—Voy a poseer cada centímetro de tu cuerpo. —murmura a articulando mi cuello con sus labios. —Ahora eres mía, Artemis, solo mía. No sé si es su voz, sus palabras o el momento que me resultan atractivos y sensuales. Mi ritmo cardiaco aumenta esperando que el perfecto hombre frente a mi, me tome de todas las maneras posibles. Soy suya, sí, tiene razón. Tan suya como él es mío. Una promesa cautivadora y espléndida. No sé si son los pequeños sorbos de ese líquido rosado los que me nublan y me excitan, su torso desnudo también es fuente de alucinación, es excitante poder apreciar y acariciar a este hombre cuyos padres hicieron con amor y pasión porque es tremendo perfecto. —¿Quieres más? —pregunta sirviéndose otra copa de Moet. Muevo la cabeza asintiendo. No me hace esperar besándome

