Capítulo 13. Inicio de vacaciones…

4824 Words
Llego el lunes y Lolimar sale muy temprano con Mariangel camino al aeropuerto, el vuelo de ella salía a las diez. Ella la acompaña hasta que Mariangel pasa a la zona de embarque  y ahí espera montar el avión que la llevaría a Suiza junto a Euro, son diecisiete horas con cuarenta y cinco minutos exactos los que la separan de su amado. El avión salió justo a la hora indicada y ella muy nerviosa, come un trozo de chocolate, para calmar su estado de ansiedad. Ella respira muy profundo y solo piensa en el momento que volverá a ver a Euro. Busca nuevamente en su bolso el sobre con la pregunta que él le hizo y la joya que estaba en el estuche, lo contempla, cierra los ojos y recuerda cada caricia y todo lo que él le hace sentir, pero también, todas las veces que ha desconfiado de ella. Por otro lado, en el Aeropuerto Internacional de Ginebra, faltando dos horas para que llegue el avión que viene desde Maiquetía, Euro, está ansioso esperando a Mariangel, según las horas de vuelo y por el cambio de horario, ella llega a las nueve y cuarenta y cinco minutos de la mañana. El caminando de un lado a otro, está a la espera que anuncien la llegada de vuelo, hasta que por fin confirman la llegada y el camina apresurado hacia el área de los vuelos internacionales y alcanza a verla, extendiendo sus brazos para recibirla. -      Ella, salió corriendo hacia él, quien todo emocionado la levanta en sus brazos girando con ella y comiéndosela a besos. Mariangel llora toda emocionada y se aferra a su pecho, diciéndole… te extrañaba tanto. -      El besándola apasionadamente, le responde… y yo a ti, mi vida. Agarra la maleta y sale con ella del aeropuerto hacia el hotel donde se encuentra hospedado. -      Al montarse en el taxi, él pregunta ¿Cómo estuvo el viaje? -      Ella... agotador, estoy loca por bañarme y dormir… -      El… te juro que es lo que vas a hacer, dormir, vamos para que descanses y te repongas del largo viaje. -      Ella... casi  acostada sobre él, escuchando sus latidos, sintiendo su aroma, recibiendo su aliento al respirar, lo abraza fuertemente. El, le dice muchas cosas al oído, que la hacen estremecer. Al levantar su cara y su cuerpo del pecho de él, ella lo mira fijamente a los ojos… El taxista miraba disimuladamente por el retrovisor interno y presenció uno de los besos dado con mayor pasión. Al llegar al hotel, el la ayuda a bajar, busca la maleta y paga al taxista. Entra al hotel, reporta a recepción la llegada de su señora, quien se alojara con él en la suite. E inician el proceso de Check-in y le dan  la llave. Los dos suben con el botones quien es el encargado se subir el equipaje. Al entrar a la suite, Mariangel queda deslumbrada de la belleza y del lujo de la suite, el recibe la maleta y da una propina al joven. Una vez que este sale, Euro la toma por la cintura, la besó tiernamente y le dice ven vamos para que desayunes algo y te acuestes. El la conduce a un comedor, donde tenía servido un desayuno con ricas fruta, jugos, panes, chocolate, quesos, mermelada y hasta frutos secos. -      Ella… déjame ir primero al baño… me lavo y despues como te parece. -      El… ven -      Ella camino de la mano con él, entró al baño, se lavó la cara, las manos, se aseo en general y salió contemplando una enorme cama, pensó, esa es su debilidad las camas grandes y sonrió… -      El observándola, se le acerca y le pregunta ¿de qué te ríes? -      Ella… del tamaño de tus camas… es para no caerte, ¿verdad? -      El… y para evitar que tú también te caigas… -      Ella… vamos pues, ahora si tengo hambre. -      El… desayunamos juntos, tampoco he comido esperándote para hacerlo contigo. -      Ella… pero no quiero estar lejos de ti… -      El… ya lo