EPISODIO 06.5

3630 Words
Cuando tenía 17 años y estaba apunto de graduarme de la preparatoria, existía un chico que solía gustarme, era guapo, atlético y muy inteligente, se podría decir que era todo un prospecto a chico popular y codiciado, y bueno si lo era, casi todas las chicas de mi curso babeaban por él. Lamentablemente fui yo una de esas chicas y digo lamentable, porque él podría ser todo lo que tú quieras por fuera pero una vez que descubres que hay debajo de esa capa llamada superficie, logras conocer quien es esa personal realmente. En mi casi, el chico resultó ser un completo patán, egocéntrico, que usaba ese cerebro que tenía para persuadir a las personas a qué lo favorecieran en cualquier cosa. Vaya sorpresa, noten mi sarcasmo. Un día que yo quedé atrapada con él en nuestro aula de clases, entendí porque me habían dicho que andará con cuidado de él, era un completo manipulador. Agradezco que la preparatoria haya terminado y mudarme a la ciudad me ayudó mucho para conocer mejores personas, en mi tiempo en la universidad aprendí que así es la vida, las decepciones te ayudan aprender a no idealizar a una persona solo por su apariencia o por lo refleja. La información que se de lo que ocurría a Gaia con el príncipe Vinzenz, es que ella realmente lo amaba y ese amor se convirtió en admiración, todo comenzó cuando ellos eran tan solo unos niños. La familia Lechner solía frecuentar el palacio real, más de lo que lo hacen actualmente. En una de las visitas del Conde Luker, trajo a su esposa y a su pequeña hija, era el cumpleaños número 13 de su alteza real, el príncipe heredero, que en aquellas épocas era tan solo un niño. Muchos personajes importantes de la élite de Alois y los reinos vecinos asistieron aquel agasajo. Mientras que la mayoría los asistentes rondaban y se paran a saludar a sus majestades y a su alteza, no podían perderse de esa gran oportunidad de socializar con ellos. Y en tanto los adultos estaban ocupados con eso, los niños, hijos de distintos diplomáticos, estaban jugando, divirtiendose o halagando al príncipe. Una pequeña de piel similar a la de una leche por lo blanco de su color, sus cabellos lilas con matices morados, vestido celeste claro como el cielo, ella se encontraba observando como su alteza estaba rodeado de muchas niñas y niños. Debe ser agobiante- piensa ella al observar la escena. Desde una banqueta en medio del enorme jardín, sus pies colgaban un poco sobre la banqueta, pero eso a ella le encantaba, la hacia sentir como si estuviera volando. ¿Por qué tanto alboroto? tan solo es un niño con corona- pensó nuevamente para ella. En aquel tiempo, la pequeña Gaia aún no entendía mucho sobre importancia de los títulos, sabía que había nacido en una familia muy pudiente que nada le faltaba y al ver a otros niños que están en su misma posición, no entendía porque uno de ellos debía de ser superior a ellos. Pero sus padres le habían dicho, que tratará de ser muy gentil con aquel niño, pues en un futuro sería el rey de todo Alois, y aunque tuviera sus dudas, debía obedecer a sus padres, no quería que le quitarán a sus doncellas ni que la hicieran limpiar su habitación. Suspirando de aburrimiento la niña se levanta sobre la banqueta y desvía su mirada hacia el hermoso laberinto. Era muy grande para ella o quizás ella era más pequeña para eso pero los intensos colores de las hojas, las ramitas y algunas flores que decoraban las paredes frondosas del laberinto le parecían fascinantes. Mientras se empinaba un poco sus pies tratando de ver el contenido del laberinto, lo hacia aún estando sobre la banqueta de madera refinada, pero inútiles eran sus intentos, su tamaño no le permitía ver más allá de las hojas. - ¿Que haces subida ahí?