Capítulo 10 La mañana comenzó distinta a las anteriores, aunque el sol entraba con la misma luz dorada por los ventanales de la mansión y los pájaros cantaban en los jardines como si nada en el mundo pudiera perturbarlos. Yo, en cambio, me desperté con un peso en el pecho que no supe identificar al principio, un presentimiento extraño que me acompañó desde que abrí los ojos. Quizás era el cansancio acumulado, quizás la incertidumbre de lo que vendría después de que mi madre iniciara la quimioterapia, o quizás simplemente la costumbre de esperar siempre lo peor. Me levanté despacio, con el cabello revuelto y la sensación de que el silencio era demasiado grande, tan distinto al ruido de los buses que pasaban cerca del pequeño apartamento donde había vivido hasta hace unos días. Aquí, en ca

