-Abigail- — ¿Hola? –saludo pidiendo permiso a la rubia acostada sobre su cama, antes de entrar a su habitación. Se sienta rápidamente y tras el susurro de un “Hola”, esquiva mi mirada como aquel día en el juego de futbol. Ahora entiendo que no es lastima impregnada en sus ojos, es vergüenza e incomodidad de sentir el reproche en los míos. — Pasaba a saludarte –miro las fotos de nuestra infancia sobre su repisa y los recuerdos traen la alegría de aquellas épocas-. Lindas épocas ¿no? –señalo la foto donde estamos abrazadas y ella mira de soslayo- nos divertíamos sin preocupaciones, todo era más sencillo con nuestra inocencia y la imaginación de nuestro lado. — Ya no queda nada de esas dos niñas –resuelve, abrazando sus rodillas contra su pecho. — Exacto, no queda nada –le doy la ra

