III. El verano del 18

3057 Words
¿Saben que cuando uno está triste por alguna cosa, todo el mundo te lo recuerda? Bueno, estaba pasándole a Dani. Ya había escuchado hasta la locura la canción “Verano” de La Oreja de Van Gogh por todos lados, radio, YouTube, salir a la calle y encontrársela en el transporte público ya era EL COLMO. Aniversario. Era primero de septiembre después de un agosto de porquería. Y oficialmente, si siguieran juntos, sería el segundo aniversario. Sábado, y por suerte, estaba la iglesia para sentirse mejor. Aquel día celebraban un cumpleaños, aunque no sabía de quien era, honestamente, no había socializado mucho, le costaba hacerlo… Era mejor escribiendo o leyendo. Quería escribirle a Richard por la fecha que era, pero ya no valía de nada, así que decidió que disfrutaría el día. –Ya, dime de quien es el cumpleaños. –Le preguntó a Mistral, una de las pocas amigas que tenía en Caracas. Según los avisos, harían un servicio en el parque y cantarían cumpleaños con tortas y todo. -Samuel. ¿No lo conoces? ¿Sánchez te suena? -Ammm, no lo creo. ¿Algún familiar que conozca? –Eso podría ser cierto, puesto que, aunque no lo pareciera, Dani conocía a muchas personas. Puede que no le gustara socializar demasiado, pero podría conocer cosas básicas de las personas. -Hermano de Jonathan. ¿Conoces a Jonathan? Lo cierto era que sí. Era un dolor de cabeza. Lo que recordaba de Jonathan Sánchez es que en ocasiones quería matarlo, golpearlo o lanzarle un zapato. Pero en otras cosas, era un buen amigo. “Amienemigos” era un buen término. Siempre la molestaba hasta la saciedad, pero había estado cuando Leandro le rompió el corazón. –Sí, conozco a Jonathan. Espera. ¿Hermano de Margaret? ¿Samuel? ¿Ese Samuel? –Recuerdos. Nunca le había hablado, sabía de quien era hijo, quienes eran sus hermanos, incluso sus primos. Pero jamás habían coincidido. Pero si buscaba en su memoria, ahí estaba, como una figura borrosa, y tal vez una moto. –Mis, ¿Es el chico curiosito de la camisa roja del fondo? –Preguntó al voltear y verlo. -Sí, él es. ¿Lo conoces? -Sí y no. O sea, sé quién es, pero nunca le he hablado. Lo vi una vez en un congreso de Unión. Pero no se veía como ahora. - ¿Hace cuánto fue eso? -Hace como seis años, creo. Cuatro, no sé. No estoy pendiente de esas cosas, pero sí recuerdo haberlo visto cuando quise matar a Jonathan por milésima vez. - ¿Por qué te pones roja? - ¿Me puse roja? –Soltó de pronto alzando una ceja. –Estás tonta. En fin, ¿A qué parque irán? -Los Próceres. Te encantará, es enorme. Ponte bonita, tal vez puedas gustarle, sí te pusiste roja. -Eso es ridículo, yo no me puse roja. Y ¿Qué tiene de malo mi ropa? Por favor, Mistral, deja de buscarme novios. -Está triste desde lo de Richard. -Un clavo saca otro clavo ¿No? –Respondió con sarcasmo. -Exactamente, vamos, date la oportunidad. -Mistral, es ridículo. No lo conozco, ya te dije. Es estúpido lo que dices y ya, llevo un buen record de no llorar por treinta días, no quiero volverme loca otra vez. ¿Me dejas el tema? -Creo que estás cerrada a la posibilidad. -Creí que se le llamaba ser realista. Si de casualidad le hablo, que no pasará, porque eso sería darte alas a ti, no será porque me guste. ¿Okay? -Como tú digas, pero tienes que admitir que es guapo. - ¿Y? Muchos lo son. Si nos enamoráramos de las personas por los guapos que son, los feos no tendríamos oportunidad. -Aguanta, eso no te lo permito. Tú no eres fea, Dani. –Rodó los ojos y los puso en blanco. –En serio, tú tienes belleza. -Ajá. Bueno, voy a prepararme, son las dos de la tarde y salimos a las tres. –Volteó ligeramente para ponerse aún más roja, al parecer las habían escuchado, por lo que correr por las escaleras pareció mejor opción, pero, en su lugar, solo caminó al filtro de agua y tras beber un poco, fingió estar NORMAL. “Te detesto, Mistral” –Pensó mientras ahora sí. –“No podía faltar el mes de septiembre con una nueva pena.” *** Se cambió de ropa, se hizo una trenza en el cabello, salió con su celular y cómo iba en una camioneta descubierta aprovechó de hacer unas cuantas tomas de la ciudad de Caracas con su teléfono. Hacía calor. Tenía que hacerlo, era verano. Se