Lo miré directamente a los ojos al realizar la pregunta, molesta por la forma en que me hablaba y profundamente decepcionada. Él había sido mi príncipe azul por años y que me tratara de esa forma me… dolía. Admitía para mí misma que había hecho mal al no practicar la melodía que me dejó la semana anterior y también que estaba mintiendo al decir que no me quedó tiempo, porque había tenido de sobra, pero más allá de eso, sentía que había algo más en mi contra y yo no había hecho nada. Quería que me dijera cuál era el problema y que justificara la razón, si es que tenía alguna para hablarme de esa forma. Lo increpé, alentada por el calor del momento, con la barbilla alzada y el ceño fruncido, pero, instantes después, me di cuenta de la cercanía de nuestros cuerpos. Su rostro, tan atractivo

