Pasado un buen rato después del ataque de ira que experimentó con la información que Aisa le dio, Frangelico se tomó su café, mientras que Jack optó por hacer de cuenta que nada había sucedido y se volvió a concentrar en la revisión de los diseños.
—Bueno, cuéntame ¿qué opinas? —escucho Jack que le inquirió Frangelico cuando aparentemente se repuso.
—Mira, si estos modelos los hizo alguno de los diseñadores, dime ¿quién fue? —adujo Jack admirado—, digo, para felicitarlo, el concepto es novedoso además de que está bien estructurado.
—Lamentablemente no te puedo decir, y no, no lo hizo ninguno de aquí —le confesó el hombre canoso.
—¿Por qué no contratas a esa eminencia? Nos serviría para complementar las siguientes colecciones —dijo serio.
—Porque es alguien de la competencia —confesó en tranquilidad—, tengo gente infiltrada del otro lado.
Para Jack esto resultó no solo una sorpresa sino la muestra de los límites de Frangelico por lograr sus objetivos.
—Por lo pronto me sirve mientras me mantenga informado de los movimientos de la desgraciada de la Merkel, ella ni se imagina lo que le espera —dijo en una amenaza.
—Mira para mí están perfectos —se limitó a opinar Jack.
Al tener certeza del destino de los diseños, reservado como es, prefirió no opinar ni decir nada más. Siempre se ha cuidado de no aparecer en nada, ahora que parece tener un poco de más participación y hasta confianza en sí mismo, entendió que lo mejor era mantenerse al margen de lo que sea le hace sentir tanto odio. Como no e salgo que le afecte mejor limitarse.
—Bueno, me voy, abajo tengo muchos pendientes —anunció Jack buscando escapar.
Caminó hacia la puerta sin esperar que Jack le diera respuesta, tampoco era que la esperara.
—Llévate los bocetos, quiero que esos modelos salgan con tu nombre —le pidió Frangelico.
—¿Con mi nombre? —preguntó Jack en total negación.
—Sí, va a ser un diseño de Casa Mundi pero el diseñador destacado serás tú —anunció el canoso.
—Pues no, no lo quiero —dijo Jack.
—Es tu trabajo, esto es una orden, cumple y nada más, hombre —le exigió.
—En ese caso me despides o renuncio, no pienso plagiar el trabajo de la competencia —dijo firme—. A menos que me permites hacerle algunos cambios, de resto no haré lo que pides.
Frangelico se le quedó observando por largo rato.
—Antes no eras así, obedecías a todo lo que te pedía —acusó el hombre.
—Antes no me pedías hacer cosas que van en contra de mis principios —rebatió él—. Puedo ser un fracasado en la vida pero jamás traidor.
—Con esa mentalidad de pobre no llegarás lejos, muchacho —le advirtió.
—Tal vez no quiero llegar a esa distancia que consideras lejos, lo que tu aprecias no está en mi campo de visión, nuestros intereses son distintos —le recordó Jack.
—Eso es evidente porque si pensaras como yo, seguramente estuvieras destinado y encaminado a la cima del éxito, tal como vas no harás sino sembrarte en ese sótano —dijo con crudeza.
Jack sintió el peso de la amargura que normalmente le acompañaba y que se vio alejada momentáneamente con la presencia de Dinna.
Parado allí al frente de Frangelico, al escucharlo escupir todo el pronóstico de su futuro, no hizo sino aceptar que el zar de la moda tenía razón, al no aspirar a nada distinto que ocupar el cargo que tiene años desempeñando y que solo apenas unos escasos meses le ha sido oficialmente reconocido, estaba destinado a quedar sembrado en el eslabón más bajo en el mundo donde se mueve.
—Haz lo que puedas, pero eso sí, no desaparezcas la esencia —accedió Frangelico de mala manera—. Tómalos antes de que me arrepienta.
Jack obedeció también de mala manera, no era que le emocionara hacer añicos un diseño tan perfectamente elaborado. Si Frangelico era un ser desalmado, que no le importaba la suerte del mundo, Jack aunque era un ser apático, no estaba tan desinteresado de la suerte de los demás cuando ese destino dependía de él. Prefería no actuar si de hacer daño a otros dependía alcanzar algo en la vida. Él sabe perfectamente cómo se manejan las cosas en ese mundo, la superficialidad es el elemento fundamental para llegar a la cima, o eso es lo que ha visto desde que está trabajando en Casa Mundi.
Allí aprendió que en ese pequeño universo de la moda se teje mucha maldad para lograr una posición aceptable. Tal vez por eso él no se esfuerza en escalar más.
Como siempre, terminaba pensando, no tenía la malicia ni quien le acompañara a celebrar sus logros. Se conformaba con lo poco que había logrado hasta ese presente.
Después de conocer la real faceta de Frangelico, Jack abandonó su oficina con los bocetos de los diseños enrollados en su mano. Se fue sin ver a los lados ni hacia atrás. Su deseo era salir de inmediato de allí.
Desde ese momento aceptó que mientras no le perjudicara haría las adecuaciones a los diseños que le pudiera solicitar Frangelico.
El resto de esa mañana le resultó un tanto pesada, sobrevivió, así como lo hizo el resto de la tarde y al día siguiente luego de entregarle los diseños modificados a Frangelico.
—¿Por qué no me los llevaste a mi oficina —le preguntó el hombre en fastidio.
—Me pediste terminar para el viernes la colección de verano, ya la tengo casi lista, y te poner a pedir cosas que interfieren con mi función principal, no esperes que salga corriendo cada vez que se te ocurra otra tontería como esa —le dijo señalándole dibujos sobre su mesa.
—Por lo menos ya los terminaste —le dijo en queja—. Y te advierto, todos los trabajos que te encomiendo, son tan importantes unos como los otros, así que mejor que lo tengas presente.
—Claro que sé que son importantes pero yo trabajo por orden de entrega, esto fue una excepción, que no se te haga mala costumbre pedir cosas a la carrera —manifestó Jack en su acostumbrado tono de voz bajo y pausado.
—Sí, ya sé que las aspiraciones no van con el estilo de vida de un fracasado como tú —lo acusó de manera totalmente odiosa cuando justo salía de la oficina de Jack, lo que fue escuchado por todos los que estaban detrás de las máquinas dispuestas en el enorme salón del sótano.
—Fracasado pero con la conciencia tranquila —manifestó Jack sintiéndose engrandecido al confesar su buena labor con la sociedad.
—Hasta el día que esa esa limpieza de conciencia dé para pagar facturas y darme uno que otro caprichito, me avisan para dejar de seguir contratando más diseñadores tan inútiles 0ùle dijo con sarcasmo.