CAPÍTULO — Cuando el pasado golpea la puerta El día después del cumpleaños amaneció distinto. No pasó nada extraordinario, y sin embargo Erika lo sintió desde que abrió los ojos. No sabía si fue un presentimiento claro, ni una imagen, ni un recuerdo. Fue una sensación sorda, una presión leve en el pecho, como cuando el aire cambia antes de una tormenta. La casa estaba en silencio. Matías ya no estaba en la cama. Erika lo supo antes de escucharlo. Después llegó el sonido familiar de la cafetera, el roce de una taza sobre la mesada, pasos medidos. Ese ruido cotidiano —tan simple, tan real— la tranquilizó apenas. Se quedó unos segundos mirando el techo, respirando hondo, recordándose a sí misma que ahora estaba bien. Que había elegido. Que había dicho que sí. Que el miedo ya no ma