- una voz femenina y delicada se escucho a sus espaldas, haciendo que la pequeña se girara de su posición y mirando un poco hacia abajo se encontró con la dueña de esa voz. Una niña de cabellos de blancos y lindo vestido perlado la miraba curiosamente pero la niña no venís sola, sino que detrás de ella, también estaban un niño pelirrojo y una niña del mismo color de cabello excepto que ella tenía los cabellos más rizados. - Deberías de bajarte, a su alteza real no le gusta ver cómo se comportan los niños pueblerinos- suelta ese comentario la niña pelirroja. - Vete y dejamos sentarnos en la banqueta. - Si, nadie quiere ver ese horrendo vestido que traes- le apoya el niño que parece ser su hermano por sus rasgos similares. Gaia confundida por sus repentinos comentarios, de un salto se baja de la banqueta y se cruza de brazos mirándolos molesta. - ¿Quienes se creen ustedes para hablarme así?- dice ella atrevidamente. - Seguro eres hija de algún varón, cuida tus modales con nosotros, no nos trates de tu, somos tus superiores - habla groseramente la de cabellos blancos. - ¿Por qué mejor no me dejan en paz? no me conocen- mientras dice esto su rostro se va calentando de la molestia. - Ay mírenla, se a puesto roja de la vergüenza, ni siquiera puede defenderse a ella misma, sin dudas debes ser hija de un varón, eres muy mediocre a ese vestido se ve que es barato. Gaia frunció su ceño más enojada, era cierto que aquel vestido no lo había comprado en la boutique a la sus padres siempre la llevaban, con telas refinadas y sedas brillantes, justo ese día había querido usar el vestido que su Nana le había hecho, ella es una mujer anciana que había ayudado a su madre en su crianza pero últimamente no se encontraba bien de salud, pero quiso alegrarla al enseñarle que usaría el vestido que se había esforzado en hacer. Apreto sus labios sabiendo que estos niños no entenderían el significado del vestido para ella. - ¿Que no te vas a excusar? lo sabía no eres más que una plebeya- la niña del principio se acercó a ella y le apunto con el dedo- ni siquiera tienes derecho a estar en el mismo ambiente que nosotros. - ¿Que les pasa? ¿Que les he echo yo para que vengas a molestarme? - Cállate plebeya- exige el pelirrojo- mejor porque no pierdes, tu presencia empieza a ser nauseabunda para nosotros. Más molesta que antes, aprieta sus manos en puños y los pega a su cuerpo. Mocosos malcriados- piensa ella. - No creo que esa sea forma de actuar en la fiesta de su alteza real- otra voz a un lado de escucha y los 4 pares de ojos se dirigen a otro niño, este tiene puesto un elegante traje real, igual que de los familiares reales, su cabellos es n***o y su rostro serio lo hace ver muy maduro para la edad que aparenta, él se ha acercado hasta ellos. - ¿Y quienes eres tú?- pregunta el pelirrojo. Ganándose un pisotón por su hermana. - No le hables así, es el hijo del duque de Herzog- le murmura ella en su oído, esto hace que el niño sienta un escalofrío en su pequeño cuerpo. - Lo-lo siento su excelencia- el niño hace una reverencia. La peliblanco parece interesarse. - Futuro duque Kai- ella hace una reverencia- lamento que haya tenido que venir hasta aqui, estábamos ocupandonos de un asunto nada importante. El niño de cabellos negros pasa su vista de ella y la posa en la pequeña Gaia, su rostro, su cabellos le eran muy peculiares, nunca la había visto pero podría decir que le parecía gracioso ver su rostro con las mejillas rojas parecía delicada y tierna. - ¿Quien es? - Es solo una plebeya, no vale la pena perder tiempo con ella- menosprecia la niña del vestido perlado a la pequeña pelimorado. Gaia quien en todo momento se había quedado callada y mirando hacia el suelo mientras intentaba controlar su enojo, alza su mirada y mira de forma dura hacia todos los niños presentes. - Ven te sacaré de aquí- el pelirrojo la iba a tomar del brazo pero ella rápidamente se aparto. - Ya déjenme- se quejo ella con voz determinada- yo no soy hija de ningún varón, ni mucho menos una plebeya, soy Gaia Lechner, hija de los condes de Verkel, merezco respeto- con tanta determinación para una niña tan pequeña ella les cerró la boca. Mirando los todos sorprendidos no decían nada, por un lado estaban los 3 niños que la estaban molestando y el otro que apenas había llegado, este último miraba como la pequeña, sin importar que parecía más bajita que él, tenía un tono de voz firme y rígido. - ¿Gaia Lechner?