Me despierto por los rayos del sol que entran por la ventana. Es agradable no escuchar el despertador ni los gritos de mamá llamándome para levantarme. Estiro los brazos, desperezándome lentamente, y miro la hora: un poco después de las nueve de la mañana.
Me sorprende que mi madre no me haya despertado antes.
Salgo de la cama y voy al baño para asearme. Después de vestirme con ropa cómoda, me peino en una coleta y bajo a la cocina. En la mesa hay un plato cubierto y una nota.
“Buen día, cariño. Te dejamos el desayuno antes de irnos. No quisimos despertarte porque dormías plácidamente. Tenemos que hacer unas compras y unas vueltas. Volveremos para almorzar. Disfruta tu desayuno. Besos.”
Sonrío. Mis padres siempre han sido así de atentos conmigo.
Me siento en la cocina y empiezo a comer tortillas con fresas y uvas cubiertas de sirope de chocolate. Cuando termino, lavo el plato y lo guardo.
—Mmm… falta el postre —murmuro.
Abro el frigorífico y saco un tarro de helado. Amo el helado. Es una de esas pequeñas cosas que hacen la vida más bonita.
Voy a la sala y me acomodo en el sofá para ver películas, comenzando con mi saga favorita: Crepúsculo.
Más tarde, mis padres regresan y yo estoy terminando unos trabajos de la universidad. Bajamos a comer juntos.
—Cariño, ¿recuerdas a nuestro viejo amigo Eloys y a su pareja Kiara? —pregunta mi padre.
Niega mi cabeza automáticamente.
—Solo tenía cuatro años cuando los viste por última vez —explica.
—Nos reencontramos hoy y tienen un hijo, un poco mayor que tú —agrega mi padre.
—Deberían conocerse —dice mi madre con una sonrisa.
—Mamá, no tengo interés en conocer a nadie de esa manera.
—Estoy de acuerdo con mi pequeña —añade mi padre.
—Algún día tendrá que salir con alguien —responde mi madre.
—Sí, pero no ahora —digo, y mi padre asiente orgulloso.
La conversación termina entre bromas, y yo subo a mi habitación.
Mi teléfono suena: videollamada del grupo “3/3”.
Cora aparece con su habitación hecha un desastre.
—¡CHICAS, NECESITO AYUDA!
Se puede observar desde el ángulo que está, el desastre de ropa por todos lados en su habitación.
—OMG!! ¿Que ha pasado en tu cuarto? —dice Zoe sorprendida.
—Parece una zona de guerra —digo divertida.
—Sólo soy yo —
—Ya entiendo porque los huracanes tienen nombre de personas... Cora —soltamos todas en unísono una fuerte carcajada.
—Es en serio, no tengo que ponerme para esta noche —se nota estresada.
—¿Lo dice la chica que cuando entra a una tienda se quiere llevar todo? —dice Zoe rodando los ojos.
—Veo mucha ropa por todos lados como para no tener que ponerte —
Se puede observar desde el ángulo que está, el desastre de ropa por todos lados en su cuarto.
—OMG!! ¿Que ha pasado en tu cuarto? —dice Zoe sorprendida.
—Parece una zona de guerra —digo divertida.
—Sólo soy yo —
—Ya entiendo porque los huracanes tienen nombre de personas... Cora —soltamos todas en unísono una fuerte carcajada.
—Es en serio, no tengo que ponerme para esta noche —se nota estresada.
—¿Lo dice la chica que cuando entra a una tienda se quiere llevar todo? —dice Zoe rodando los ojos.
—Veo mucha ropa por todos lados como para no tener que ponerte —
—Siento que nada me queda bien —responde Cora, un poco cansada.
—¿Que les parece si usamos esta noche los vestidos que compramos en las vacaciones? —propone Zoe.
—Me encanta la idea —responde Cora con entusiasmo.
—Absolutamente! —digo emocionada.
—NO PUEDO ESPERAR!! —grita Cora saltando sobre la cama.
—Pero primero arregla un poco ese desorden.
