Capítulo 14 Punto de vista de Alexander. La rabia no es un sentimiento que me permito muy a menudo. He aprendido a enterrarla bajo capas de control, de cálculo, de esa serenidad que todos confunden con frialdad. Pero esa noche, en medio del salón iluminado por lámparas de cristal, la rabia me mordía por dentro como un animal enjaulado. Y todo por él. Por Sebastian. Siempre ha tenido esa maldita facilidad para entrar en los lugares como si el mundo entero estuviera encantado de verlo. Esa sonrisa ligera que jamás se toma nada en serio, esos ojos que parecen mirar más allá de las apariencias y leer justo donde no deberían. Esa fue su ventaja desde niños: mientras yo aprendía a ser implacable, él aprendía a caerle bien a todos. Y ahora, como si no hubiera tenido suficiente, tenía la osa

