capítulo 15

2318 Words
Pasé toda la semana en reposo y ya no aguantaba más. Solo iba al baño por tanto líquido que me dió mamá, sobreviví a punta de agua cocida, tés, sopas e infusiones, pero me cuidó con tanto cariño como si fuera una niña pequeña. Es grato saber que está aquí y que puedo contar con ella. Hoy viernes me levanté porque ya no puedo estar ni un minuto más en esa cama. Ya me siento mucho mejor, solo un poco mareada, pero no tengo fiebre ni esos molestos síntomas que me torturaron. He vuelto a comer con normalidad y mi energía también ha regresado. ¡Al fin! creí que moriría tirada en mi habitación. Hoy por la noche mis padres saldrán a comer y luego a bailar, uno de los tantos detalles que papá tiene para consentir a mamá. —Amanda, acuéstate temprano y no te quedes hasta tarde dando vueltas —comenta mamá mientras limpiamos la cocina. —Pero ya me siento bien, no estoy cansada. Mírame. —Extiendo los brazos y giro sobre mis pies—. ¡Como nueva! —Aún estas convaleciente. Si te da una recaída vas a estar peor que al principio. —Está bien, mamá —contesto resignada—. Me daré una ducha y me iré a la cama con mi libro favorito. —Y sécate el cabello. —Sí, ya lo sé. Por la tarde, entro en mi baño y me tomo todo el tiempo del mundo para asearme. Esta semana mi paso por la ducha fue fugaz, apenas podía enjabonarme así que ahora la limpieza es completa. Me aplico la crema de tratamiento capilar, hago mantención a la depilación, sesión de pedicura y todo lo que sea necesario para una buena higiene personal que harta falta me hacía. Luego me seco el cabello y me voy a la cama con una camisola que me queda un poco corta, pero decido usar de todas maneras porque es mi favorita, y además, nadie viene a mi habitación y estaré sola hasta muy tarde. Devorando con avidez cada línea de mi libro favorito, no me doy cuenta de que el día ya declina. Detengo la lectura obligada por la poca luz natural que entra por mi ventana y que ya no me permite ver bien las letras. Estaba sumida en la historia de una de mis escritoras favoritas: "Amar para siempre" de Lisa Kleypas. Miro por la ventana para orientarme en el tiempo y espacio actual, anochese y mis padres aún no se han ido. Mi reloj, sobre la mesita de noche, marca cerca de las veintiuna horas, no tardarán en venir a despedirse. Enciendo la lámpara y me acurruco entre las sábanas para seguir leyendo ahora de costado para descansar mi espalda. Tres golpes suaves llaman a mi puerta. —Adelante —doy el pase y miro hacia mi puerta con curiosidad. Cuando se abre es Franco el que entra, inmediatamente me cubro la cabeza con el cobertor avergonzada de que me vea en este estado. —¿No me vas a saludar? —pregunta con una risita juguetona. —¡No en estas fachas! —rezongo bajo las tapas. Ríe caminando hasta el borde de la cama. —Seguro te ves adorable... —Intenta quitar las cobijas pero las sostengo con fuerza para impedirlo. —¡¿Por qué no me avisaste que vendrías?! —interrogo mortificada. —Porque quería darte una sorpresa. —Y lo conseguiste. Percibo que se arrodilla a mi lado y su voz cercana me lo confirma: —Vamos, cariño. Déjame verte —insiste con su voz grave y varonil. No puedo resistirme a su ruego, Franco tira suavemente de las cobijas y poco a poco descubre mi rostro, ahí están esos lindos ojos risueños y sonrisa torcida. Al verme, su rostro se ilumina y aparece esa intensa mirada profunda que solo reserva para mí. Siento que puede ver hasta lo mas recóndito de mi ser y que nada queda encubierto para él. —Tan hermosa y encantadora como siempre. Le regalo una sonrisa y el me la devuelve por una mucho mejor, las sonrisas siempre están a flor de piel entre los dos. Me roba un pequeño beso y antes de que se siente a los pies de mi cama, le pido el suéter abotonado para poder sentarme sin quedar demasiado expuesta por culpa de este pijama revelador. Hablamos de mis días tortuosos estando enferma y de sus largas jornadas de trabajo que lo dejan agotado. Está concentrando toda su energía y capacidad para hacer crecer el negocio y poco a poco su esfuerzo van rindiendo frutos. Después de unos minutos entran mis padres listos para