La noche iba pasando, las personas se estaban despidiendo, mis pies me estaban matando, estaba realmente agotada. Paul hablaba con esas personas y yo reía por cortesía, evité mirar para cualquier lado, la verdad no quería que mis ojos se encontraran con los suyos. Ese hombre me pone muy nervioso, por eso es mejor tenerlos lejos. El codo de Paul me roza, él está llamando mi atención.
—Mi amor, despídete de los Jhonson. Ya debemos irnos. —Moví mi cabeza y les estire la mano—. Bueno, es un placer hacer negocios con ustedes, los esperamos en nuestra casa, sería un placer recibirlos allí —Miró a Paul, admiro la forma que tiene para hacer las cosas.
Los señores Jhonson se retiran y Paul se gira y me abraza. Ya su enojo por el contacto con su primo, le ha pasado, necesitaba relajarse hablando de negocios, sé que eso funciona demasiado bien con él. Paul es aficionado a su trabajo, es tan perfeccionista que es muy admirable.
—Deberíamos irnos ya a la casa, quiero hacerte mía esta noche. —Sonrió ante su comentario, cuando él me susurra a mi oído y muerde el lóbulo de mi oreja.
—Me despediré de mis papás, de tu papá y de tu tía, para poder irnos. Te amo demasiado. —Nos besamos, él me da un mordisquito pequeño haciendo que me retire y le sonría—. Ya nos vemos, vale. No sabes como me alegra que tengamos tiempo para los dos, hace mucho no lo teníamos. —Él me mira y mueve su cabeza. Sin contar que me da una de sus miradas, que hacen que mi corazón de saltos por sus encantadores gestos.
Voy camino hasta donde están mis papás, ellos están riendo como siempre, son una pareja ideal, son mi ejemplo a seguir. Le di un beso a cada uno y luego me fui hasta donde el señor Charles, él estaba con su hermana y con Dylan. Le di la mano a cada uno y sin mirar atrás salí de allí, así debe ser, no le debo dar la importancia que no merece.
Tomé del brazo a mi esposo y salimos, en el camino se comportó como hace mucho, cariñoso, detallista y amoroso.
Al llegar a la casa, cerramos la puerta y comenzó a besarme de forma desesperada, sus manos recorrían mi cuerpo de forma desesperada, nuestra respiración estaba agitada. Nuestra intimidad últimamente ha disminuido, parece que solo lo hiciéramos por necesidad, por monotonía. Hoy siento que me desea, que quiere estar conmigo porque le nace.
Destapó su camisa y lo beso, pero su teléfono suena, él la primera vez lo deja sonar hasta que deja de timbrar, pero la insistencia sigue haciendo que nos distraigamos. Él resopla y me mira, me hace señas para que lo espere, se va a hablar al despacho. Aprovecho para retocar el maquillaje. Miro nuestra foto de casados, me hubiera gustado tener una boda diferente, todo fue muy sencillo ni siquiera quiso casarse por la iglesia, algo con lo que yo soñaba desde pequeña. Creo que conocer al primo de Paul me sirvió para darme cuenta que no debemos dejarnos llevar por las penas del matrimonio, todo pasa y las cosas se vuelven mejor después, si hay amor no falta nada. Paul sale del despacho, acomodo mi vestido y le hago señas con mi mano, llamando su atención, él viene con su cara tensa.
—Ven amor, deseo estar contigo y ver tu cuerpo encima del mío. —Él toca su mentón e ignora lo que le pido.
—Debo irme, salió algo de imprevisto. Prometo que te recompensaré. Es una urgencia. —Se acerca y toca mi cara pero de inmediato me retiro—. Por favor entiéndeme, si no fuera tan importante, no me iría hoy dejándote acá, no sabes las ganas que te tengo.
—¿Es verdad o es una broma? mira la hora, lo que sea que necesite tu presencia puede esperar hasta mañana, ven... Es momento para los dos mi amor. —Él comienza a abrochar su camisa, dejándome desconcertada—. Hace mucho no tenemos intimidad, debo anotar en tu agenda tiempo para mí. Pareciera que no te hubieras casado conmigo, es más parece que no me quieres ni un poco.
—No puedo hacer eso, entiende Anna que hay prioridades —dice acercándose a mi—. Tu debes entender, hay cosas más importantes.
—Perfecto. Yo debería ser tu prioridad. Siempre me dejas como una opción y no como prioridad. —Él se ríe—. Ya voy entendiendo las cosas, estoy cansada de esto, soy tu esposa, soy tu mujer y no parece.
—Eso no es así, tu exageras todo. —Rueda sus ojos e intenta tocarme.
—Entonces vamos, te acompaño; quiero ver quien o que me esta quitando la atención de mi esposo. Si es algo tan importante, yo te acompaño, quiero tu tiempo y si esa es la forma de conseguirlo lo voy a hacer. —Me pongo de pie y arreglo mi vestido, limpio mis ojos.
—No, eso no es asunto tuyo. Soy yo quien debe solucionar las cosas, mejor espérame acá. Yo no tardó. —Mis ojos se cristalizan—. Tu tarea es estar en la casa, antes agradece que trabajas, las mujeres casadas deberían estar en la casa, antes tienes un esposo que es compresivo y tiene empatía.
—¿Ya no me quieres, verdad? es claro que no me deseas. Eso es muy triste. —Eso es algo obvio—. Es muy triste ver como las cosas se nos salen de las manos, por culpa de la falta de tiempo, la falta de amor de tu parte.
—No empieces con lo mismo, sabes que no es así. Te amo y te deseo incluso más que el primer día, pero debo atender esto. —Se levanta y agarra las llaves del carro—. Adiós Anna.
—¿Estas tan seguro que nunca me perderás? me tienes tan segura, eso asumes. —Baje mi cabeza y la sostuve con mis manos—. Estás tan seguro de mi amor que asumes que siempre estaré contigo. Crees que nadie puede quitarte mi amor —dije entre lágrimas.
—Eso jamás pasará. O luego eres tu la que esta dejando de amarme, parece que eso fuera. —Lo miro horrorizada—. Y vienes a voltear las cosas para que te mire con lástima, para quedar como la victima.
—No voltees las cosas, mejor vete. Ve y ocupa tus prioridades, ya que ninguna de esas es tu esposa —hable con mi voz entre cortada.
Él sale renegando y yo... Me siento en un círculo vicioso, en un laberinto sin salida, esto se volvió algo nulo entre nosotros y él, no ve que estamos perdiéndonos el uno con el otro. Miro la foto de nuestra boda, me lleno de impotencia y lo lanzó al suelo rompiéndolo en mil pedazos.
Él besa mi frente y sale, no quiero llorar, pero es algo imposible. Me duele sus rechazos, me siento sola, siento que todo cambió, que todo es tan distinto. ¿No se si es culpa mía también?