Capitulo 6— Una entrega

1251 Words
Capítulo 6— Una entrega Narrador Un par de días pasaron, y Anya se iba adaptando a su trabajo de la mejor manera, asombrando al mismísimo Cassian Nox, quien esperó que saldría corriendo un par de días después de su ingreso. Dejando al pequeño Sebastian en el jardín de niños, Torner se apresuraba a llegar a tiempo a su lugar de trabajo, e investigando sobre tratamientos experimentales para su madre, el tráfico avanzaba. Sabía que estos eran demasiado costosos, más de lo que ella podría llegar a imaginar, pero el desprenderse de su madre, verla morir, no era algo que ella estaba dispuesta a hacer. Encontraría la forma de ayudarla a cualquier costo, aunque esto la llevara a venderle su alma al mismísimo diablo. Deteniéndose el taxi justo a las afueras de NoxCorp, Anya se apresuró a pagarle por sus servicios y, saliendo casi corriendo de él, se apresuró a ingresar al elevador. Aun faltaban veinte minutos para la llegada de Cassian, pero ya para ese entonces todo tenía que estar preparado. Torner, de ninguna manera, podría darse el lujo de perder ese empleo, no con el sueldo que estaba ganando allí. Este, a largo plazo, le podría dar la estabilidad económica que ansiaba desde que llegó a la ciudad. —Buenos días — Saludó a su paso con una amplia sonrisa y tanta energía, que las personas a su alrededor se contajiaban de la misma— Mil gracias, el señor Nox adora sus desayunos. Todos en el lugar, a solo un par de días de su ingreso, la adoraban. Era una mujer muy extrovertida, inteligente y dulce. Bastaba solo conocerla un poco para que sus compañeros quedaran fascinados con su presencia en ese lugar. —Buen día, señor. Para el día de hoy debe revisar un par de informes, llamar a su madre y tiene junta con los accionistas dentro de una hora —Esperándolo a las afueras del elevador con una pequeña caja en una mano y en la otra su café, Anya mencionó el itinerario del día y, extendiéndole la bebida primero, Nox tomó un sorbo de este— Y le llegó esto también. Entregándole la pequeña caja a Nox, tras probar el café, confirmó que este se encontraba en su punto, como a él le gustaba, y sin poder resistir la tentación de saber el contenido de la misteriosa entrega, lo abrió sin miramientos. Lo primero que notó en su interior fue una tarjeta blanca con detalles dorados, estilo clásico, con el nombre de los Clark en el centro, y junto a esta un antifaz n***o con la descripción de usarlo el dia del aniversario de su compañía. Nox, sintiendo como una pequeña chispa eléctrica recorría su espina dorsal, se detuvo en seco al ver de qué se trataba, y desajustando la corbata de su traje, trató de respirar ¿En serio lo estaban invitando a la gala familiar? ¿Tras finalizar su relación con Serena? Cassian agitó su cabeza por un instante antes de seguir, tratando de parecer tranquilo cuando no lo estaba, cuando una tormenta se gestaba en su interior y, al ingresar a su oficina la arrojó sobre su escritorio. No asistir era darle a entender a Serena que era un verdadero perdedor que tras su ruptura se encontraba solo, pero de asistir, también tendría que soportar verla pasearse a sus anchas con el idiota de su prometido, a quien solo le quería romper los dientes, por lo que en ese instante se encontraba en un verdadero dilema —Por el momento, solo necesito que no me molesten... Por favor —Anya, sabiendo que se sumergiría en su trabajo, solo asintió y, girándose sobre sus talones, pretendía salir de allí cuando él la llamó de nuevo— Señorita, Torner... Llévese ese paquete de inmediato, no quiero verlo por ahora Anya solo centró su mirada en la caja sobre el escritorio y, pasando su mirada a Nox antes de responder, notó su corbata desajustada y la camisa de su traje ligeramente desarreglada. —Enseguida... Señor Nox —dijo señalando su cuello. Anya tratando de avisarle lo desarreglado que estaba, del estado de su cuello, e inocente, sin comprender lo que decía debido a lo perturbado que estaba por lo que acababa de ver, Cassian no la entendió. Frunciendo el entrecejo de su frente, Nox continuó en el mismo estado y, señalando de nuevo su cuello, Anya perdió la paciencia. Acercándose a él para tomar la caja sobre su escritorio, se atrevió a ayudarlo. — Con su permiso, Señor —dijo elevando sus manos para ordenar la corbata de su traje. Un ligero roce de los dedos de Anya con la piel sensible de la nuca de Nox hizo que una ligera punzada se extendiera por su ingle. Además, el olor de su fragancia no ayudaba mucho, una combinación de caramelo y menta que lo hizo tragar grueso, y llegando a su mente los comentarios sucios de su compañero hacia su asistente, en donde la imaginaba follándola sobre su escritorio. Cassian no le quitó la mirada de encima hasta que terminó de arreglar el pequeño desastre que había ocasionado al ver la invitación a la gala de los Clark. —Así está mejor —una sonrisa reluciente se extendió en sus labios, y mirándolo de arriba abajo, Anya contempló su estado asegurándose de que estuviera perfecto— Si me necesita, solo debe llamarme. En realidad Nox lucía sensacional. Después de todo, era un hombre apuesto, con cabello oscuro, ojos grises y bastante alto. Por donde lo vieran, era un espécimen perfecto. Para cualquiera era un excelente partido, pero para Anya, una mujer humilde y madre soltera, solo era su jefe, el ogro Nox. Saliendo del lugar, Torner se dedicó a trabajar llevando la caja consigo, una que decidió guardar por si su jefe la necesitaba más adelante. Pasando un par de horas más, la llamada de Atenea volvió a caer, lo que hizo a Cassian negar. Responderle simbolizaba caer en una batalla tediosa que, por el momento, no deseaba librar. Ya tenía suficiente por ese día al tener que ver la invitación de Serena llegar, junto con la fecha de la fiesta en donde estaría con su novio, por lo que solo se limitó a recargar su espalda en su silla. Sabía que lo que estaba pasando por su cabeza no era nada sano, sobre todo cuando las relaciones en la empresa estaban prohibidas. Poniéndose de pie mientras el teléfono seguía sonando, Nox pasó las manos por su rostro un par de veces tratando de aclarar sus pensamientos, y llegando a la misma conclusión, maldijo. —¡Mierda! —dijo deseando dejar de pensar en lo mismo. Lo cual no logró. ¿Qué más daba? No sería el primero, ni el último ejecutivo en meterse con sus asistentes. Solamente tenía que ser discreto como los demás, sobre todo si Mauricio andaba como lobo hambriento rondando a Anya. Regresando a su escritorio, se limitó a elevar la bocina del teléfono local y llamando a la línea directa de su asistente, la escuchó responder. —Ven un momento —cortó la llamada. Anya siguiendo sus órdenes se dirigió a su oficina e ingresando a esta, lo encontró de pie a su espera. —Señorita Torner... tome asiento unos minutos. Necesito hablar algo con usted, espero no se incomode —señaló el lugar vacío frente a él. Ella sin duda alguna tomó el lugar, y pensando que el tema a tratar era sobre su trabajo, Anya se colocó cómoda.
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