Despierto sintiendo algo suave debajo de mi cuerpo. Es un colchón bastante cómodo. Por un momento creo que todo fue un sueño.
Abro poco a poco los ojos. Todo está oscuro.
Intento levantarme, pero soy detenida por unas esposas alrededor de mis muñecas, sujetas a cada esquina de la cama.
De golpe vuelvo a la realidad.
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Intento soltarme aplicando fuerza, tanta que siento cómo mi piel arde al rozar el metal.
—Si fuera tú, no haría eso.
Una voz ronca resuena por toda la habitación.
Logro sentarme en la cama y observo alrededor. Frente a mí hay un hombre sentado en una silla, mirándome. No puedo distinguirlo bien por la poca luz.
¿Cómo no noté que estaba ahí?
—Al fin despiertas, Bella durmiente —dice.
—Qui… ¿Quién eres? —pregunto con dificultad.
—¿Qué quién soy? —ironiza, soltando una pequeña carcajada—. Dime tú, ¿quién crees que soy?
Se inclina hacia adelante apoyando los codos en sus rodillas.
Mi mente empieza a trabajar de inmediato. Recuerdo la discoteca, el callejón, el disparo… pero este hombre no es el mismo. Es más joven, más musculoso, quizá de unos veinticinco años.
¿Quién diablos es?
—No lo recuerdas —dice al notar mi confusión—. Te refrescaré la memoria... Hace un mes casi matas a un hombre cerca de uno de esos sitios de mala muerte.
—Pero tú no eres ese hombre —respondo de inmediato.
—Pero veo que lo recuerdas con bastante claridad.
—Entonces… ¿quién eres tú? —pregunto aun con inquietud.
—Soy el hermano del hombre que casi matas —responde con frialdad—. Dime, Alay… ¿lo disfrutaste?
Mi cuerpo se tensa.
—¿Cómo mierda sabes mi nombre?
—Te metiste con las personas equivocadas —dice pasando una mano por su cabello—. Deberías agradecer que sea yo quien esté aquí.
—¿Debo agradecer que me tengas secuestrada y esposada a la cama? —arqueo una ceja—. Pues gracias. Qué bonito. Parezco tu esclava s****l.
—Si fuera por mi hermano, ya estarías muerta… no en la posición de una esclava s****l.
Siento como si me arrojaran un balde de agua helada. Mi respiración se vuelve pesada y mi corazón golpea con fuerza contra mi pecho.
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—Maldición… ¿cómo puedes pensar en eso ahora? —me recrimino en un susurro.
—¿Ahora qué debo hacer contigo? —pregunta él.
—¿Matarme? —respondo, más como afirmación que pregunta. Mantengo la cabeza en alto, sosteniéndole la mirada.
De pronto suena una pequeña carcajada por toda la habitación
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Se levanta y camina hacia mí. Ahora puedo verlo con claridad. Es alto, de cuerpo musculoso y peligrosamente atractivo.
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Entre su cuello y hombro se asoma un tatuaje de números romanos. Otro cubre todo su brazo izquierdo.
Se sienta en la cama, demasiado cerca. Nuestros rostros quedan a centímetros.
Sus ojos verdes, con un tono dorado alrededor de la pupila, se clavan en los míos.
—Lo haría… —susurra cerca de mi oído—. Pero no me apetece.
Roza con sus labios el lóbulo de mi oreja.
Un escalofrío recorre mi cuerpo.
El silencio se instala entre nosotros… hasta que unos golpes fuertes interrumpen el momento.
—¡NICKOLAS, MALDITO! ¡ABRE LA PUTA PUERTA! —grita un hombre desde afuera.
El rostro de Nickolas cambia por completo. Su expresión se vuelve fría, dominante, peligrosa que te dejaría totalmente paralizada del miedo, frunce el ceño mientras su mirada pasa a la puerta y luego a mí, ignorando por completo al hombre que sigue gritando cantidades de gilipolleces.
—Te quitaré las esposas. Podrás bañarte y moverte un poco —dice mientras libera mis muñecas—. Alguien traerá comida, debes tener hambre despues de dormir por casi tres días.
Abro los ojos con sorpresa.
¿Tres días?
No lo puedo creer. Todo por culpa de ese CABRON...
GILIPOLLAS
Debí matarlo cuando tuve la oportunidad.
> lastima.
El hombre al frente de mí continúa hablando.
—No intentes escapar, sería en vano, la puerta estará cerrada con llave - dice mientras abre la puerta y sale de la habitación sin esperar respuesta.
Me dirijo hacia una de las puertas que se encuentra en la habitación, supongo que será el baño. Abro la puerta, el lugar no es muy espacioso, pero tiene todo lo necesario. A mi derecha se encuentra una bañera y mas adelante un pequeño cuarto con puerta de cristal que dispone de la ducha. Camino al espejo apoyadndo mis manos en el lavado, observando mi rostro con ojeras profundas y el cabello desordenado.
—Dios… soy un desastre, no puedo creer que ese hombre me viera así... Que vergüenza - digo en un susurro mientras escondo el rostro entre mis manos.
Me dispongo a quitarme la ropa y dejarla en una canasta junto al lavabo, camino hacia la ducha, la abro sintiendo el agua recorer mi cuerpo.
Me ducho un largo rato, intentando ordenar mis pensamientos, pero es imposible.
Cuando salgo, encuentro ropa limpia sobre el lavabo. Me visto y regreso a la habitación.
Me siento en la cama.
Pensando.
En mis padres.
En mis amigas.
En lo que pasará ahora.
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Darling_Yuli