- pronuncia el pequeño pelinegro mientras se acerca hacia la niña. - Si ese es mi nombre, y si aún tienen ganas de molestar a las personas, mejor vayan a buscarse otro payaso, no seré su entretenimiento - dicho esto ls niña se va a paso rápido hacia cualquier lado. Mientras ella caminaba se fue metiendo sin saberlo, al laberinto de plantas. -¿Que clase de grosería ha Sido eso?- murmuraba para ella misma mientras seguía caminando sin un rumbo fijo. - ¿Plebeya yo? ¡¿y si lo fuera a ellos que?! - ¿Quienes se han creído?- defogandose daba la vuelta a un pasaje con paredes de plantas. La pequeña por fin levanto la vista y fijándose que solo eran paredes de plantas lo que veía, empezó a observar todo a su alrededor. Arbustos Arbustos Y más grandes arbustos Todo a todo que ella veía era eso, dando vueltas y vueltas en su propio eje buscando una salida para eso, si bien ella había tenido curiosidad en saber que había en el laberinto, no estaba dispuesta a recorrer todo este inmenso lugar ella sola y menos si ni quiera recuerda la salida. Empiezan a sentirse nerviosa decide caminar paso a paso para entrar por otro pasaje, que es igual que el otro. Ay no, papá y mamá me van a reprender si me pierdo Sus pequeñas manitas se juntan y se pegan a la altura de su lazo sobre el vestido, sintiendo con su pequeño corazón empieza a latir más rápido por la angustia que piensa a invadirla. Tratando de recordar si quiera algún fragmento de recuerdo del camino que siguió hasta llegar a dónde se encontraba ahora. ¡Por mis pantuflas! ¿Por dónde salgo? Sus ligeras pisadas presionaban el césped verdoso debajo de sus pies. - Vamos Gaia ¿por qué tenías que meterte por aquí? Pasaron varios minutos y ella continuaba caminando y caminado, sus piernas se pedían un descanso por lo que ella se vio en la obligación de sentarse sobre el cesped, apoyando su espalda sobre los arbustos inmensos. Si tan solo fuera más grande podría ver por dónde salir El día empezaba a enfriarse pues en la parte donde ella estaba el sol ya no calentaba mucho. Suspirando cerro un poco los ojos y atrajo sus rodillas hacia su pecho y con sus brazos resguardo su rostro. Espero que mis padres me busquen No debí separarme de su lado La angustia seguía creciendo en ella, y si nadie la encontraba y se hacía de noche ¿tendría que dormir sobre ese frío y desolado lugar? ¿Teniendo a varios metros el gigantesco palacio acogedor y cálido de la realeza? Vaya suerte la suya Apoyando su frente en el dorso de su mano, intento relajar sus pensamientos, no debía ser tan negativa, los cuentos que si Nana le contaba decían que cuando una doncella está en apuros siempre podría contar con su caballero para que la rescate, o cuando una princesa está en aprietos un príncipe vendría a salvarla. Sería genial que eso me pasará, pero no siquiera tengo a un caballero, si lo tuviera mi padre lo espantaría en un dos por tres. Además, aún era muy niña para tener a alguien cortejandola aunque había sabido que su prima desde los 11 años ya era cortejada por varios caballeros con familias de la alta burguesía. Estando tan sumergida en sus pensamientos tratando de no sentirse sola en ese lugar, no se había percatado de las pequeñas pisadas que se escuchan cerca de ella, hasta que las sintió mucho más cerca haciendo que por inercia ella se levantará del suelo. - ¿Hay alguien ahí?- pregunto con timidez. El silencio fue su única respuesta, ya no se oían esos pasos. Juraba que había escuchado algo - ¿No hay nadie aquí?- volvió a preguntar. Pero está vez escucho un pequeña voz. - ¿Quien eres?- pregunto alguien al otro lado del grande arbusto. Parece la voz de un niño. - ¿Quien eres tu?