CAPÍTULO — La casa que ya no es suya La primera salida de Thomás, apenas recibió el alta parcial y le permitieron abandonar la base por unas horas, no fue a la casa que alguna vez había sido suya. Ni siquiera lo pensó demasiado. Tomó el Jeep que siempre manejó, el vehículo oficial que tenía asignado, y condujo por las calles conocidas con una extraña sensación de extranjería, como si transitara una ciudad que recordaba solo con el cuerpo, pero no con la memoria. Pasó frente a la casa donde había vivido con Erika, según le dijeron, y pasó sin reducir la velocidad. No frenó. No giró la cabeza. No hubo nostalgia ni rechazo, apenas una presión incómoda en la sien, un dolor sordo que le atravesó el cráneo como una advertencia silenciosa. Siguió de largo. Fue el cuerpo el que decidió por él,