iban a “Los Próceres” y estaba disfrutando el viento en la cara y tenía una sonrisa genuina, Mistral no estaba para molestarla puesto que había ido en otro auto de los tres que habían salido con los jóvenes de la iglesia. Comenzó a grabar hacía un lado y visualizó la moto donde iba Samuel junto a alguien que conocía bastante bien, Dalvin. -A propósito ¿Qué tal Caracas? –Preguntó la chica a su lado, Ghermayory si mal no recordaba su nombre. -Cálida, vibrante, y muy aventurera. No me desagrada. –Contestó sinceramente mientras seguía su grabación. –Eres… ¿Una de las Luzardo? -Sí, sí. Así es. Sobrina de Rosmary y de Ysabel. ¿Se diferencia mucho Caracas de tu antigua ciudad? -Sí, bastante, para empezar, no tiene tantos edificios. –Apagó el celular y se concentró en hablar con la chica, no quería ser descortés. – ¿Se diferencia mucho de Mérida? -Demasiado. –Rió y vio la moto pasar al lado de la camioneta. –Lindos ¿No crees? -Demasiado guapos para su propio bien. –Respondió a broma y la vio reírse. –Soy… -Dani. Hija de Luis, sé quién eres. Todo el mundo lo sabe, a tu papá todo el mundo lo conoce. -Igual que a tu tía Rosmary. -Sí, sí. Por eso nos tenemos que comportar como señoritas todo el tiempo ¿Verdad? -Apesta. Quisiera enloquecer de cuando en cuando. -En el parque puedes gritar, sirve para desahogar frustraciones, y lo mejor, no seremos las únicas en gritar, cuando canten cumpleaños podemos gritar, la gente creería que estamos celebrando. - ¿Quieres desahogar frustraciones? ¿Cuál? -Me gusta alguien. Para mi mala suerte. Entendía el sentimiento de Ghermayory. Asintió y sonrió. –Gritaremos. *** El parque era enorme. Tomó muchas fotos, estaba enamorada del lugar y fue a primera vista. Era extraño, normalmente, en su vida, cuando le rompían el corazón no solía ver alegría en las cosas simples. Pero incluso los gansos, los rayos del sol y el verano hicieron que viera la ciudad de forma diferente. Hizo la comparación en su cabeza. La primera vez era fría y estresante. En la segunda, cálida y vibrante. Extraño. Estaban haciendo como un picnic entre todos, pasándose juguitos de limón con papelón, riendo, conversando. Conversaciones raras, podría decirse, pues luego de cantar cumpleaños, comenzaron a hablar de amor, un tema que a Dani le venía de malas, aunque no en aquella ocasión, fue como un soplo de aire fresco. –Realmente, ¿Cómo podrían decir que están enamorados? El amor nace del conocimiento. Pero nunca llegas a conocer a nadie completamente realmente. -La mitad podría ser un salto de fe. –Contestó un chico a la pregunta de Dani y Mistral solo le dio un codazo a ella. –Pienso. –Al voltear a verlo solo quiso rodar los ojos, sonrisa de lado, arrogante, intenso. Y ya gracias a Mistral sabía quién era. -Sí, claro. Y das el salto, porque crees en unas palabras que al final no tienen peso en la realidad. Y termina doliéndote. –Dijo sin siquiera pensarlo. –Digo, sí, las cosas cambian, pero ¿Las promesas no se mantienen? -Suena a resentimiento. -Tal vez lo es. –Dani notó algo interesante. Seguirle la corriente a la conversación era más sencillo de lo que pensaba, y de lo que había sido antes en toda su vida. Eso sí que era una novedad. Tal vez podrían ser amigos. –Iré a pasear. –Dijo levantándose de la manta y caminó hasta el borde del estanque donde había algunos peces. Tomó algunas fotos, grabó un par de vídeos del grupo mientras cantaban y jugaban además de los animales. -Conociéndote, eso fue un coqueteo intenso. –Volteó viendo a Mistral y puso los ojos en blanco para luego arrugar la nariz. –Acéptalo, fue intenso. -Fue una conversación normal y no quiero que estés repitiendo eso. ¿Puedes? -Es lindo, ¿No crees eso? -Sí, es lindo. Y se carga una sonrisa peligrosa, demasiado. Así que, por mi salud mental, me alejaré. -Eso no te lo crees ni tú. -Mis… Tengo que pensar en mí. Me voy a concentrar en estudiar, trabajar, crecer yo. Después veremos. -Es el plan más aburrido del mundo. - ¿Y estás diciéndome que soy aburrida? -Digo que eres como el verano. Demasiado ardiente como para seguir un plan tan fríamente calculado. -He pasado la vida improvisando, siendo un desastre y ahora, en serio, lo mejor