CAPÍTULO — El lugar donde duele Erika llegó a la base naval con Benjamín tomado de la mano, caminando despacio, con una lentitud que no era cansancio sino cuidado, como si cada paso necesitara ser pensado dos veces antes de darse. El suelo de cemento devolvía el eco de sus pisadas y ese sonido seco le atravesaba el pecho con una sensación extraña, parecida a la de estar entrando en un lugar que alguna vez había sentido propio… y que ahora la rechazaba sin disimulo. Benjamín miraba alrededor con una curiosidad apagada, sin la alegría expansiva de otros tiempos, pero con una determinación clara que no necesitaba explicación ni permiso. —Vamos a ver a papi —dijo, con esa certeza infantil que no admite discusión ni matices. Erika no lo corrigió. Ya no tenía fuerzas para explicar lo inexpli

