Cualquiera creería que los momentos incómodos en esta época se sentían diferente a la actualidad, ya saben, porque aquí habían muchos temas tabú y no se veía bien hablar directamente sobre asuntos un poco íntimos, menos hablarlo directamente con alguien que no era tu pareja.
Pero, oh sorpresa, me encuentro justo en uno de esos escenarios bochornosos en los que quisieras escapar y salir corriendo a como de lugar para no sentirte avergonzada.
Kai de Herzog
Se encuentra sentado frente a mi, sosteniendo con su grande y firme mano, la delicada taza de porcelana, la diferencia es tan abismal que parece que en cualquier momento la taza de romperá, derramando el contenido, cuyo líquido es el famoso té de lavanda.
El duque no me ha dejado de otra que acompañarlo hacia un lugar... más reservado y lejos del bullicio de la calle, por lo que ahora estamos en la segunda planta de un reconocido café de la ciudad. Cuando hemos entrado aquí, está de más decirles que las miradas se han posado en nosotros.
No siempre ves a un m*****o de la familia real ir a tomar un té en el mismo lugar que lo hacen las demás personas que están por debajo de su pirámide social.
Eso no sonó bien ni en mi propia cabeza
Creo que me auto ofendí
El duque deja con sutileza la taza sobre un platillo a juego en la mesa redonda, en la que estamos sentados.
Agradezco que no haga frío ni corra tanta brisa porque al estar en la azotea del café me estaría pelando de frío con el vestido de hombros descubiertos que llevo puesto.
Presionó mis labios un poco incómoda por el silencio en el que estamos, mis ojos viajan hacia la vista que tenemos y he de decir que es muy agradable vivir en un lugar sin la bulla del claxon de los carros y los griteríos maldicientes de otros conductores.
Un carraspeó hace que mi atención se pose sobre mi acompañante.
Él posee su traje tan elegante color n***o, empiezo a creer que le gustan los colores oscuros y no hay que quejarse estos colores lo hacen resaltar más, sus amplios hombros dan a entender que más abajo de ellos está una gran espalda que esconde abultados músculos y las hombreras doradas le dan un toque más elegante a su fornido cuerpo.
Mis pupilas viajan entre los pares de botones dorados resaltantes en su pecho, esos botones parecen tener mucha resistencia para no abrirse porque en la posición que está hace que sus pectorales resalten bajo el traje que tiene puesto encima y ni que hablar de su rostro.
Es como si hubiera sido tallado por los mismísimos ángeles
Sus ojos azules, como el cielo despejado, sus labios rosados y del tamaño suficiente para dejarse devorar por ellos, su piel clara como la leche y se ve tan suave que hasta a mí me avergüenza, mi piel se debe de ver seca en comparación a la de él.
Su nariz respingada le hace dar ese toque de elegancia a su rostro haciendo que sus proporciones se vean perfectas .
Él hubiera sido un buen modelo en mi época
Otro carraspeó me hace volver en al presente.
- Lady Lechner- dice mi nombre con completa suavidad, mis ojos se encuentran con los suyos.
- Duque- repito su tono mientras agarro en una mano mi taza.
- ¿Puedo llamarla por su nombre? creo que ya estamos en confianza como para dejar las formalidades.
- ¿Qué le hace pensar que tenemos dicha confianza?
- Pues el beso que me ha dado en el palacio, me ha dejado en claro que tiene usted mucha seguridad de su cercanía.
Casi me atoro con el líquido en mi boca, abriendo mis ojos en platos, paso bruscamente el tibio té por mi garganta y suelto una tos sonora.
Una risa socorrona decora el rostro del duque.
- ¿No cree que es usted muy directo?- carraspeó volviendo a pasar un poco de té para despejar mi garganta.
- Es una virtud- responde encogiéndose de hombros.
Una virtud...como no
- De todas formas, dejando de lado mis virtudes, necesitamos enfocarnos en otra cosa.
- ¿Otra cosa?
- Nosotros señorita Gaia, necesitamos enfocarnos en nosotros.
- ¿Por qué haríamos eso?
- Usted mismo lo dijo, conozcamos nos a partir de ahora.
- ¿Eso he dicho yo?
- En efecto, al menos eso recuerdo antes de ser besado y que mi aprovechante huya dejándome en el desconcierto.
Trago saliva y miro hacia otro lado apenada.
Sabia que no se iba a quedar tranquilo, después de tal atrevimiento de mi parte. Poniendo a trabajar mi mente, intentando encontrar una buena excusa, digo lo primero que se me viene a la mente.
- Los besos en la boca son un saludo tradicional de mi lugar de origen.
- Señorita Gaia, las tierras del condado de Verkel no quedan tan lejos del reinado y nunca he escuchado que hablaran de esa peculiar tradición, estoy seguro que hubiera sido muy comentado por todos en el reinado.
Diantres, me atrapo, piensa Alessa, debes poner a trabajar el cerebro de Gaia.
- Yo no me refería al condado, sino a las tierras natales de donde provienen mis abuelos, Francia.
