Capítulo 13 El coche se deslizó por la avenida como un animal sigiloso, reflejando en su carrocería las luces blancas y doradas que iluminaban la ciudad esa noche. Yo observaba el mundo desde la ventanilla, sintiendo que cada metro que avanzábamos me alejaba un poco más de la vida que conocía y me acercaba a un escenario para el que nunca había ensayado. El vestido azul se aferraba a mi piel con una perfección que me resultaba incómoda, como si me recordara que no podía permitirme un error, ni siquiera uno pequeño, porque ese error no solo sería mío, sino que también caería sobre él. Sobre Alexander. Él estaba a mi lado, inmóvil, con esa postura erguida que lo hacía parecer de piedra. El silencio en el coche era tan denso que podía escuchar mis propios pensamientos rebotando en mi cabeza

