Todos me quedaron mirando estupefactos, la excepción fue Alexander. Él se mostraba totalmente sereno y en sus ojos no había nada de temor hacia mí, esto fue algo que me alivió por completo. —Quiero que saquen a esta mujer de aquí, ya saben las nuevas orientaciones que tienen y les pido que se las transmitan al resto del personal. Camila fue sacada casi a rastras de la oficina, sus pies parecían estar hechos de gelatina y colgaban debido a que era sostenida de sus dos brazos por cada uno de los guardias. —Bueno, referente a ti —alcé mi mano para que Álvaro se levantara —. Vas a trabajar aquí, pero no será en la presidencia, ya que eso le corresponde a mi esposo. —¿Y de qué se supone que voy a trabajar? —Trabajarás repartiendo volantes del nuevo negocio, pero vas a utilizar una botarga.