solucionamos… y pego su silla a la de él, en medio de sus piernas, de tal manera que al sentarse ella quedaría entre sus brazos. Así compartieron el desayuno, los dos mordían y comían de la misma fruta, bebían del mismo vaso, y el uno le daba al otro en su misma boca comida. Fue una bella experiencia, que nunca olvidaría. Realmente Euro sabía cómo hacerla sentir amada, querida, deseada, valorada. Él era lo máximo, salvo por sus celos. -      Ella… gracias por complacerme, gracias por traerme, gracias por hacerme sentir tan dichosa… -      El… lo mismo te debo a ti, porque si no te decides a buscarme y llamarme como lo hiciste, hubiésemos perdido esta semana, de compartir en este frío, lo ardiente y caliente que sentimos el uno por el otro. Gracias, gracias y gracias, mi negrita bella. -      Ella… es la primera vez que me dices así… -      El… fue una inspiración… -      Ella… te deseo inmensamente, pero para estar a tu altura necesito dormir, dime ¿cuál es mi habitación? -      El… susurrando a su oído, estás  loca mi amor, si piensas que te dejare dormir sola, nada que ver desde hoy comienzas a vivir como la señora de Ferrer… ¿te parece? -      Ella… me encanta… y sonrió. El notando el cansancio y el sueño que tenía, se levantó de la silla, la tomó en sus brazos, la recostó en la cama, cerró la cortina, apagó las luces, luego cerró la puerta. Mientras, él se dedicó a revisar su correo, para ponerse al día e iba dando respuesta a cada uno. Pasaron las horas, él se acercaba a la habitación para cerciorarse todo estuviera bien y ella estaba profundamente dormida. Siendo la hora de almuerzo, pidió un servicio doble. Esperando ella se despertara para comer. Como no fue así, almorzó solo. Luego entró a la habitación, sin hacer ruido se bañó, se colocó una pijama porque había demasiado frío, con todo y la calefacción que poseía la suite, y se acostó a dormir un rato junto a ella. Al caer la noche, siendo aproximadamente las siete de la noche, Mariangel se despierta, temblando del frio. Ella observa a Euro, durmiendo del otro lado de la cama de donde ella estaba dormida… se levanta suavemente, entra al baño, para asearse y tomar una ducha con agua  caliente, aprovechando que él está durmiendo. Al salir, no lo consigue en la cama, pero siente que él está hablando con alguien. Lo cual aprovecha para vestirse, poniéndose algo cómodo. -      El al verla, le dice… ven acá mi bella durmiente, me imagino estas muerta de hambre… -      Ella… definitivamente sí. -      El… acabo de pedir la comida… en ese instante tocan a la puerta, ella se retira porque anda muy transparente… -      Era la persona del servicio. Euro le da las gracias y le da nuevamente propina. -      Ella, al escuchar que la persona salió,  se acerca nuevamente a Euro y le dice al oído, tengo mucho frío, provocando intencionalmente. El, la mira y sonríe de ver cómo se atrevió a cruzar un continente sola, para estar con él. -      El… me tienes loco de deseo Mariangel… la atrajo totalmente a su cuerpo, la beso y la levantó en sus brazos, caminando con ella hacia la recamara, la acostó en la cama, mientras la desnuda y se quita su pijama. Así, comienza a recorrer todo el cuerpo de ella, descubriendo, besando y acariciando cada centímetro de su piel desde la cabeza hasta los pies. Ella como una gata, solo gime de placer, ruido este que a él le fascina y lo enloquece. Era todo un experto en despertar el deseo en una mujer. -      Mariangel… te amo Euro, te amo infinitamente. El, feliz por fin pudo escuchar lo que tanto anhelaba. -      Euro… repítelo mi negrita bella, por favor, no sabes cuanto he anhelado escuchar de tus labios esas palabras… te amo mi Mariangel mía, solo mía. -      Ella… sabias mejor, lo que sentía por ti. -      