Cuenta oculta

1470 Words
La mañana en la oficina de Nina había sido inusualmente tranquila. Dominic no había llegado aún; le había enviado un mensaje temprano anunciando que llegaría tarde debido a una reunión externa que debía atender personalmente. Ese espacio de soledad, que para cualquier otro asistente sería un respiro, para Nina era una oportunidad cargada de adrenalina. ​Mientras intentaba terminar un informe trimestral, Nina se topó con un muro digital. Al explorar los directorios compartidos de la presidencia, abrió un archivo que le llamó la atención por su nombre cifrado. Sin embargo, al intentar entrar, el sistema solicitó una clave de acceso de alta seguridad que ella no poseía. No era una de las claves que Dominic le había dado para su trabajo diario. Al rastrear el origen del archivo, encontró una cuenta bancaria vinculada a una empresa fantasma cuyo nombre no aparecía en ninguno de sus registros ni en los informes de auditoría que ya había revisado minuciosamente. ​Con una creciente frustración, cerró el archivo. ¿Qué se guardaría allí con tanta seguridad? Su sexto sentido, ese que la había mantenido con vida en los peores momentos, le gritaba que en esas celdas de datos estaba la información que tanto necesitaba para hundir el imperio de Oliver Kasper. Sin duda tendría que encontrar la clave; el rastro del dinero no mentía, y ese rastro olía a Oliver. ​Se obligó a concentrarse en el informe frente a ella por un largo rato, tratando de calmar los latidos de su corazón, hasta que el teléfono fijo sonó, interrumpiendo el pesado silencio. ​—Nina, el señor Kasper te necesita en su oficina —anunció Emma con su habitual tono monótono. ​—En un momento voy, Emma, gracias. ​Nina colgó y una sonrisa ligera, mezcla de nervios y de unas ansias irreprimibles por verlo, asomó a sus labios. Suspiró mientras sentía las mariposas revolotear en su estómago, una sensación que odiaba y amaba al mismo tiempo. ​—Dominic... —susurró en voz baja, casi como una plegaria—. ¿Qué estás haciendo conmigo? ​Habían pasado quince días desde que iniciaron su relación y no había pasado un solo día en que Dominic no la llenara de cariño, ternura y momentos que la hacían olvidar el mundo exterior. Era, a ojos de cualquiera, el hombre ideal. El sentimiento dentro de Nina empezaba a hacerse más fuerte, casi incontrolable, lo que la aterraba. Guardó el informe, se alisó la falda y se encaminó hacia la oficina principal. Tocó la puerta de manera educada en varias ocasiones y, al no recibir respuesta, decidió entrar. ​—Señor Kasper... —llamó al entrar. ​No llegó a dar dos pasos cuando su cuerpo fue tomado por sorpresa. Unos brazos fuertes la alzaron y la presionaron contra la puerta, que se cerró de golpe a sus espaldas. Dominic acaparó todo su espacio personal; su olor a madera y el calor de su cuerpo invadieron los sentidos de Nina de inmediato. La sensación fue eléctrica, casi irreal. ​—Te extrañé, ojitos lindos —susurró él sobre sus labios, con los ojos fijos en los de ella, devorándola con la mirada. ​Nina apoyó las manos en los hombros de Dominic, sintiendo la dureza de sus músculos bajo la camisa. Su pecho latía con una rapidez salvaje. ​—Emma puede vernos... —alcanzó a decir ella, aunque su resistencia se desvanecía conforme Dominic buscaba su boca. ​—No me importa. Aún no entiendo cómo fue que me deje convencer de mantener esto en secreto aquí. Eres parte de mi vida, Nina, y quería que todos lo supieran desde el primer momento. ​Dominic decía aquello entre besos cortos que hacían que a Nina le flaquearan las piernas. La intensidad con la que él la buscaba era abrumadora, una mezcla de posesión y devoción pura. ​—Dom... —trató de protestar ella, pero su nombre se perdió en un suspiro. ​—Solo bésame, Nina —la calló él, profundizando el beso y haciendo que el mundo exterior desaparecieran por esos instantes. ​Cuando finalmente se separaron para recuperar el aire, Nina lo miró con el rostro encendido. —Yo también te extrañé —admitió, rindiéndose a la evidencia. ​Dominic sonrió con una