Valeria despertó con el sol entrando por las ventanas. Por un momento, no recordó dónde estaba. Luego todo regresó de golpe: el secuestro, el almacén, Volkov, el rescate. Se incorporó bruscamente, buscando a Alexander. —Estoy aquí —dijo él desde el sillón junto a la ventana—. No me fui. Estaba despeinado, con la misma ropa de anoche, claramente sin haber dormido. —¿Has estado ahí toda la noche? —No podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía... —Se detuvo, pasándose una mano por el rostro—. Te veía en ese almacén. Valeria se levantó y caminó hacia él, acurrucándose en su regazo. —Pero estoy aquí. Estoy bien. Alexander la abrazó con fuerza. —Cuando recibí ese mensaje de Volkov, cuando me di cuenta de que te había tomado mientras yo perseguía sombras... nunca me había sentido