El… no te creas, a veces dudaba… -      Ella… hazme tuya, ya no puedo vivir sin ti, pase una semana horrorosa sin tu presencia, sin tus besos, caricias, sin esto, mi amor… -      El… la complace de inmediato, y la hace temblar y vibrar de deseo y pasión hasta lograr que ella disfrute la plenitud, el éxtasis, mientras el concentrado en sus reacciones, disfruta cada gemido, cada gesto y cada movimiento de ella. Dios, lo tenía loco, nunca había experimentado todo esto en una sola mujer y vaya que sí tuvo mujeres, sobre todo, después de la separación de su ex. -      Ella, logrando venirse simultáneamente con él, le recuerda que se está bebiendo las pastillas, que por favor, no se retire cuando se venga, ella quiere sentirlo total y plenamente y así fue… Los dos satisfechos, plenos y abrazados, escuchaban los latidos del otro. -      Y así se quedaron un buen rato hasta que el besándola de nuevo, le pregunta ¿tienes hambre? -      Ella… sí. Ahora si tengo, la necesidad de buscar alimento, comer; porque la otra hambre que traía ya ha sido satisfecha. -      El… feliz y riendo por sus palabras le corrige… la hemos satisfecho… -      Ella, préstame una de tus camisas que me abrigue y me quite el frio… -      El interrumpiendo… para eso estoy yo o en todo caso, está mi cuerpo, no una tela, ¿te parece? -      Ella… Obvio mi amor, estoy de acuerdo contigo, pero el frío está muy fuerte por favor -      El… tengo un regalo para ti, para protegerte del frío y le muestra un bellísimo abrigo, el cual le puso encima de su cuerpo desnudo… -      Ella, desfilando el abrigo, le pregunta… ¿Cómo me queda? -      El… precioso y la besa nuevamente… -      Pero ella riendo se escapa, diciéndole… tengo mucha hambre. Los dos se sientan en torno a la chimenea, a comer una de las comidas típicas de la región, como el fondue de queso y a compartir una copa de un buen vino, aun cuando a ella no le gustan las bebidas con licor. -      El enciende la televisión mientras comen y busca algo que puedan ver, consigue en uno de los canales una de sus películas favoritas y le pregunta… ¿te gusta? -      Ella… si es una de mis favoritas. El sentándose entre sus piernas en un sofá grande que estaba adherido al suelo, la abraza fuertemente para lograr calentarla, porque ella temblaba del frío y la acomoda para que puedan disfrutar juntos, el compartir su primera película juntos. Disfrutando además, las escenas románticas de la misma, como estímulo para saciar entre ellos, esa necesidad del uno por el otro. Una vez que terminaron de comer y de ver la película, se retiran a la habitación para calentar más a Mariangel, ya que le estaba pegando mucho el frío. Le puso un pantalón de calentamiento de él, grueso, uno de sus abrigos, aparte de las medias y guantes, la acostó y arropo primero con su cuerpo y luego con cobijas gruesas, así se fue calmando y quedándose de nuevo dormida. Al otro día, en las primeras horas de la mañana se observa brillar el sol, pero la temperatura está en 8º. Ella se despierta muy sonreída, totalmente arropada por sus brazos. -      El que tenía rato contemplándola, le dice… te ves hermosa, relajada, tranquila, por favor, mi negra bella, deseo que las 24 horas del día sean así, que a pesar de los contratiempos, contrariedades y problemas del trabajo yo siempre tenga en mi casa, esta mujer que estoy contemplando y amando desde hace rato. Vamos a disfrutarnos y a prometernos que nunca nos acostaremos bravos, indistintamente del conflicto o la diferencia que presentemos. Que la cama sea un lugar sagrado para los dos, donde limamos asperezas, hablaremos, aclaremos las dudas,  pero sobre todo donde nos demostramos día a día el amor y el deseo que sentimos por el otro. -      Ella… me parece divino ese