Me sube al auto cargandome cómo un bebé en brazos, con cuidado para que no sienta dolor, pero yo ya no siento nada, sólo siento odio hacia él, pero más aún me odió yo por permitirle hacer de mi una bolsa de boxeo cuando él lo desee para calmar su ira.
Me acomoda en el asiento y me coloca el cinturón de seguridad, cierra la puerta y rodear el auto por delante caminando lentamente.
> no, no soy capaz, tengo miedo...
Mi cuerpo es fuerte porque aguanto sus golpes cada vez más seguido y sigo en pie, pero mi ser se ha desplomado hasta estar más allá del suelo, mi autoestima ya no es la de antes y tiemblo cada vez que el se acerca y me habla en tono fuerte.
Los días pasan lento, yo trato de dormir la mayor parte del tiempo para evitar hablarle o que el me hable.
Me levanto de la cama con dificultad para ir al baño y él corre a mi lado para sostener mi mano.
No dije nada para no empezar una pelea, aunque no sé si llamarle pelea cuando el grita y golpea y yo sólo escucho bajando la cabeza y soporto sus golpes.
Debo dejar está vida, debo dejarlo a él... pero la única forma en que me deje en paz sería estando yo muerta, porqué si fuera el quien muriera estoy segura que su fantasma vendría a visitarme cada día para seguir atormentandome.
Pasada una semana completa en que él se comportó como todo un caballero cuidando de mí, llegó la hora que debió regresar a su trabajo y yo daba gracias a Dios que así fuera, detestaba verle la cara y que estuviera a mi lado.
En otra oportunidad me hubiera gustado que estuviese pendiente de mi todo el tiempo y acariciara mi cabello y mis mejillas, que me besara mucho y me hablara al oído, pero está no era esa ocasión, hoy sus caricias me dolían y sus palabras eran clavos que punzaban mi cabeza haciendome sangrar.
> pero una vez más es mi mente que juega conmigo.