- ella también preguntó. - Yo pregunté primero. La pequeña suspirando pues está podría ser su única manera de encontrar la salida. - Me llamo Gaia ¿y tú? - Soy Vinzenz- responde la voz con un tono inseguro- ¿Que haces ahí? - Me perdí mientras caminaba sin fijarme. - No deberías hacer eso mientras estás en un laberinto. - Si...ya lo note- responde Gaia con sarcasmo. - Espera, puedo ir para allá - escucha que el tal Vinzenz dice y luego oye unos pasos acercándose a su posición. Por entre uno de los pasajes en una esquina, aparece la figura de un niño de cabellos dorados, tan brillantes como el sol, ojos celeste Iguales a sus mejores pendientes de diamantes. No lo había reconocido por su nombre, pero resultó ser el príncipe heredero, su alteza real, el Príncipe Vinzenz. Automáticamente como su institutriz le había enseñado, hizo un reverencia. - Es usted, alteza- dijo ella un poco avergonzada por haberlo reconocido por su voz pero en su defensa nunca había cruzado palabra con él. - No es necesario- niega el pequeño-¿ que haces aquí? - Cómo le dije, me he perdido. ¿usted también? - Claro que no, conozco este lugar como la palma de mi mano.Creí que todos estarían en la fiesta, y quería tomar algo de aire. - Pero su agasajo se celebra en el jardín fuera del palacio. - Las personas pueden ser muy agobiantes, no importa si son niños o adultos. Ella asiente con la cabeza. -¿ Entonces desea que lo deje solo? - Estás perdida, papá me enseñó que debo ayudar a una persona cuando está lo necesita- dice con un suspiro de cansancio- ya se está haciendo tarde, lo invitados ya deben de estar por retirarse tus padres se preocuparán si no estás con ellos. Le hace una señal con su mano y se veo en la obligación de acercarme un poco pero siempre manteniendo la mirada un poco agachada. No quiero que me vayan a reprender por mirar a su alteza fijamente Su cálida mano sostiene la pequeña de ella, lo que le hace sorprender. - ¿Alteza? - Debemos sacarte de aquí, yo camino rápido así que trata de seguirme el paso. Dicho esto el pequeño príncipe comenzó a caminar entre pasajes y pasajes, Gaia veía como caminaba con tanta familiaridad por el lugar, cosa que ella no había podido hacer. Debe venir seguido- pensó. Mientras que el príncipe la guía, ella podía ver un poco de su perfil cuánta confianza se podía ver en su rostro. Su rostro parecía la de un ángel, era más atractivo a como lo había visto desde lejos, era el vivo retrato de sus padres, tan elegante y tan solo verlo podrías saber que pertenecía a la realeza. Para ser tan solo un niño, se podría decir que ya transmitía esa aura de líderazgo. Su vista reposo entre sus manos entrelazadas que el niño sostenía con firmeza pero a su vez con delicadeza. En su vida nadie más que sus padres, su Nana y sus demás doncellas le habían tomado de la mano.Esto hacia que el corazoncito de la pequeña se aceleraba. Nana tenía razón, un principe puede venir a rescatarte cuando menos lo esperas El rostro de la niña se torno de un rosado por el sonrojo de sus mejillas. Su corazón empezaba alegrarse de haberse perdido en el laberinto, aunque nunca fue su intensión toparse con el príncipe, los sucesos habían resultado así. Pronto ambos pequeños salieron del frondoso laberinto, Gaia visualizo un poco más allá a sus padres los cuales seguían hablando con otros adultos. Uff al menos no saben que me perdí Soltando un suspiro de alivio noto como el príncipe se giro para mirarla cara a cara. - Ya estamos aquí, deberías volver con tus padres. - Muchas gracias su alteza- la pequeña iba hacer otra reverencia pero el niño la detuvo. - Ya no hagas eso, se siente sofocante que todo el mundo lo haga ¿no te duele la espalda hacer es? - Es algo que debemos hacer para mostrar respeto. - Ojalá que cuando sea rey pueda cambiar esa ley- murmura en voz alta - bien, puedes retirarte. Su voz era un poco cortante pero eso no parecía importarle a la pequeña, ya que ante sus ojos solo veía a la personita que la había ayudado a salir de ese laberinto y él primer niño que sostuvo su delicada mano. - De nuevo muchas gracias príncipe Vinzenz- el niño solo asintió con la cabeza. La pequeña dió unos pequeños pasos