Capítulo 19: Me tambaleé fuera de la oficina de Alexander con la boca aún caliente y el cuerpo temblando. No era el beso en sí lo que me había desestabilizado; era la autoridad con la que lo había tomado, la fuerza con la que me había acorralado y la arrogancia al decirme que mi tiempo, mi cuerpo y mis labios le pertenecían. Era un CEO marcando un contrato, no un hombre buscando pasión. Y esa distinción me enfureció más que cualquier otra cosa. Regresé a mi cubículo, sintiendo que cada mirada de mis compañeros era un cuchillo. Me senté frente al informe financiero, pero las cifras bailaban sobre la página, reemplazadas por el recuerdo de sus ojos oscuros y la dureza de su mandíbula. Alexander había creído que con un beso cargado de advertencia me doblegaría, que me enviaría de vuelta a