acuerdo, lo acepto, es un compromiso de convivencia… -      El… ahora, quiero que hablemos de lo que encontraste en el penthouse… -      Ella, se levanta y busca su bolso de mano, sacando de ahí el papel con el escrito: ¿te quieres casar conmigo? Y el estuche con la joya… y se las pone en sus manos… -      El, sin saber que decir, le pregunta… ¿Qué significado le doy a esto que estás haciendo? -      Ella… primero: quiero que no sea a través de un papel, te quiero escuchar pedírmelo… y abre su mano izquierda aguantando para que no diga nada aun; segundo: no necesito una joya para asumir este compromiso que adquirí contigo cuando yo misma marque y delimite mis derechos sobre ti; tercero: vas a ser tu quien me coloque el anillo, porque te estas comprometiendo conmigo, sobre todo a ser fiel. Y por último, quiero que me pongas ese anillo, cuando tengas la suficiente confianza en mí, que no te quede la menor duda de lo que siento por ti. -      El… relajándose, riendo y levantándola en sus brazos ahí mismo en la cama, le pregunto ¿te quieres casar conmigo? -      Ella… disfrutando esta locura de él, respondió… con algunas preguntas… ¿estás seguro? ¿crees en mí? ¿confías de veras? -      El… si, mi negrita bella… que mejor muestra de tu amor, que esta, mira mi amor, estás en un país con temperaturas de menos cero, solo por estar conmigo, atravesaste dos continentes y el atlántico por mí, sé que lo del crucero ha sido igual, porque ya de alguna manera tu sospechaba en cualquier momento yo te alcanzaría en el mismo. -      Ella… abrazándolo  y besándole la frente, nariz, barbilla y boca le responde… si, acepto. -      El besándola y desnudando nuevamente su cuerpo, le demuestra con caricias su amor… una vez terminado este acto puro de amor entre ellos. Euro se sienta en la cama, toma el anillo del estuche y se lo coloca. Sellando con esto un compromiso matrimonial que según sus propias palabras es para los próximos días, porque él no está dispuesto a dormir sin ella, de aquí en adelante. -      Mariangel, feliz, recibe el anillo y la promesa de ese compromiso. Él había planificado comenzar ese día un recorrido por Ginebra, una de las cinco ciudades más ricas del mundo. Así que haciéndola que se levante y se abrigue muy bien, la lleva a conocer la fuente Jet d`Eau de Ginebra literalmente, chorro de agua. Luego la llevó al casco antiguo, pasando por  la Catedral de San Pedro de Ginebra y la Capilla de los Macabeos, así como al Parque del Bastión y el Muro de la Reforma y el Museo de Arte e Historia. Terminando el día en la Place du Bourg-de-Four la cual es una plaza con fuentes y numeroso cafés y restaurantes, donde comieron. Llegaron al hotel sumamente cansados, y Mariangel no se sentía tan afectada por el frío como el día anterior. Al llegar al hotel, se ducharon, cambiaron, prendieron la televisión, de la recamara, ella se acomodó en sus brazos, para supuestamente ver la tele, pero se quedó  dormida. E igual le paso a él. Al cuarto día, nuevamente salen de recorrido y esta vez comienzan visitando La Casa Tavel (Maison Tavel) la casa más antigua de Ginebra; y llegaron a la Torre Molard, la cual está justo a la salida en la Plaza, después del casco antiguo, entre otros. Al quinto día deciden quedarse en el hotel y disfrutar de sus instalaciones como de los placeres de estar juntos. Se estaban volviendo inseparables y se divertían mucho juntos. Ya solo les quedaba un día, porque al día siguiente volarían a Barcelona, en España para zarpar posteriormente, por catorce días al crucero. Antes de salir de Suiza, llama a su mamá y le dice que está muy bien, que ha recorrido muchos lugares turísticos, que le llevaría un montón de fotos sobre los lugares donde estuvo. -      Su mamá, alegre, le desea