La sala de espera se había convertido en un limbo grisáceo donde el tiempo no fluía, sino que se estancaba. Nina, a pesar de su propio agotamiento, no pudo evitar notar el cambio en Dominic tras su última llamada. Lo observó durante unos minutos; él estaba de pie, con la mirada perdida en el tráfico nocturno que se veía a través del ventanal, con los hombros cargados de una tensión que no era solo por Alina. Su figura, usualmente imponente y segura, se veía ahora un tanto decaída. Nina tragó el nudo de angustia que tenía en la garganta y se acercó a él. No quería ser una carga, quería ser su compañera. Lo rodeó con sus brazos desde atrás, apoyando la mejilla en su espalda firme. Dominic soltó un suspiro largo y se giró en sus brazos para devolverle el abrazo, hundiendo el rostro en el hu