- ¿Francia? - frunce ligeramente su ceño- había oído hablar eran muy peculiares pero sabia que tanto.
Por su mirada concentrada en la mesa, parece que si me ha creído.
Bien Gaia, hiciste tu tarea- me felicito a mi misma mentalmente.
- Resulta extraño pero pase un tiempo con ellos y me había acostumbrado a sus tradiciones, pido disculpas si le he creado un mal entendido.
Su mirada sobre mi es tan comparada a la de un león, tan fija y feroz que siento como si quisiera leer mi mente. Parpadeo un par de veces y trato de apartar la mirada pero es muy difícil por la manera tan absorta en la puede llegar a encantar sus ojos claros como el cielo.
- ¿Entonces eso es todo? ¿solo fue su error en la costumbres de saludo de Alois?- pregunta irónicamente pero me atrevo a responderle.
- Básicamente si- digo un poco bajo, veo como inclina un poco su rostro y sus labios se aprietan en una fina linea.
Su mirada seria por un instante me hace sentir un escalofrió en mi columna vertebral, pero su seriedad no es la que me sorprende sino la facilidad con la que puede estar un momento con un gesto serio y al otro instante tener una sonrisa como la del gato de Alicia en el país de las maravillas.
Su risa se escucha por toda la planta y agradezco que estemos nosotros solo porque de lo contrario hubiéramos llamado la atención de varias personas.
No puedo evitar pensar que su risa se oye muy sexy la verdad, es tan varonil pero a la vez elegante, un par de hoyuelos se le formas a los costados de su boca y una pequeñas líneas de expresión se hacen presentes en sus mejillas, lo blanco que son sus dientes me hacen pensar que los dentistas reales son muy buenos para ser parte de una historia de fantasía.
En un intento de parar de reír , al ver mi gesto de confusión, sus cejas se fruncen haciendo que sus ojos se vean mas pequeños de lo que son, dándome una evidente demostración que su risa es genuina.
- Lo lamento- dice entre sus últimos jadeos de risa- pero no habia escuchado algo tan absurdamente gracioso desde hace mucho.
- Absurdo?
- No piense que por ningún instante me he creído tal historia, pero le puedo dar créditos por su ingenio.
-No se de que habla, yo estaba hablando en serio.
él asiente con la cabeza y vuelve a pasar un sorbo de su té, para volver hablar.
- Se que se aferrara a esa excusa, desde pequeña siempre ha sido muy terca y testaruda.
- ¿Qué sabe usted de mi? apenas nos hemos vuelto haber después de muchos años y por lo que recuerdo, solo nos vimos una vez de pequeños.
- Le dije que estoy al tanto de todo los rumores que hay en el reino, aunque prefiero conseguir la información directamente de las personas involucradas.
- ¿Entonces no se deja llevar por los cuchicheos que se sueltan de sirviente en sirviente?
- Creo que ellos tienen cosas mejores que hacer. Pero no nos desviemos del tema, nosotros señorita Gaia, debo de confesar que su actitud en la coronación no es la misma que yo recordaba.
Trago saliva.
- Digamos que he ido madurando con el tiempo.
- Me alegra escuchar eso, sin duda será una real joya para el condado de Verkel.
- Agradezco su halago pero no me considero ser de tan alta aptitud, preferiría por mucho pasar desapercibida ante todos.
- Entiendo su punto, estar bajo ojo prejuicioso de la elite de Alois es demasiado...demasiado agotador.
- ¿Es por eso que casi nunca se deja ver en galas y eventos, y prefiere pasar casi todos los días dentro del ducado de Herzog?
- Tal parece no soy el único que ha escuchado rumores.
Me encojo de hombros- los oídos se han creado para oír, y no ha dado respuesta a mi pregunta.
- Lo hare si usted me permite hacerle otra pregunta a cambio.
Analizando mi siguiente movimiento, asiento con la cabeza.
- Si, preferiría por mucho pasar minutos, horas y días dentro de mi hogar administrando el ducado con la tranquilidad que todo esta bajo control y no afuera en donde los pensamientos sobre ti son mas dañinos que miles de alfileres oxidados.
- Vaya forma de verlo, pero no puedo negar que tiene razón en ello.
A Gaia la han hostigado hasta por como se viste y camina, es tan molesto ver que ni siquiera en un mundo de fantasía, los prejuicios siguen siendo un problema social.
- Ahora quiero que sea completamente sincera y no evada la pregunta, por favor- su voz suena mas suave de lo usual., asiento con la cabeza incitándolo a proseguir- ¿Acaso me beso porque quiso darle celos a mi primo?
-¿Co-como?
- Lo que oyó Lady Gaia ¿es mi primo el principal causante de que usted haya recurrido a la loca idea de besarme?
¿De donde diablos ha sacado esa idea?
¿Es que él vio cuando Vinzenz se asomo por las cortinas del balcón?
Imposible,
yo lo bese y él cerro los ojos durante el beso, no pudo haberse percatado de las personas a metros de nosotros.
Mi silencio parece impacientarlo un poco por lo que vuelve abrir la boca.
- Espero sea sincera con su respuesta.