para alejarse, no quería molestar más al príncipe, pero antes de alejarse más de 2 metros se volvió a girar en su eje. - Por cierto, feliz cumpleaños su alteza - le sonrió con una tierna sonrisa, tan ingenua y adorable. Pero esto al príncipe pareció no importarle porque solo pestañeo en su dirección y le dió la espalda caminando hacia el laberinto perdiéndose de vista. Debe estar muy estresado que le hayan dicho lo mismo todo el día Ay Gaia, solo debiste despedirte y ya Con esos pensamientos de auto reprensión se acerco hacia sus padres para permanecer a su lado hasta que la fiesta llegó a su fin y todos los invitados se fueron retirando. Pero para lo que todos había Sido una fiesta más hacia el príncipe, para Gaia había Sido el inicio de un sentimiento no solo de gratitud, sino de algo más que hacia acelerar su corazón cada vez que recordaba al príncipe. Desde ese día, Gaia empezó a sentir mucho mas interés por el príncipe, y de eso solo estaban enteradas sus doncellas a las cuales había confiado en contarles el pequeño conflicto que tuvo en la fiesta y como el príncipe en vivo y en directo le había ayudado. Sin imaginarlo, ese sentimiento seguía creciendo con el pasar de los días, meses y años, y cada vez que en su casa de hablaba sobre la familia real, ella esperaba saber algo más del príncipe. Su admiración se había convertido en enamoramiento, su corazón empezaba a idealizar al príncipe, quien sin saberlo de había vuelto prioridad en su vida. - Espero verte pronto mi principe- decía entre suspiros una joven adolescente Gaia, mirando un pequeño retrato que había logrado obtener del periódico de noticias de su padre. Ahora yo podía recordar todo aquello tan vividamente, la memoria de Gaia era ahora la mia, y día a día me despertaba con esos recuerdos, como si yo misma los hubiera vivido. Gaia realmente empezó amar al Príncipe Vinzenz, pero idealizar a tal punto en pensar que se convertiria en su príncipe azul y que él también sentiría cosas por ella, le habían llevado a cometer muchas malas acciones y a perder a esa pequeña niña que tenía buenas intensiones para con todos, cada vez que habia alguna fiesta en palacio y su familia era invitada, ella aprovechaba en acercarse para hablar con el príncipe pero él solo ponía excusas que debía atender a sus amigos, que estaba cansado y quería estar solo. Ella lo excusaba, realmente debe ser agotador ser un príncipe con todo el peso de que algún día tendrá que hacerse cargo de este enorme reino y con esas excusas ella lo deja tranquilo, porque al menos lo había podido ver, y eso bastaba para ella. A los 17 años ella se enteró que el principe había empezado a frecuentar a una joven doncella, la hacia sentir mucho pero mucho enfado, pero esa no sería la única noticia de eso, sino que con el pasar del tiempo y mientras suban creciendo los rumores de que el principe tenía varias damas de compañía la hacían molestar. Pero por si fuera poco, la que más la saco de sus casillas fue el echo de que se parecía que él había establecido una relación más formal con una de ellas, la mujer que había cautivado el corazón del principe, era ni más ni menos que la pequeña que la molesto cuando era niña, ahora ya siendo una señorita más recatada y refinada, Vesna Lalovic. Que no hizo más que hacer arder de celos a la joven Gaia. Y es desde ahí que ella se volvió, por así decirlo, la villana de la novela, pero en la historia escrita solo mencionan que ella una obsesionada con el príncipe, no contaban la realidad del porque no como había comenzando dicha obsesión. Tampoco habían mencionado ese lado oscuro que la protagonista había tenido en su niñez. Nadie más que yo sabía eso, y ahora que esa Gaia había desaparecido ahora me tocaba a mi reemplazarla y cambiar las cosas, por eso mismo, debo si o si hacer que el inconsciente de Gaia olvide por completo al dichoso príncipe y para eso me veo en la obligación de pedir la ayuda del duque Kai Lotz.
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