muy feliz viaje y le pide que se cuide mucho. -      Ella, le pide la bendición y se despide de ella. -      Euro, habiendo escuchado la conversación, le pregunta… de veras tu mama no sospecha que andas conmigo… -      Mariangel… no se cariño, es más, la escuche normal y muy tranquila. -      El… porque eso fue lo que transmitiste, que estás bien y tranquila… Ella… yo agregaría “muy bien” Y le da un beso con un mordisco en el labio inferior, que hizo él saliera corriendo detrás de ella, la tomara en  sus brazos y le hiciera nuevamente el amor. Definitivamente, estaba viviendo una luna de miel, por adelantado. Al día siguiente se levantaron temprano, para salir al aeropuerto con destino a Barcelona, lugar donde zarpa el crucero que los llevará por catorce días a un recorrido por el Mediterráneo. La llegada a España, fue extraordinaria, sin contratiempo ni retraso, una hora y dieciocho minutos. Al retirar las maletas, Euro llevando las dos maletas, camina junto a ella, hacia la salida, buscando un taxi que los traslade al hotel donde Raquel hizo la última reservación. Al llegar a la recepción del hotel, el pregunto por una suite a nombre de Euro Ferrer y su señora. La joven que los atendió les confirmó la reservación y les dio la más cordial bienvenida, llamando un botones para que los acompañara a la habitación. Euro al llegar abre la puerta, le pide al botones que deje las maletas en la entrada y lo despide dándole una propina. La suite cuenta con un dormitorio, con cama King size, vestidor, baño completo y un salón independiente, TV de 40”, la cual le fascino a Mariangel. Desde aquí tenía una vista panorámica de la playa extraordinaria. Cómo llegaron temprano, Euro la invito a conocer, fueron a la Sagrada Familia, Basílica Menor, luego la  llevo al Museo Nacional d'Art de Catalunya y la Plaza del Rey, dentro del Barrio Gótico. Al retornar al hotel, el la llevo al restaurante y discoteca de ahí mismo. Primero cenaron y luego fueron a la discoteca donde al igual que en América estaban de moda las canciones favoritas de los dos. Por lo que aprovecharon la noche, para divertirse bailando y muy especialmente para que ella se deleitaba escuchando a su prometido cantar. Estuvieron hasta bien entrada la madrugada disfrutando del baile. Retornando posteriormente a la suite, la cual fue testigo mudo de la pasión y deseo que los envolvía por igual y donde los dos disfrutaban al máximo el nivel de compenetración que tenían. Estos días, cargados de tanto amor, pasión y deseo, rebasaron cualquier sueño que Mariangel o Euro pudieran tener. Estaban hecho el uno para el otro. Podían pasar horas platicando, conversando sobre asuntos personales, íntimos, como de cultura o de trabajo e incluso de política. Euro  estaba asombrado de la capacidad de Mariangel para adaptarse a cualquier situación, así como de disfrutar las cosas sencillas del diario acontecer. Mientras más la conocía, más la amaba. Ahora entendía porque fue tan fácil enamorarse de ella. Aparte de todas las demás virtudes. Esa noche en Barcelona se amaron como nunca. Y se quedaron dormidos casi al amanecer. Siendo las diez de la mañana Euro escucha el repique de la alarma del celular, al parecer había repicado varias veces y ellos no lo habían escuchado. Teniendo escasamente una hora para estar en el muelle donde zarparía el crucero, se dedica con besos a despertar a Mariangel… -      Mami… mi negrita bella… mi amor… mi vida… despierta que nos deja el crucero, por favor despierta… -      Ella abriendo los ojos, le pregunta… ¿qué pasa? -      El… si no estamos en menos de una hora en el muelle nos deja el crucero -      Ella… tranquilo, ya me levanto y me visto… y al mirarlo, mi amor, pero tú no te has vestido… -      El me voy despertando