marcharse a su cita, Franco se levanta enseguida de la cama y adopta una actitud reservada. —Y bueno ¿se murió o no se murió la enferma? —papá bromea tan pronto como entra en la habitación provocando las risas de los demás. —Se ve que ya está mucho mejor —responde Franco. —Sí, porque estuvo bien delicada, casi no probó bocado —agrega mamá. Mis padres sonríen y Franco me observa con las manos en los bolsillos... esto es tan incómodo. —Estuvo bien que dejara de comer un poco, estaba un poco pasadita de peso —papá insiste con sus bromas. —¡Papááá! —protesto. Esto ya es bastante vergonzoso como para que papá lo empeore. —¡No es cierto, Enrique! está perfecta así ¿no te parece, Franco? —mamá procura defenderme, pero la verdad es que me pone en más aprietos. Franco asiente y disimula su mirada pícara, adivino la intención en sus ojos fácilmente y mis mejillas traidoras me acusan. —¿Pueden dejar de hablar de mí como si no estuviera presente? —intervengo. Al escuchar mi exasperación, papá se acerca y se sienta a mi lado y con un gesto cariñoso sobre mi cabeza expresa sus verdaderos pensamientos: —Son bromas pequeña. Para nosotros eres perfecta tal como eres y estuvimos muy preocupados por ti. —Lo sé, pero ya estoy bien gracias a mamá. —¿Segura? Tienes las mejillas coloradas otra vez. No quiero dejarte sola si te has vuelto a sentir mal. —No, papá, no te preocupes. Solo estoy un poco avergonzada porque me tratan como una niña delante de Franco... va a pensar que soy una niñita mimada y caprichosa. —Lo miro estudiando su reacción. —Por supuesto que no —me responde sin perder su seguridad—. Si yo estuviera en el lugar de Enrique, sería mucho mas aprensivo, y sobre todo celoso. —Ahora entiendo porqué estás solo, Franco —le responde él. Franco hace una pequeña mueca y no dice nada, claramente sabe cuando callar. Papá me besa la frente y se levanta de la cama. —Bueno, si ya te sientes mejor, entonces nos iremos con tu madre para no llegar tarde. Asiento con la cabeza. —Si deseas puedes quedarte un rato más, Franco —dice mamá. —Gracias, pero pronto debo retirarme. Amanda me pidió que le anotara algunos de los títulos de mis autores preferidos y luego me iré. —¡Ah! es verdad —recuerdo. Precisamente, Franco vió el libro que estaba leyendo y comenzamos a hablar de literatura. Yo le estaba pidiendo a Franco que me anotara sus recomendaciones cuando mis padres entraron. —Pues encontraron un punto en común. Amanda le gusta mucho la lectura. —Mamá se acerca para despedirse con un beso y repite la acción con Franco. Papá también se despide de él dándole unos golpecitos en el hombro cuando pasa por su lado, y más que un acto de amistad, parece un gesto de advertencia. Y cuando está a punto de salir por la puerta lanza un último comentario: —Solo un rato breve, Franco. Y recuerda el dicho aquel que dice: "se mira pero no se toca". —Lo tendré presente, Enrique. —Muy bien. Papá se va dejando la puerta abierta y yo meneo la cabeza apenada. Franco me mira y al instante sonreímos cómplices, la advertencia de papá ha llegado tarde. Se sienta a los pies de mi cama y mientras conversamos, me percato que está incómodo. —Te ves cansado ¿quieres recostarte sobre las cobijas, aquí a mi lado? Mira la cama considerando la idea. —¿No te molesta? —Claro que no, ven. —Doy golpecitos sobre la cama para animarlo a venir. Se quita los zapatos y la chaqueta de cuero; una estela de su placentero aroma masculino penetra en mi respiración y es como si se adueñara de mí desde adentro. Se acuesta a mi lado y extiende su brazo invitandome a descansar sobre su pecho, acepto su invitación con gusto. Me envuelve con su brazo y mete sus dedos entre mis cabellos haciendo un suave masaje en mi cabeza. Tímidamente, poso mi mano sobre su pecho firme, la figura que se forma a través de su camiseta, me invita a palpar los irresistibles contornos de sus pectorales. A estas alturas su perfume ha invadido toda la habitación. Cierro los ojos brevemente para disfrutar mejor de este dulce momento que me hace sentir en mi lugar. La tensión es palpable entre nosotros, pero la ignoramos y nos disponemos a disfrutar de