Capítulo 20: El aire acondicionado del piso 47 era tan gélido como el desprecio con el que Alexander había escrito la nota. Me quedé sola, mirando el papel arrugado en el escritorio, mi pecho subiendo y bajando rápidamente, impulsado por una mezcla hirviente de furia y excitación. "Te espero en casa, Isabella. Y no tardes." Cada palabra era un látigo, un recordatorio de que él no solo había tomado posesión de mi nombre en un papel, sino que ahora intentaba controlar hasta mi respiración. El beso, la orden, el castigo del aislamiento... todo diseñado para aplastarme. —No. No voy a ir —murmuré, la voz temblándome. Cogí la nota y la rompí en dos, dejando que los pedazos cayeran al suelo como símbolos de un juramento roto. Mi corazón me gritaba que huyera, que regresara a la mansión para

