Estoy acostada boca arriba en la cama. Intento moverme, pero un dolor intenso recorre todo mi cuerpo.
>
Respiro hondo, intentando recordar todo lo ocurrido.
¿Qué habrá sido de mis ami…?
—Mierda… ¡AH! —suelto un grito ahogado al intentar levantarme de golpe.
El recuerdo llega de repente.
>
Golpeo mi frente con la mano.
—Tenías que hacerte la detective e ir a ese callejón… sí que eres idiota —me reprocho a mi misma.
—Mierda, mierda, mierda, ¡JODER!… Estoy jodida hasta el coño —murmuro frunciendo el ceño.
Empiezo a caminar de un lado a otro por la habitación, nerviosa, intentando pensar qué hacer.
Debo decirles a mis padres.
Salgo de la habitación y bajo las escaleras casi corriendo. Mi cuerpo tiembla y el corazón me late tan rápido que siento que se me saldrá del pecho.
Mis padres están en la sala-comedor. Al verme, se levantan de inmediato.
—Alay, ¿qué pasa, cariño? —pregunta mi madre preocupada.
—Alay, por favor habla —dice mi padre al notar mi palidez.
—Yo… yo creo que maté a un hombre…
Sus ojos se abren con incredulidad. Les cuento todo lo ocurrido con lujo de detalles. No me interrumpen en ningún momento.
Mi padre decide que debo ir a declarar. En la estación de policía doy mi declaración. La espera se siente eterna.
Finalmente, un hombre se acerca.
No hay ningún registro de un hombre muerto en ese lugar.
Ni denuncias.
Siento cómo el aire regresa a mis pulmones. Mi padre revisa hospitales usando sus contactos —es médico—, pero tampoco hay registros de un herido de bala.
Al volver a casa, encontramos a mi madre con Cora y Zoe esperándonos.
La preocupación llena la sala.
—¿Qué pasó? —pregunta mi madre.
Mi padre explica la situación.
—Espero que todo salga bien —dice Cora.
—¿Por qué me abandonaron en la discoteca? —pregunto algo molesta.
—Salimod un momento y luego no me encontramos —explica Zoe con un poco de arrepentimiento.
—No es culpa de ustedes —les digo con suavidad—. Solo… no me abandonen la próxima vez.
Zoe me mira con desaprobación.
—Aly, no has salido de una cuando ya quieres estar en otra.
—No puedo detener mi vida —respondo con calma.
Mis padres intervienen.
—Elena, cariño, deberíamos prohibirle las salidas a nuestra pequeña y estar más al pendiente de ella, ¿no lo crees? —dice mi padre mirándome fijamente con el ceño fruncido.
—Sí, deberíamos hacerlo —responde mi madre.
—No, no pueden, por favor, papis —digo a modo de súplica., con un puchero al final.
—Alay, es mejor que reduzcas las salidas por tu propio bien, no podemos permitir que casos como estos vuelvan a suceder —dice mi madre frunciendo el ceño.
> pienso irónicamente.
—Está bien —Al final, acepto.
El resto de la tarde transcurre entre regaños, consejos y una conversación larga que termina siendo más tranquila de lo esperado.
Cuando cae la noche, mis amigas se despiden.
Me quedo con mis padres.
Y, por primera vez desde la discoteca, me siento un poco en paz.
...
Un mes después
El tiempo pasa con una normalidad inquietante.
Demasiada tranquilidad.
Hoy decidí salir a correr al parque cercano a casa, escuchando Heart Attack de Demi Lovato.
Pero algo no esta bien.
Un hombre pelirrojo al otro lado de la calle, esta mirándome fijamente. Es alto, musculoso, intimidante.
Un escalofrío recorre mi espalda.
Empiezo a acelerar el paso.
Él también.
Corro lo más que puedo, pero dos hombres aparecen frente a mí.
Uno me agarra del brazo.
Le doy una patada en la entrepierna y se retuerce.
Intento huir, pero otro sujeta mi pierna y caigo al suelo.
—Ahh... GILIPOLLAS!! —suelto al impactar mi cuerpo contra el suelo.
—¡QUIETA, PERRA! —grita el imbecil.
En un rápido movimiento, ya lo tengo encima, tratando de ponerme un trapo en la boca, mientras los otros se acercan. Con un gran esfuerzo logro safarme de él y levantarme rápidamente.
Corro… Y choco contra un pecho duro, agarrándome fuertemente para no poder soltarme de su agarre. Levanto la mirada.
El pelirrojo.
Me sujeta con fuerza.
—¡MALDITOS, HIJOS DE PUTA! ¿Qué quieren? —escupo furiosa.
—A ti —responde con una sonrisa, mientras levanta un pañuelo.
Intento gritar, intento luchar, pero soy detenida por el pañuelo en boca.
El olor químico invade mis pulmones.
Él es mucho más fuerte comparado conmigo. Siento como mi cuerpo se vuelve pesado, cerrando los ojos poco a poco.
Todo se vuelve oscuro.
Antes de sentirme envuelta por la oscuridad, alcanzo a escuchar...
—La tenemos.
Darling_Yuli