Tenía reunión de jóvenes en la iglesia esa tarde. Me despedí de mi madre en su habitación y tomé mi Audi. Salí de casa con unos pantalones negros y un suéter azul turquesa, más un bolso grande de Padra. Pero era una mentira, no iba a la iglesia, iba al centro comercial a comprarme ropa para ir con Berenice y Megan al club. Tenía mi propia cuenta bancaria, en la que mi padre depositaba una muy generosa mesada desde que cumplí los dieciocho. No gastaba mucho dinero, porque era mi madre la que se encargaba de comprar mi ropa y todo lo que pudiera necesitar, y estaba segura de que tampoco se molestaban en averiguar en qué gastaba el dinero. Unas compras en alguna tienda de ropa no llamarían la atención si decidían mirar. Además, se suponía que era una adulta y que no debían husmear en mis