igual que tú…  creo que fue nuestra mejor noche… y la besa. Buenos días mi amor… -      Ella… así quiero me despiertes siempre… hasta cuando estemos seniles. -      El… prometido. Ahora señora a levantarse y rápido, nos vamos sin comer, compramos algo en el muelle ¿te parece? -      Ella… ok. Se levantó y se metieron los dos al baño para asearse, encendiéndose entre ellos las llamas del deseo, pero por ahora no las podían apagar. Así que bajaron con urgencia al lobby del hotel y pidieron un taxi. La joven de recepción les dijo que debían apurarse… -      Euro presionó al taxista para que se apurara y le ofreció pagarle el doble de lo que saliera la carrera, pero ellos no podían perder el crucero. Y así fue, llegaron exactamente a la raya de que dieran la orden de zarpar. Los dos como adolescente subieron corriendo del muelle al barco. Y al llegar arriba donde estaba su camarote se abrazaron felizmente, disfrutando totalmente lo que acababan de vivir… era un derroche de adrenalina. -      Los dos felices, más amantes que nunca y muy enamorados, estaban dispuestos a disfrutar su nueva vida, contra viento y marea. Al entrar al camarote tanto a Euro como a ella les fascino lo que vieron. Había hasta un ramo de rosas rojas. -      Euro… revisa para ver quien te las envía  -      Ella toda emocionada… busca alguna tarjeta y ahí estaba… solo decía “Por favor, acéptame como tu esposo para toda la vida” E.F. -      El… ¿Qué dices? -      Ella… ¿esto fue enviado, antes de que llegara a Suiza? -      El… sí, por si me fallaba una estrategia me quedaba la otra… -      Ella riendo y totalmente enamorada, lo enlaza por el cuello y se lo come (literalmente) a besos… y le mostraba su anillo de compromiso… -      El… te amo Mariangel, creo que llegamos y de una vez nos casamos, yo no voy a aguantar estar días de novios haciendo visitas, después de todo lo que hemos vivido y lo que nos falta aquí, en este camarote. -      Así que por favor, autorízame para hacer los trámites, solo tengo que hacer unas llamadas y nos casamos el mismo día que lleguemos al Zulia. Puedo hacer que obvien algunas formalidades y nos casamos de inmediato… -      Ella… algo confundida, pensando en su mama y sus hermanos, le respondió… como quieras… -      El la tomo en sus brazos y nuevamente giro con ella, diciendo a su oído, te amo, te amo, eres mía, mami, toda mía. -      Ella… y tú eres mío, no estoy dispuesta a compartirte con nadie… -      El… eso te lo juro… -      Ella… mi amor tengo hambre -      El… vamos al salón principal, según las instrucciones que nos dieron, tenemos 24 horas de comida. Mami cuando Raquel te explico el recorrido del crucero te nombro Marsella, porque sera nuestra primera parada, ahí nos podemos bajar para conocer algunos lugares históricos o importantes o nos podemos quedar en el barco disfrutando sus instalaciones, tú decides… -      Ella, creo que si lo nombro, pero como estaba tan enojada y llorando no preste mucha atención al itinerario del barco. No sé, mi vida aprovechemos y conozcamos la instalaciones del barco ¿te parece? -      Perdón mi amor, por todo lo que te hice pasar, pero me estaba negando a reconocer lo que brotaba por todos los poros, de mi cuerpo, mi gran amor por ti. Y estoy de acuerdo contigo, prefiero quedarme y disfrutar del barco… -      Ella… Y yo, empezaba a notar que algo me estabas haciendo, como apoderarte de mi voluntad y mandarme como una niña, aunque lo que no me disgustaba era cuando me cuidabas, me fascinaba sentirme protegida por ti. -      El… bueno todo eso ya es pasado, vamos a vivir y disfrutar nuestro presente, lo que nos depara la vida… -      Ella… estoy de acuerdo… ¿Qué deseas comer? -      El… déjame ver… -      Los dos eligieron frutas, jugo, pan tostado con jamón, queso y verdura. El agrego huevos revueltos y papas. Con las bandejas lista se ubicaron en una de las mesas. -      El… te fijaste que tenemos balcón al mar, eso significa que en la noche te puedo hacer el amor a la luz de las estrellas… -      Ella… me parece divino… por favor no se te olvide cumplir, porque se me hizo agua la boca y los dos rieron. Desde la mesa donde se encontraban veían el mar y el sol incandescente que brillaba al máximo. Al terminar de comer, el, la invita a recorrer el barco, hay piscinas, toboganes, salas de juego, cocina, discotecas, tiendas, restaurantes, entre otros, además de espectáculos en vivo. -      El… ¿vas a utilizar el traje de baño que compraste? -      Ella… obvio, si lo compre para ti… -      El… pero ¿es privado, solo para mí? -      Ella… riéndose... en mi vida me he puesto algo así, pero estaba demasiado enojada contigo. -      El tomándola por la cintura, acariciando su cuello, su hombro la hizo estremecer y temblar. Mariangel se sentía realmente embriagada pero de él. Ello lo mordió para mitigar un poco lo que sentía, pero en el labio inferior, lo cual constituye una de sus grandes debilidades, ya descubierta por ella. -      El perdiendo el control de la situación, le pide ir al camarote… -      Ella… acepta, pues está en la misma situación que él,  desbordando de deseo por él. -      Los dos van camino al camarote, apenas llegan, el, la levanta en sus brazos y la sube a la enorme cama… susurrando al oído frases como voy a amarte tanto que no te vas a poder separar de mí. -      Ella… hazme tuya, ámame por favor… hazme el amor… -      El… si… -      Ella, se quedó en silencio, escuchando los latidos del corazón de Euro, escuchando los gemidos que el también emitía… -      El, disfrutaba totalmente de su mujer, la amaba infinitamente y sintiendo los mismos estremecimientos que ella, se venía simultáneamente con ella, lo que para algunos es tan difícil conseguir, ellos lo logran cada vez que están juntos. -      Ella extasiada y acostada boca abajo se quedó dormida mientras él lo hizo encima de su espalda. Así que durmiendo totalmente desnudos se quedaron el uno encima del otro… Ese primer día, se quedaron en el camarote. El la ayudaría a alcanzar otro sueño, amarla a la luz de las estrellas, precisamente de frente a la cama y casi del tamaño de la misma, disponían de una ventana que les permitía observar el mar y el cielo. Euro corrió la cortina, para observar de cerca el cielo estrellado.  El para celebrar que ella había aceptado ser su esposa, pidió dos servicios de comida, junto con una botella de Champán, este servicio llegó a los diez minutos. Ella aun no despertaba. Al transcurrir unos minutos más, ella despierta, contemplando la belleza de panorama que tiene en el frente… se levanta de la cama y al caminar al balcón observa ahí a su futuro marido recibiendo la brisa del mar que a esa hora se puede experimentar. -    Él al voltear, la observa, está muy orgulloso de ver ese rostro totalmente bronceado, feliz, con esa sonrisa que comunica lo contenta que ella se siente, y la invita… vamos a cenar aquí, ya la comida está y le muestra la mesa. -  Ella… sí mi amor, déjame ducharme y vengo… El prepara la botella para hacer el brindis por su matrimonio con ella. Mientras ella se arregla y decide estrenar uno de los trajes que  compro. Al salir al balcón, él le sirve una copa de champán y  se prepara una para el mismo. Y brindan por su futuro matrimonio. Los dos se sientan a disfrutar la cena y a contemplar la noche estrellada y despejada que tenían ante sí. Euro le hizo realidad la promesa hecha temprano… que en la noche le haría el amor a la luz de las estrellas…
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