es que me relaje, y deje que todo fluya como una corriente tranquila. Ya no insistas, ni me emparejes con nadie. -Okay, como tú digas, pero quiero verte feliz. -Soy feliz, ya sabes lo que pienso, depende de lo que decides ser y no de las circunstancias. -Ay, Dios mío. ¿Cuándo te volviste tan filosófica? Rió a carcajadas al escucharla. –Cuando me volví vieja y aburrida. –Alzó los hombros y soltó un bufido. –Pero no se lo digas a nadie. -Aburrida. *** Richard salió del grupo No le sorprendía que Richard saliera del grupo de su mini “club de fans”, al ser una escritora amateur, a algunos les gustaban sus relatos y la seguían, pero el grupito selecto que tenía en w******p apenas reunía a diez personas. Ahora nueve. “¿Qué pasa? ¡Salió el novio de la escritora!” Cierto, no les había explicado lo que había pasado. Tampoco quería hacerlo, así que solo escribió otra cosa, disfrazando un poco la verdad. “Richard salió por un tiempo, solo necesita concentrarse en su trabajo. Y no le da tiempo estar aquí…” Envió un adelanto del capítulo de su novela y dejó que comentaran como estaba, puso una película y trató de relajarse aquel domingo. Cantó un par de canciones y tras grabarlas las subió al grupo. Esa era la rutina. Verano. Los mejores recuerdos surgían en verano. Viajó a casa de su abuela, volvió a Caracas, que al menos, ya no le parecía tan aburrida. “Esa chica”, era su nuevo tema. La canción de “La oreja de Van Gogh” que la llevaba en obsesión, las cosas iban bien al menos en las novelas, llegando a más de 10k en lecturas y comentarios, no eran millones todavía como las escritoras que admiraba, pero algo era algo. Al menos alguien le gustaba lo que hacía, pero el corazón lo tenía hecho puré. Al menos un poco. Había cosas que extrañaba, lo simple del anonimato, perder el tiempo frente al mar, pasear con sus amigos por la ciudad costera de Cumaná en motos, y sus botas altas. Pero tenía que adaptarse, lo vería como un ensayo para cuando pudiera darse su viaje por todo el mundo y ver las ciudades más vibrantes y estresantes existentes. –Esto es solo un bache en el camino. ¿Okay? No necesitas a nadie más para ser feliz. Y desde entonces, todo fue mejor. No había hablado con Richard por todo septiembre, y menos en octubre. Trabajar le había venido de maravilla, pero el verano terminó. Si algo detestaba eran los finales de año, esperaba que el 2018 no fuera tan horrible. OCTUBRE. Hablar con Samuel había pasado de ser forzoso a ser fácil. Aunque “opuestos” se quedaba corto. Eran DIFERENTES, en mayúsculas. Lo bueno, es que Dani no necesitaba esconder ninguna locura porque no le importaba lo que pensaba de ella, ni él, ni nadie. Ser rara era lo que la hacía ser especial. Pero de cuando en cuando sucedían conversaciones como esta: -Combina con mi camisa. - ¿El qué? Shhh. Estamos en el segundo servicio. -Tus zapatos, la punta gris combina con mi camisa. -Es el mismo tono de gris, obvio va a combinar. ¿Sabes con qué también combina? Con la biblia, es el mismo tono. -Sí, ¿Y si te la quito? La mía es vieja. -Ehhhh… Me la compré hace dos días, no quiero que me la quites. - ¿Y si te la quito? -Estás loco. Conversaciones que no pasaron desapercibidos, tal vez debió ser más sutil en hablarle para que no aparecieran los cuentos. -Estaban coqueteando, en pleno culto. Te vi. -Mistral, eso no pasó. Estás viendo cosas que no son, necesitas lentes. -Lo conozco bien. Estaba hablándote en el segundo servicio y riéndose, y jugando con tu biblia. -Es una cosita de bolsillo, que parece de juguete, es obvio. Cualquiera lo habría hecho. - ¿Y lo de los zapatos? - ¿Oíste eso? Ay por favor, no tiene nada que ver que haya mencionado mis zapatos. - ¿Cuándo los compraste? Porque son nuevos. -Ayer. ¿Verdad que son preciosos? Me encantan. -Ese no es el punto, se dio cuenta de tus zapatos. O sea, te estaba observando. -Ahhh, ¿Y qué con eso? No quiere decir nada, cualquiera pudo verme los pies. Es más, hagamos un experimento, pregúntale a cualquier otra persona si notó algo diferente en mi atuendo hoy. -Eres más terca que la mula. ¿Qué importa el resto? Tal vez le gustas. - ¿Quién es la terca? –Rió y rodó los ojos. –Mistral Ávila, eres