Capítulo 3: Volverlo a ver

927 Words
Caí en cuenta de lo que acababa de hacer cuando sentí sus manos en mi rostro, me separé y al parecer todas estábamos tan ebrias que nadie se había fijado bien que había hecho. Me bajé apenada, él solo sonreía. Se levantó y utilizó la silla para poder bailar en ella, Sentía como mi rostro cambiaba de colores, me levanté de allí para beber algo, en todo el tiempo él no despegó su mirada de mí. El show se acabó, luego de que ellos echarán agua en sus cuerpos, la temperatura en el sitio se elevó bastante no solo con ellos sino también con todas nosotras. Ellos le dieron un regalo a mi amiga, Brianna se levantó y besó la mejilla de todos, ella se veía radiante y feliz. Cada uno se fue a su casa luego de beber un poco más y bailar, el bar estaba reservado solo para nosotras. No podía quitarme de la mente la mirada de ese hombre. Llegué a la casa y tambaleé, los tacones me pesan. creo que hace mucho no la pasaba tan bien. Aunque en estos momentos el remordimiento me comienza a aparecer, le fui infiel a mis esposo y no solo con el pensamiento. Subí las escaleras, se supone que debería estar durmiendo, al llegar a la habitación no estaba. No va a haber un día que lo encuentre aquí temprano en la noche, o tan siquiera durmiendo conmigo, no debería sentirme mal total él ha hecho lo mismo. Me lancé a la cama, necesitaba dormir. Escuché una música a alto volumen, abrí mis ojos y era Paul quien está en la habitación escuchando música. —Al menos podrías tener un poco de consideración, me duele la cabeza, bebí mucho. —Él levanta sus cejas y niega con la cabeza. —Eso suele suceder cuando uno es irresponsable. Deberías haberte venido más temprano, una mujer así de borracha se ve terrible. —Pongo mis ojos en blanco, en verdad siempre me ve algo malo, últimamente no me ha dado su aprobación en cuanto a lo que hago o digo, para él hay un pero la mayoría de las veces. —Bueno, lo sé. Deberíamos salir a comer o algo, hoy es domingo. Este día debería ser para nosotros el día donde nos dedicamos tiempo. —hago un puchero y él hace una cara de desagrado. —Te has olvidado de lo que tenemos hoy, Anna es el cumpleaños de mi papá y mi tía. No puedo creer lo insensible que eres. Ya veo que la próxima debo dejarte en tu agenda la nota. —Me doy una bofetada mental, se me había olvidado. —No es así Paul, espérame me arreglo. De verdad no te enojes, lo que menos quiero es eso. —Él agarra su cien. —Tienes solo media hora, por favor presentable, no como ayer que te fuiste como una… —Restregaba su rostro—. Mira Anna, por favor sabes que no podemos dar de que hablar, la prensa nos puede comer vivos y debemos mantener la reputación. Él sale y me levanto de inmediato, no puedo quedarle mal al señor Charles. Hoy me pongo algo más discreto, un vestido hasta la rodilla, color beige, con cuello tortuga; creo que a Paul le molesta que yo salga a divertirme con mis amigas mientras, que él sí puede salir con sus amigos, que irónico. Bajo las escaleras, él está hablando por teléfono, al verme cuelga y me estira el brazo. En el camino no me habló, ni siquiera pudo decirme si me veía bien o mal. Llegamos ante la imponente mansión, pude visualizar desde lejos el auto de mis padres, ese Mustang color gris, todo un clásico. Entramos tomados del brazo, pasamos por el lado de todos, saludamos y sonreímos. Pareciera que en estos momentos se siente super emocionado por su mujer, cosa que en la casa poco hace. Saludamos a mis padres y luego al padre de Paul, el señor Charles es un amor de persona conmigo desde el principio siempre quiso que nuestro amor triunfara. También vi a la señora Carol, me acerque a saludarla, ella es la hermana melliza de mi suegro, últimamente la veo un poco decaída y no me gusta, ella que es una mujer tan llena de vida. Tomo de la mano a Paul para que me acompañe, pero noto que se tensa. —¿Sucede algo? —cuestionó al sentir su mano tensa. Estábamos riendo ante las ocurrencias de la señora y él de un momento a otro cambio. —Se me olvido decirte, la oveja negra de la familia volvió, seguro quiere dinero. Es un vago y bueno para nada, preciso viene hacia nosotros en este momento. No sabes como lo detesto, él es tan predecible, lo más seguro es que tenga que aguantarlo por un buen tiempo. Por favor no le des nada de confianza, él se aprovecha de eso. Me giro para ver quien es, pongo la mejor de mis sonrisas, sin embargo, se me desarma al ver que es el chico de anoche, al que le baile y bese. Mi sonrisa se esfuma y veo como él también me mira asombrado. —Primo, que gusto verte —dice aquel hombre saludando a Paul, no para de mirarme, me siento nerviosa. Creo que estoy sudando de más. —No puedo decir lo mismo, pero en fin ya estás acá. Te presento a mi esposa, Anna, él es mi primo Dylan. Estrechamos nuestras manos y mi aire se fue, mi corazón palpitaba a mil por hora.
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