Cuando llegamos a casa, Dylan se bajó rápidamente del auto, y me dejó sola allí. Yo me quede sentada dentro por unos segundos, analizando qué demonios podría haber dicho o hecho, para que él se enfadase tanto.
Después de un rato me bajé, y caminé hasta mi cuarto. Luego tomé una ducha, acomodé mis pertenencias y me metí a la cama, con la esperanza de que, al día siguiente, las cosas volverían a la normalidad.
Pero, a la mañana siguiente, cuando desperté, ya Dylan había salido para la empresa, y le había dejado dicho a María que no necesitaría de mis servicios durante todo el día.
Me pareció raro, muy raro que de la anda prescindiese de mí, cuando justo el día antes me había dicho que debía convertirme en su sombra, así que, sin pensarlo dos veces, me arreglé para ir a confrontarlo.
De camino al garaje me encontré con Tiffany, quien al verme se me acercó para preguntar:
–¿Qué haces aquí? Pensé que habías salido con Dylan en la mañana.
–Salió antes. – le respondí, ya que no quería darle muchas explicaciones en caso de que me preguntase por qué había decidido darme mi segundo día de trabajo libre. – Ahora voy de camino a la empresa.
–Entonces apúrate. – me aconsejó. – Si llegas tarde se pondrá de mal humor, y créeme, no quieres ver eso.
Me despedí de ella con un saludo, y luego me apresuré a subirme a mi auto.
–Si se molesta por las llegadas tarde, no quiero saber qué hará cuando me vea aparecer frente él después de dejarme dicho que prescindiría de mis servicios. – pensé.
Incluso llegué a sentir un poco de miedo, pues no quería enfurecerlo, bueno, no quería enfurecerlo aún más.
Temblé un poco mientras subía en el elevador, estaba incluso más nerviosa que el día de mi entrevista, pero traté de relajarme contando hasta 100, ya que no quería que viese que su actitud me afectaba, al menos no, de la forma en que lo estaba haciendo.
Le pregunté a su asistente si estaba ocupado, y me respondió que se estaba preparando para recibir a un inversor potencial. Aproveché la oportunidad para colarme en su oficina, y, sin tener nada preparado en mi mente, le dije:
–¡Aquí estoy!
–Ya veo. – respondió él, con cierto sarcasmo. – Solo quisiera saber, ¿Por qué? ¿Qué, acaso María no te dio mi recado de que no te necesitaría hoy?
–Si me lo dio. – le dije. – Pero, quería asegurarme de que todo estuviese bien, después de todo, no veo normal que me digas que necesitas que sea tu sombra, y luego, de la nada, me indiques que me quede en casa.
–¿Qué te hace pensar que las cosas no están bien? – me preguntó.
–Es solo que, anoche…
No pude completar la oración, ya que me interrumpió para decir:
–Olvida lo que ocurrió anoche. Es solo parte de mi carácter, ya te acostumbrarás. Ya que todo ha sido aclarado, mejor regresa a casa, y cumple con tu encomienda, esa es tu tarea más importante por ahora.
–De acuerdo. – le respondí aliviada, y me retiré de su despacho, luego, me despedí de su recepcionista y esperé con paciencia a que llegara el elevador.
Cuando las puertas se abrieron, vi frente a mis ojos al segundo hombre más atractivo que jamás había visto, siendo el primero, obviamente Dylan.
Era alto, de cabello rubio y ojos azules. Con unos hermosos y sensuales labios, que solo eran la antesala de su sexy sonrisa.
–¿Bajas? – me preguntó.
–Si. – le respondí, algo nerviosa.
–¿Eres nueva? – preguntó nuevamente. – Nunca antes te había visto por aquí.
–Recién empecé ayer. – le dije.
–Puedo ver que Dylan no solo tiene buen ojo para la tecnología y los negocios, sino también para contratar a mujeres hermosas. – me dijo.
–También soy muy inteligente. – le respondí, algo molesta por haber sido rebajada a un mero objeto de adorno en tan solo unos segundos, y a la vez decepcionada de que un hombre tan guapo como el, fuese tan sexista.
–Mil disculpas. – agregó rápidamente. – Mi intención no fue ofenderte, ni mucho menos. Es solo que, no se reaccionar a la belleza, y honestamente, eres la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida.
Yo, no le respondí. Me subí al elevador, y pulsé el botón de bajar, sin dejar de sostenerle la mirada, ni siquiera un segundo.
Sin embargo, cuando las puertas estaban a punto de cerrarse, él logró subirse en el último instante.
–¿Qué haces? – le pregunté.
–No puedo dejarte ir creyendo que soy un idiota. – me dijo.
–¿Por qué? – le dije, con cierta ironía.
–Porque no lo soy. – me dijo él. – Déjame comenzar de nuevo, ¿te parece?
Yo sonreí. A pesar de nuestro rudo comienzo, me hacía algo de gracia su insistencia en agradarme, así que, extendí mi mano, y le dije:
–Alina Brown, asistente personal del señor Davis. Encantada de conocerte.
El joven, sonrió ante mi gesto, y también extendió su mano para decir:
–Carlos Stevenson, posible asociado del señor Davis. El placer de conocerla, es todo mío.
–Así que eres su cita de hoy. – le dije mientras sacudía su mano. – No debería sestar perdiendo tu tiempo conmigo; al señor Davis no le gusta para nada que lo hagan esperar.
–Dylan Davis puede esperar. – me dijo. – Puedo perfectamente abandonar este edificio sin firmar un contrato con él, lo que no podría permitirme nunca es dejarte ir creyendo que soy un idiota.
–Pues, al menos lo segundo ya no sucederá. – le dije sonriendo mientras las puertas se abrían, y yo me bajaba del elevador. Luego, pulsé el botón de subir, y le dije:
–Solo espero, que no sea ahora el señor Davis quien piense que tú eres el idiota que llega tarde.
Carlos intentó decirme algo, pero, justo en ese momento, las puertas se cerraron.
Después de este pequeño encuentro, regresé a casa, y traté de acercarme a Tiffany.
Por suerte para mí, ella no era una chica de gustos muy complejos; pero, por desgracia para mí, yo sí lo era, así que me costó un poco más de lo que imaginaba encontrar un tema que tuviésemos en común.
Cuando la encontré estaba acostada en una tumbona junto a la piscina, tomando el sol. Yo, caminé hasta donde estaba, y, tras sentarme a su lado, le dije:
—Si no estás ocupada, me gustaría hablar contigo.
—Puedes hablar. — respondió Tiffany mientras se giraba boca bajo para continuar con su bronceado.
—Me he sentido muy sola desde que comencé a trabajar aquí. — le dije. — Y, sinceramente me gustaría mucho si pudiese encontrar un apoyo.
—Ya sé lo que quieres. — me detuvo. — Quieres acercarte a mi para demostrarme que no estás interesada en Dylan.
—¡No, no es eso! — exclamé.
Ella sonrió y me dijo:
—Tranquila, solo lo dije para molestarte. Yo también me he sentido muy sola desde que me mudé aquí. Dylan siempre está fuera, y tengo que hacer maravillas para distraerme. Después de todo, creo que no será tan malo tener una chica en casa.
Tras decirme esto, Tiffany mandó a María a traeros unos tragos, y, de la nada, comenzó a contarme la historia de su vida, y sobre cómo había iniciado su relación con Dylan Davis, uno de los solteros más cotizados de Redwood.