—Odio esta parte.
Nos reímos con Zoe.
—Lo sabemos —digo curvando mis labios para luego despedirnos y colgar la llamada.
Esta noche será divertida.
...
Horas después, estoy frente al espejo terminando de arreglarme. Llevo un vestido n***o corto y ajustado, tacones negros y el cabello suelto.
Tomo un taxi hacia la discoteca.
El lugar es enorme, con luces de neón, música fuerte y gente por todas partes.
—¿A qué vinimos? —grito.
—¡A disfrutar! —responde Zoe.
—¡A olvidar a esos gilipollas! —añade Cora.
—¡A ponernos bien perris! —cierro el brindis.
Bailamos sin parar cuando suena nuestra canción. Saltamos, cantamos y reímos como locas.
Por un momento, todo es perfecto.
La noche continúa y seguimos bailando hasta quedar sin aliento. Decidimos ir al bar por bebidas.
—Tres cócteles, por favor —pido.
El ambiente está más lleno que antes. La música retumba en mi pecho.
Volvemos a la pista.
—Creo que tienes un admirador —susurra Cora.
—No voltees —dicen ambas al mismo tiempo.
Un chico se acerca por detrás y me toma de la cintura.
Mi cuerpo se tensa inmediatamente.
—Preciosa, ¿cómo te llamas? —susurra.
—Alay —respondo con cautela.
—Lindo nombre, el mio es Harry - responde curvando sus labios —¿Bailamos?
—Creo que ya lo estamos haciendo —respondo mientras miro alrededor, notando que mis amigas ya no estan. Siento una suave vibracion de su cuerpo, se esta riendo.
Se acerca a mi oído quedando a pocos centimetros —Bueno, terminemos este baile y te invito una copa.
Luego se aleja un poco para conectar nuestros ojos, yo solo me limito a asentir.
Termina la cancion, así que salimos de la multitud para tomar asiento mientras conversamos, busco a mis amigas por todo el lugar disimuladamente fingiendo prestarle atención al chico que esta a mi lado. Después de un rato decido dejar de buscarlas poniendo toda mi atención en él, de pronto siento su cuerpo acercandose demasiado a mi, me agarra de la cintura y me besa.
Abro los ojos sorprendida, sin corresponderle, solo me quedo en shock y un poco incomoda. Él, intensifica el beso pidiendo paso con su lengua, aprieta más fuerte mi cintura y siento todo su peso prácticamente sobre el mío. Luego se separa y lo agradezco.
—¿Vamos a la planta de arriba? —pregunta con una sonrisa cargada de intención.
—Me tengo que ir.
Intento levantarme, pero aprieta mi muñeca con fuerza.
El miedo se convierte en rabia.
Saco el spray pimienta de mi bolso y se lo lanzo en los ojos.
—¡Idiota!
—!Ahg, maldita! —grita mientras me alejo.
Corro fuera de la discoteca.
Me siento cerca de la salida trasera, respirando el aire frío de la noche.
Entonces escucho golpes en un callejón cercano.
No debería acercarme.
Pero lo hago.
Un hombre golpea brutalmente a un joven en el suelo. Luego saca una pistola.
De pronto, me ve.
El mundo se vuelve lento.
Corro, pero me alcanza.
Lo golpeo instintivamente en su polla y el arma cae al suelo mientras se queja de dolor. Tomo el arma del suelo y le apunto con ella.
—¡Perra! —gruñe mientras se acerca.
Cierro los ojos y disparo.
El sonido del arma atraviesa el silencio de la noche. Suelto la pistola y corro sin mirar atrás.
No recuerdo cómo llegué a casa.
Me ducho intentando borrar la sensación de lo ocurrido, pero mis manos siguen temblando.
Son las cuatro de la mañana y no puedo dormir.
¿Lo maté?
¿La policía me buscará?
¿Arruiné mi vida?
Hoy no es mi noche.
Finalmente, el cansancio vence al miedo y me quedo dormida.
Darling_Yuli