Una noche de regocijo

1198 Words
Paulo llevó a Esmeralda hasta la cama, ella en su capricho de sentirse protegida, cuidada, un poco pechichona, quería ir cargada hasta la habitación. No se quitaban la mirada en ningún momento. - ¿No te da asco acostarte conmigo? –Le preguntó Esmeralda a Paulo. - ¿Por qué mejor no tomamos una ducha juntos primero? Hoy he estado alrededor de muchos hombres, quiero sentirme limpia. Idónea para ti. - ¿Quieres eso amor? ¿Es lo que deseas? - Si, papi. Entraron al baño, tenía un jacuzzi pequeño, él la volvió a cargar hasta allá y la introdujo levemente. Sacó una esponja, le echó jabón líquido, también le echó a la tina, y se bañaron juntos. Desnudos, en medio de la tristeza se bañaron juntos, besos por doquier, caricias y cumplidos, ella era una niña de nuevo, su cabeza quedó en el pecho de Paulo con el único fin de que este le mimara la cara y le hiciera sobos, hace mucho no se sentía protegida. Ocho minutos más tarde salieron de la tina, Paulo le ayudó a secarse, amarró la toalla en el cuerpo de ella y caminando abrazados fueron hasta la cama, ahí ella se quitó la toalla y quedó desnuda, de pie, frente a los ojos de Paulo, su cuerpo se veía maravilloso, este que solo tenía un bóxer tapándolo no pudo disimular nada, su excitación se notó. - Ven mi amor, bésame, no te quedes ahí estático. –Le señaló Esmeralda a Paulo luego de ver que quedara perplejo. - Te ves maravillosa y exquisita, cariño. –La empujó fuerte hacia donde él, sus cuerpos quedaron pegados, no había espacio ni para que el viento pasara. - Hazme sentir las mismas cosas de antes. –Cayeron juntos a la cama, encueros cayeron. Ella quedó debajo de él, su pene rozaba con la v****a de ella, ambos estaban aún húmedos por el reciente baño. Él empezó a besarla por las orejas, le lamía con suavidad los bordes, alzaba un poco la cabeza de ella y su respiración pasaba por el cuello mientras la besaba, ya la piel de Esmeralda si iba erizando. Aplicó aceite esencial de jazmín por sus senos mientras los masajeaba, los pezones se iban poniendo cada vez más duros, bajó sus manos por su abdomen, luego la puso boca abajo y masajeó su espalda sentándose en sus nalgas y su pene rozaba el entrepiernas de Esmeralda, abrió lo más posible sus brazos para que su espalda quedara más libre, mientras rozaba ya el glande con su horquilla, y besaba la parte trasera de su cuello, ya se escuchaban los primeros gemidos de Esmeralda. - Me encantan tus manos, son mágicas. –Entre suspiros que se le salían decía ella. - Ven, déjame volver mágica mi lengua y mis labios mami. –La tomó por el hombro izquierdo e hizo que quedara boca arriba. Estando ahí, cara a cara, Paulo y Esmeralda se besaron durante unos prolongados y eternos segundos, mientras su mano derecha bajaba con cautela, al llegar la mano a la pierna la fue moviendo para que se abriera, lo mismo hizo con la otra, Esmeralda optó por flexionar ambas piernas y abrirse totalmente, ellos seguían besándose. Paulo siguió besándola de forma lineal, bajó por el mentón, por la mitad de los senos, todo el abdomen, llegó a la parte pélvica y besó la zona del conocido monte de venus, y con la mano derecha fue directamente a la v****a, ubicó su mano con la palma hacia arriba, el dedo índice y el anular quedaron en los dos extremos de los labios mayores y con el dedo del medio iba sobando la v****a por encima, cosa que a Esmeralda le causaba mucho cosquilleo y placer. Luego de jugar un poco con los bordes, pasaba su lengua por los labios menores, hacía una forma circular con sus besos por ahí. El dedo pulgar y el índice subieron un poco para darle tributo ahora al rey: el clítoris, pero antes él quiso jugar con ella y tomó un suéter que estaba por ahí cerca para tapar sus ojos, hizo que sus piernas se abrieran más y empezó a besar al rey, primero lo besaba y al terminar el beso pasaba la lengua, luego en los pequeños bordes del clítoris pasaba su mojada lengua. - Sigue mi amor, eres genial. –No podía contener su cuerpo y se estremecía. Mientras la boca estaba concentrada en el clítoris, mojó un poco sus dedos con lubricantes e ingresó el índice y el del medio, pero no lo hizo con la misma delicadeza que llevaba, lo hizo con fuerza y se escucha un fuerte suspiro de placer, los labios de Esmeralda estaban mojados, los mordía cada vez que succionaba Paulo el clítoris con su boca y los dedos hacía una especie de movimientos como si estuvieran llamando a alguien, ahí adentro seguían y ella empezaba a tener su primer orgasmo ya. - ¡Sigue, no pares, sigue, sigue! –Le decía mientras arañaba a la cama, y Paulo con más fuerzas le metía los dedos a la v****a, y los sacaba lento y nuevamente los ingresaba. Hizo así unas veinte veces cuando la chica temblándole las piernas se seguía viniendo y él seguía ahí como un buen discípulo.   Posteriormente la acomodó boca abajo, ella levantó su trasero y era una vista maravillosa, entre visitar París y verla a ella en esa posición creo que optaría más de la mitad del mundo por la segunda opción. Mientras Esmeralda estaba con sus pechos y cabeza pegada a la cama y sus nalgas levantadas, Paulo echó un poco de lubricante es su v****a y puso su preservativo, ella con sus dos manos abrió su trasero y la vista mejoró diez veces más. Pasó el pene por encima de su portal, jugando con ella, lo que le conocen como dar brochazos, y la excitó mucho, luego lo introdujo con fuerza en su vulva y le dio un par de palmadas a sus pompas. Al ver el nivel de erotismo extremo, la agarró por ambos brazos y la contundencia aumentó. Ahí mismo lamía su espalda, ella gemía rico, él también empezó a hacerlo, a ella le encantaba oírlo gemir. Empezó Esmeralda por sí sola a moverse en forma circular y luego de adelante hacia atrás, la temperatura aumentaba y en esta misión él quería hacerle el misionero. Por lo que puso sus pies hacia arriba y su v****a estaba al descubierto, recibiendo todo el aire, antes de meter su tallo la besó y jugó con sus dedos en la perla de Esmeralda, ella al ver que él estaba inquieto le mordió sensualmente el labio inferior. - Métela, papi, estoy toda para ti. –Paulo, en su obediencia lo hizo, la introducía y la miraba. Le elevaba el éxtasis ver su cara cada vez que ingresaba el pene en ella. - Ahora mismo no me cambio por absolutamente nadie. - Cállate y bésame. –Era la frase favorita de él. Y en ese beso duradero, efímero y sempiterno al mismo tiempo ambos dejaron fluir ríos de deliquios y durmieron abrazados luego de una apasionada noche, e hicieron el amor mientras dormían.                  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD