Sentí que ambos lados de la camilla ardían por la tensión… pero no me importan ellos, solo mis bebés y yo solo miraba la pantalla, viendo a mis dos hijos moverse, sin saber si reír, llorar, o desmayarme otra vez. Me vestí despacio, casi temblando, todavía con la sensación fría del gel en el vientre y con la imagen de mis dos bebés pegada en la cabeza como un sueño imposible. Mis manos acariciaban mi panza casi sin darme cuenta, como si necesitara confirmar que de verdad estaban ahí… los dos. Abrí la puerta y salí al pasillo. Lo primero que vi fue a Mateo, un poco más adelante, hablando con el doctor en voz baja. Gesticulaba, como siempre que está nervioso o alterado. Sus ojos grises estaban encendidos, pero no de furia esta vez… sino de algo que no sabría nombrar. ¿Alegría? ¿Orgullo? ¿Mi