una romántica pérdida. -Dani, Rosita, Danisita. Tú eres la romántica. Tú eres la que escribe romance. Dime, ¿Qué harían tus personajes de novela? El chico cuando le gusta la chica. - ¿Lo dices en serio? –La vio asentir y terminó por hacer una mueca. –Déjame pensar. Los clichés clásicos son, salvarla, o hacer un gesto romántico gigante, o tirarle los libros. -Demasiadas novelas. -Porque son ficción, hija. No es la vida real. Tú no lo entiendes, creo que solo quieres chispas. -Y tú chispeas mucho cuando comienzas a reírte hablándole. -Es gracioso. Dice cosas muy chistosas, aunque sea odioso, a mí me causa gracia. -Porque tú también eres una odiosa. -Hasta aquí dejo la conversación. *** Era un domingo cualquiera, pero estaba feliz pues una amiga le había escrito. Una de las que solía ver en Cumaná y con la que salía a la playa a tomar el sol. Estaba en Caracas, así que iban a encontrarse en Sabana Grande a comprar algunas cosas y a pasar el rato. Diana era de sus mejores amigas y vaya que necesitaba aquello. –Ropa de invierno. Botas… ¿Cuándo te vas a Alemania? -Espero hacerlo antes de diciembre. ¿Tú no irás a México? –Negó Dani al escuchar la pregunta. –Pero ibas a irte a México antes de noviembre. -Cambiaron los planes. El pasaporte lo pedí en Cumaná en junio y no lo pude tener, me mudé. -Pensé que estabas aquí de vacaciones. -No, es mudanza definitiva. Segundo, ya no tengo motivos para ir a México. Terminé con Richard. Ya no quiero ir. - ¿Y te quedarás aquí? Oye, hazlo, eso de viajar, fue tu sueño. Siempre. Yo te conozco. Lo decías, Ciudad de México. Toronto, Nueva York, Chicago, París… Tienes que cumplir el sueño. -Tal vez eso es todo, un sueño y ya. Me enviarás fotos de Alemania ¿Verdad? Postales y postales con sitios turísticos. -Claro que lo haré, pero estás renunciando a tus sueños ¿Por Richard? -No, no, solo estoy siendo realista. -Apesta. Apesta demasiado carajo. No, ¿Qué te pasa? Reacciona, tú eres echada pa’ lante. La que tomaba vodka y tequila sin limones. -Eso fue antes de que decidiera seguir en la iglesia. -Ese no es mi punto, estás deprimida y se nota, no tengo nada en contra de tu decisión de seguir a Jesús y la Fe, de hecho, eso no te había perdido, seguías teniendo chispa y musicalidad, solo que sin beber alcohol y decir groserías, cambiaste para bien, pero mantenías tu esencia y no era esta cosa deprimida que tengo en frente. Tengo la solución. Sígueme. –Sintió el jalón de Diana saliendo de la tienda luego de pagar. Comenzaron a caminar en todo el boulevard hasta llegar a un McDonald’s. - ¿McFlurries? Oye, nunca me habías llamado cosa. -Pues esto que tengo en frente es una cosa. Vamos, brilla. ¿A quién diablos le importa Richard? Él se lo pierde. Además, ser soltera no es ninguna enfermedad, cielo. –Vio a su amiga pedir los helados y pagarlos. En algo tenía razón, el helado de chocolate y galletas curaba todo. –Hagamos algo divertido. - ¿Cómo qué? ¿Yo te hablo en inglés y tú me contestas en alemán? -No, hablemos las dos en inglés porque no entiendes el alemán. ¿Qué dices? -It’s perfect for me. (Está perfecto para mi) -Oh, my God. That’s my girl. (Oh ¡Dios mío! Esta es mi chica) –Ambas rieron y comieron de sus helados mientras seguían hablando en inglés. Era divertido ver a la gente voltear y mirarlas extrañados, otros se reían porque seguramente entendían. Sea lo que sea, la conversación con Diana, comer helado y cantar en el boulevard habían drenado todo lo malo que llevaba en el cuerpo. –Someday, somewhere, there is a guy for you. (Algún día, en algún lugar, hay un chico para ti) -Thanks, Diana. (Gracias, Diana) *** El resto de octubre fue perfecto. De sonrisas en sonrisas. Quedarse enfrascada en un final triste no era su onda. Ya antes había superado a Leandro, y estaba superando a Richard. Le quedaba cariño por él, pero ya no era lo mismo. Siempre, en todos los veranos donde hubo un corazón roto en su vida, los amigos que tenía estaban para darle una mano, y en algunas ocasiones, un trago. Claro que ya no bebía. Pero por lo menos, tenía helado. Algo tenía seguro, no iba a dejar su corazón en manos de nadie más.
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