La mandíbula de Álvaro se encontraba casi en el suelo, él llevó sus manos a su cabello en un signo de desesperación. —¿Qué? ¿Te encuentras sorprendido? Bueno, no te culpo. Siempre esperaste lo menos de mí y, aunque al inicio era algo que me mortificaba porque no me sentía digna de ti, con el tiempo supe utilizarlo como una ventaja. Al percibirme como alguien inútil no significaba una amenaza para ti y por eso me dejaste ir, pero juré que me iba a vengar de ti y ahora me doy cuenta de que era lo mejor, porque lo más probable hubiera sido que me mandaras a matar. —No, esto tiene que ser una mentira. No puedes ser una Cassano y este idiota tampoco puede serlo, el señor Alexander Cassano es un anciano. —Al parecer eres un idiota irremediable —Alexander dio un paso adelante y miró con despre

