Tres días habían transcurrido desde que la verdad sobre la decisión de Nina quedó expuesta en una cama de hospital. Tres días en los que el silencio entre ella y Dominic se volvió un muro infranqueable. Cuando Nina cruzó el umbral de la habitación, el aire se sintió pesado. Encontró a Dominic de pie, ajustándose el reloj con movimientos mecánicos y precisos. Llevaba un traje oscuro que ocultaba los vendajes en su pecho, pero la palidez de su rostro delataba que su recuperación era solo externa. Nina lo saludó con una sonrisa cargada de esperanza contenida, una sonrisa que buscaba desesperadamente un rastro del hombre que la llamaba "suya" con solo mirarla. Él, sin embargo, solo asintió con una cortesía que le hizo sentir perdida. —Me alegra ver que te dan el alta —dijo ella suavemente—