una grata conversación. Franco es un hombre culto, y escucharlo también me aporta placer y hace crecer mi admiración por él. Interesada en cada una de sus palabras, me enseña sobre la disonancia cognitiva: la teoría de él psicólogo estadounidense Leon Festinger que explica el conflicto interno que tienen las personas cuando tienen pensamientos contradictorios o cuando actúan de manera distinta a sus principios y recurren al autoengaño para justificar sus actos y sentirse bien consigo mismas. Un tema bastante interesante y hace que el tiempo vuele a su lado. Cerca de las once de la noche un llamado de mamá interrumpe nuestra conversación: —Dime, mamá... estoy bien... sí, ya se fue (miro a Franco divertida y él sonríe con complicidad)... obvio que no, mamá... sí, pasenlo bien. Yo estaba a punto de dormir... ya ¿a qué hora?... Sí, no te preocupes... está bien... te quiero, adiós. —¿Qué te dijo? —Franco pregunta intrigado a penas corto la llamada. —Se quedarán a dormir en el hotel. Regresan mañana después de almuerzo —le respondo dejando mi celular en la mesita y me vuelvo a acurrucar en su pecho. Continuamos charlando de mis padres y de lo mucho que se aman. Con mi oído sobre su pecho, escucho los acompasados latidos de su corazón los que me van relajando suavemente y sin darme cuenta voy cerrando los ojos y caigo dormida. Me despierta una punzada bajo el vientre, he tomado tanto líquido esta semana que ya no aguanto las ganas de ir al baño. Franco sigue a mi lado dormido, y al verlo me invade una sensación tan increíble de amor y dicha infinita. Se ve fascinante con sus ojos cerrados y respiración pausada. Me siento en la cama y me masajeo el cuello adolorido. Dormir en esa posición es muy romántica pero para nada cómoda. Miro el reloj de mi mesita... ya son casi las dos de la madrugada. Me levanto en silencio y voy rápidamente al baño. Al salir, Franco vuelve la vista hacia mí. —Lo siento, te desperté. Niega con la cabeza. —No importa. Me sigue con la mirada hasta que llego al borde de la cama para acostarme a su lado otra vez. Había olvidado que mi pijama es un poco revelador. Noto que la piel de su brazo está fría y erizada. —¿Tienes frío? —Si, tengo un poco de frío. —Se pasa la mano por el brazo para entrar en calor. —Es que te dormiste sobre de las cobijas. Asiente. —Sí, me dormí sin darme cuenta...¿qué hora es? —pregunta preocupado. —Las dos. Con un movimiento brusco, se levanta de la cama apresurado. —¡Es tarde! estaba tan cansado... —se excusa—. Me iré rápido o me quedaré dormido otra vez. Lo observo en silencio desilusionada de que ya deba marcharse. El tiempo es poco cuando estoy a su lado. Un deseo nace en mi corazón y dudo por un momento si ceder ante el o no, y antes de que tome una decisión, el deseo escapa por mi boca: —Quédate... Hasta yo me sorprendo de lo que acabo de decir. Franco me mira algo incrédulo y no responde. —Estoy hablando en serio —aclaro. —Sí, Amanda, pero... —También duda y analiza la situación antes de hablar—. Yo no sé si pueda controlarme... Incluso ahora estoy haciendo un gran esfuerzo al verte con tu pijama pasando frente a mí. Su voz suena a una clara advertencia que si decido ir más allá sera bajo mí responsabilida, y como ya es costumbre entre los dos, tengo la última carta para definir este juego. Mi mente a una velocidad increíble, enumera cada uno de los momento que he vivido con él: su trato paciente y cariñoso hacia mí y como ha reaccionado a cada negativa de mi parte. Sin dudarlo vuelvo a decir: —Quédate... Me observa fijamente buscando un atisbo de duda en mí; me muestro segura y totalmente decidida. Franco se ha ganado mi entera confianza y ha disipado todas mis dudas y temores. —¿Sabes lo que puede pasar si me quedo contigo? —Sí, lo sé. —¿Y estás segura, Amanda? Lamentaría mucho si te arrepientes después de haber estado juntos. —Si te lo estoy pidiendo es porque realmente estoy segura. Lo pensé durante varios meses antes de tomar esta decisión. Complacido, sonríe y asiente suavemente y yo le abro mi cama dándole un lugar, su lugar de ahora en adelante.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD