La madrugada me recibió con un silencio que pesaba más que cualquier batalla. Aún tengo mi chaqueta manchada con un poco de sangre ajena. El aire frío rozaba mi piel. Y no pude controlar mi instinto, algo me llevo a la terraza. y Y allí estaba ella mi Harica, bailando sola en la oscuridad. Una canción suave flotaba en el ambiente, apenas un murmullo. Mi corazón se puso pequeño al ver su rostro triste. La vi encorvarse, elevar la pierna con una gracia que cualquiera al verla asi. Jamás creería que está mal. Giró, dio una vuelta, abrió las piernas en el aire como si quisiera romperme en dos. Me acerque un poco mas. Y entonces, como si me hubiera sentido, sus movimientos se hicieron más frenéticos, fuertes vueltas y vueltas, hasta caer de rodillas. —¡Hari! La vi levantarse con una fuerz

