Al terminar las reuniones de trabajo que tenía pendientes, Brandon fue a la piscina a buscar a David. —¡Mira como nado, papá! —le gritaba el niño desde el agua, chapoteando con cierta torpeza, aunque manteniendo una sonrisa alegre. Él no podía sentirse menos orgulloso. Saber que era el padre de un chico tan dulce e inteligente lo llenaba de una emoción que no sabía que existía. Aquello era especial y quería experimentarlo siempre. Le resultaba embriagante. —¡Estira los brazos y muévelos con suavidad para que te mantengas a flote! El chico se esforzaba por hacer lo que su padre le indicaba, tratando de hacerlo lo mejor posible. Al salir del agua, Brandon lo recibió con la toalla, envolviéndolo en ella y cargándolo. —Ya pareces un pez. David se carcajeó. —Se me pusieron las manos arru

