Capítulo 17 — El silencio del mar El invierno llegó sin avisar. Llegó como llegan las cosas que duelen de verdad: sin pedir permiso, sin dar tiempo a prepararse. El mar cambió de color, ya no era ese azul que Thomas le describía como “promesa”, sino un gris espeso, sin reflejos ni consuelo, y el viento, que antes aparecía tibio colándose por las ventanas de la pensión, empezó a rugir como una montaña buscando desplomarse sobre ella, como si hubiera decidido entrar a la fuerza para recordarle que ya nada era igual. Erika caminaba despacio, con una mano sobre su vientre que empezaba a redondearse, no solo como quien protege algo frágil, sino como quien guarda el último tesoro del mundo contra el pecho, como si protegiera al mismo tiempo a su hijo… y al recuerdo de Thomas. Cada movimien

