Pensé por un momento que Cleotilde se iba a echar para atrás, pero para mi asombro ella comenzó a comer los panqueques carbonizados que Alexander había hecho. —Cleotilde, no estés bromeando con esto. Deja esos cubiertos de lado que no seguirás comiendo esos panqueques. —Déjame, Alexander. He dado mi palabra y bien sabes que soy alguien que cumple sí o sí. Alexander me miró y alcé mis brazos, pero en el momento en que miré que ella arrugó la cara debido al dolor, fue que decidí actuar. —Deja de comer eso que vas a enfermar —le intenté quitar los cubiertos y ella me pegó —¡Hey! No hagas eso. —¡He dicho que me los voy a comer y eso haré! Tú no te metas porque no te daré el gusto de dejar lo que Alexander ha preparado con tanto esfuerzo y amor. —Eso es mío, no tuyo —le arrebaté los cubi