ternura que le dolió a Nina en el alma y dejó un beso suave en su mejilla. —Te invito a cenar esta noche. Yo prepararé la cena —le dijo, soltándola lo suficiente para que ella pudiera recuperar el equilibrio. ​La sorpresa se reflejó en los ojos de Nina. —¿Tú vas a cocinar? ¿Debo preocuparme por alguna intoxicación? ​Dominic rió y la guió hacia su silla, ayudándola a sentarse con la galantería que lo caracterizaba. —No te preocupes, sé hacerlo muy bien. De hecho... —la miró con una confianza descarada mientras rodeaba el escritorio para sentarse frente a ella—... no hay nada que haga mal, Nina. ​Ella enarcó una ceja, negando con la cabeza ante su arrogancia encantadora. —Tenemos trabajo, Dominic. Póngase serio —le dijo ella, intentando recuperar su faceta de asistente profesional. ​—Bien, señorita Valenti, la escucho. ​Nina comenzó a mencionar algunos asuntos contables pendientes, pero el tema la quemaba por dentro y no pudo evitarlo. Mencionó la cuenta bancaria sospechosa y el archivo que no lograba abrir. Dominic la escuchó con atención, pero su expresión se fue volviendo más rígida a medida que ella hablaba. ​—¿A cuál archivo te refieres? —preguntó él. ​Nina se puso de pie y caminó hacia él. Dominic la observó con una fijeza absoluta mientras ella se inclinaba sobre su escritorio y tecleaba rápidamente en su computador. —Este. Las claves que me diste para la base de datos no lo abren. ​Dominic dejó de mirar a Nina para fijar la vista en el monitor. En cuanto reconoció el código de encriptación, su expresión se volvió gélida, casi sombría. ​—Nina, no te preocupes por eso —dijo él, cerrando la ventana del archivo con un movimiento seco—. No es importante para el trabajo que estás haciendo. ​—¿Cómo que no es importante? —preguntó ella, la duda brillando en sus ojos—. Esa cuenta está entre las que mueven más capital en la empresa, pero no hay registros de sus activos. ​Dominic se recostó en su silla, suspirando con pesadez. La miró con una mezcla de protección y advertencia. —Son asuntos de mi padre, Nina. Es mejor que no te inmiscuyas en eso. No quiero que te acerques a nada que tenga que ver con sus movimientos personales. ​Nina asintió, pero la curiosidad y la sospecha la invadieron por completo. Al ver el cambio tan radical en la expresión de Dominic, supo que ese archivo era el corazón de la corrupción de Oliver. Dominic no lo ocultaba porque fuera suyo, sino porque sabía que cualquier cosa que tocara su padre era veneno, y quería mantener a Nina lejos de ese rastro. ​Dominic decidió cambiar el tema para romper la tensión. Le entregó a Nina un folder de cuero y la miró con determinación. —Por favor, elige uno de estos. Esta vez no aceptaré un "no". ​Nina abrió el folder y se encontró con varias opciones de departamentos de lujo en las mejores zonas de la ciudad. Eran lugares con seguridad privada, cámaras y todas las comodidades. ​—Dominic, ya hemos hablado de esto... —empezó ella, sintiendo que el orgullo le subía por la garganta. ​—No quiero discutir por esto, Nina —la interrumpió él antes de que ella pudiera quejarse—. Por favor, elige uno. No es un regalo vacío, es tu seguridad lo que me importa. ​—Tampoco quiero discutir —le dijo ella, poniéndose de pie de golpe. La nobleza de Dominic la abrumaba, pero no podía permitir que él se comprometiera más con ella —. Pero no necesito que pagues un departamento por mí. No voy a mudarme a un sitio que no sea mío. ​Sin decir más, y sin dejar que Dominic tuviera la última palabra, Nina salió de la oficina y se refugió en la suya propia. El corazón le latía con fuerza, dividida entre el amor que sentía por el hombre que acababa de besarla y la necesidad de destruir al monstruo que él intentaba ocultar. ​Dominic se quedó solo en su oficina, suspirando mientras fijaba su mirada en el icono del archivo en su computador. Una sombra de tristeza cruzó su rostro. ​—Es mejor que no sepas nada de esa cuenta, Nina —susurró para el aire vacío—. No quiero que esa oscuridad te toque.
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