que seas la persona indicada para este puesto. – me dijo. – Te dije desde el primer día que complacerme no sería nada fácil, y, debo reconocer, que, por tu actitud, pensé que quizás estarías a la altura, pero ya veo que no.
–¡Si que lo estoy! – afirmé mientras secaba la última de mis lágrimas. – Créame cuando le digo, que nunca más me verá llorar.
En lugar de responder, Dylan solamente asintió con la cabeza.
–Solo conversamos de su pasado hoy. – le dije. – Me contó sobre los inicios de su relación con usted, y de la relación suya con sus padres. No considero que sean datos de importancia, ya que, no me dijo nada relevante o nuevo.
–¿Qué te dijo sobre nuestra relación? – me preguntó.
–Que se conocieron a través de sus padres. –contesté.
–¿Te habló sobre el acuerdo? –me preguntó nuevamente.
–Dijo algo sobre que firmaste un contrato con sus padres por dos años, y ya luego no quisiste reanudarlo. – le dije.
–Ya veo. – me dijo mientras se acercaba hasta donde yo estaba parada. – Seguramente no te dijo, que cuando iniciamos nuestra relación, sus padres nos hicieron firmar un acuerdo, de que, en caso de que yo la dejase sin motivo alguno, tendría que hacerle una donación del 10% de las acciones de mi empresa, ¿lo dijo?
–No. – respondí.
–Yo acepté, porque en ese momento, creí que estaba enamorado, además de que, Tiffany aparentaba ser la mujer perfecta. Luego, pasó el tiempo, y descubrí su verdadera personalidad. Es mezquina, y se cree que es superior a todos los demás. Se esfuerza por complacerme cuando estoy presente, pero sé muy bien que hace de las suyas a mis espaldas.
Lo primero que sentí al escucharlo contarme sobre su relación con Tiffany, fue alivio. Alivio de que no la amara; alivio de saber que ella, no era el tipo de mujer de la que Dylan Davis se enamoraría. Aunque, realmente, no hacía mucha diferencia si la amaba o no; ya que, a pesar de su presencia o ausencia en la vida de él, yo tampoco era el tipo de mujer de la que un sujeto como Dylan Davis se enamoraría.
–Espero que ahora que sabes esto, mantengas la cabeza fría cada vez que ella se acerque a ti. – agregó Dylan. – Es muy lista, y siempre va a intentar quedar bien contigo, porque sabe que le conviene, pero tú debes ser más lista que ella.
–Así será. – le respondí.
Después de decirle eso, me giré como para retirarme, pero me detuvo para preguntarme:
–Supe que conociste a uno de mis socios hoy en la mañana.
–Así fue. – le respondí sin entender por que sacaba a relucir el tema.
–Se que eres una mujer bastante interesante, y hermosa. – agregó. – Pero, no puedo permitir que te acerques a mi competencia.
–Pensé que se trataba de su socio. – le dije, sin entender.
–Posible socio. – rectificó. – Pero es no es relevante. Lo único que importa es que tú, tengas bien claro, que trabajas para mí, y solo para mí, por lo que, no puedo permitir que te involucres con ese tipo de personas.
Lo que dijo me indignó enormemente. ¿Quién demonios se creía el para determinar con quien podía involucrarme, o? Definitivamente Dylan Davis necesitaba que alguien lo colocara en su sitio.
–Que trabaje para usted, no le da ningún derecho a inmiscuirse en mis asuntos personales. – le dije. – Independientemente de si planeo tener algo con Carlo, o no, usted no tiene ningún poder sobre mí para indicarme con quien puedo o no iniciar una relación.
–Tal parece que olvidas el contrato que firmaste. – me dijo. – Y sí, tengo todo el derecho del mundo a inmiscuirme donde yo considere necesario. Así que piénsate un poco mejor, si viniste aquí para trabajar y luchar por lo que quieres, o a convertirte en el dulce bombón de un hombre adinerado.
Esto ultimo fue la gota que colmó el vaso. Esta furiosa, molesta e incluso sentía ganas de golpearlo fuertemente en la cabeza. A pesar de esto, traté de calmarme, ya que, finalmente, no deseaba perder mi trabajo, y le dije:
–Nunca tuve ninguna intención de involucrarme con él, así como nunca he tenido la intención de involucrarme con nadie, hasta que no haya logrado muy cometido. De todos modos, revisaré mis acciones, y me encargaré de no volver a permitir que alguien malentienda mis señales.
Dylan no dijo nada. Yo salí de su despacho inmediatamente después de decir lo anterior, y, de camino a mi habitación, pensé en qué demonios podía haberle dicho ese tal Carlos, para que mi jefe regresara aquí pensando que yo andaba por la empresa buscando pareja.