Chen’s POV
Las cosas en mi vida habían cambiado en muchos sentidos y al menos, por un lado, habían cambiado para bien y la forma en la que me sentía, que era tan bien, que yo… ni siquiera creía que pudiese merecerlo.
Después de la noche anterior de mi cumpleaños, en que dormí con Rubén, en que sucedieron tantas cosas, yo… dios, tenía mucho miedo, pánico de la forma en la que me estaba sintiendo. Ayer tuvimos un momento íntimo que para mí… fue precioso y ahora, al despertar en su pecho, sintiendo su olor, yo… dios, en verdad estaba aterrado. Me moví un poco, tratando de no despertarlo, pero como me levanté un poco de su pecho, él volvió a acercarme hacia él, apretándome a su cuerpo. Suspiré.
-Bebé, hoy es sábado. Podemos levantarnos más tarde.-Dijo casi entre dormido y reí.
-Rubén, hoy es miércoles y ya son casi las seis, debemos irnos.
-Mierda.-Se quejó, pero me abrazó más fuerte.-Bueno, como que no quiero ir hoy a la escuela entonces.
-Mmm, ¿no tienes examen hoy de física?-Pregunté y abrió los ojos de inmediato, aterrado.
-Sí, qué porquería.-Se quejó y reí aún más.-¿Cómo lo sabes?
-Tú mismo me lo dijiste.
-Oh, yo como que sigo en pedo aún.-Sonreí, pero cuando me levanté un poco, el se sentó de inmediato y agarró mi antebrazo.-¿A dónde vas?
-A bañarme, se hace tarde.
-¿Me dejas ducharme contigo?-Preguntó y cuando me vio sonrojado hasta las orejas, rompió en risas de inmediato, así que me abrazó por mi cintura y empezó a depositar besos en mi espalda, los cuales me hicieron erizar por completo y sonreír como tonto, aunque a la vez me daba mucha vergüenza, porque yo no llevaba nada puesto precisamente por él, quién me pidió dormir así a su lado y yo… sí, me gustó dormir así con él, de esa forma tan íntima. Confiaba plenamente en Rubén y en verdad, me encantaba estar a su lado.
-Yo… no sé.
-Lo digo en joda, no te preocupes.-Besó mi mejilla y lo miré.-Anda, ve a ducharte.
Asentí, pero al no querer caminar desnudo por vergüenza, me cubrí con la sabana y él, me miró divertido y eso fue peor, aumentó muchísimo más mi sonrojo. Más tarde, cuando ambos nos habíamos vestido, bajamos y mi abuela nos dijo que desayunáramos, pero no teníamos tiempo, nos levantamos demasiado tarde y teníamos sólo cuatro minutos para llegar a la escuela, así que nos despedimos y afuera, antes de subirnos en la moto, mis padres nos detuvieron. Rubén los miró curioso.
-A ver hijo, ya como que te quedas bastante seguido con nuestro niño.-Le dijo mamá y le hice señas de que no dijera nada, esto era demasiado vergonzoso, pero claro, como a ellos les encanta humillarme, era lógico que no se iban a detener.
-Mmm, sí algo…-Respondió sonrojado.
-Muchacho, a ver dilo tú que este traidor jamás dirá nada.-Le dijo papá y me quedé en blanco. Creo que jamás me había llamado traidor antes, era la primera vez.-Confiesa de una vez, ¿eres el novio de mi hijo?
-Sí.-Respondió y lo miré desconcertado.-Somos novios.-Reafirmó y fue peor cuando me abrazó por mi cintura. Mis papás reían y yo creía que me estaba dando una trombosis cerebral o tal vez ya estaba en mis últimos instantes.
Luego, nos fuimos e iba pensativo todo el camino. ¿Por qué Rubén les había dicho que éramos novios si ni siquiera hemos hablado sobre el tema? ¿o el piensa que lo somos? No… el no me vería como su novio, no creo que nadie nunca pueda verme de esa manera, de eso estoy seguro. También pensaba, en qué se sentiría ser su novio, que seguro debe ser increíble. Es que Rubén es tan… dios, es jodidamente especial. Para cualquiera, salir con él, sería como ganarse la lotería y si algún día tengo esa oportunidad, yo… tendría que agradecer por siempre el ser tan afortunado.
No me di ni cuenta cuando ya habíamos llegado y cuando solté su cintura de repente, al tener que bajarme, me sentí muy triste, pero no tuve otra opción.
-¿Por qué la carita? ¿estás triste, osito?-Preguntó preocupado mientras me abrazaba por mi cintura y lo miré desconcertado, porque me abrazaba en un lugar público y peor aún, en la escuela, donde todos podrían vernos, pero al parecía importarle poco o nada este hecho, porque sólo me miraba a mí, Dios…
-Sí, un poco.
-Pero, ¿por qué?-Preguntó preocupado, suspiré.-¿Te lastimé mucho anoche? ¿estás adolorido?
-¡No! No es eso, lo de anoche… me gustó muchísimo.
-Lo sé.-Se acercó a mi oído y susurró.-Recuerdo tus gemidos, me encantaron.
-¡Rubén!-Me quejé y él reía sin parar.
-Me encantó y ni creas que hoy es la última vez, será la primera de muchas veces que haremos ese tipo de cosas, osito.
-Yo…-Titubeé.-Sí, sí, está bien. También me gustaría…-Admití sin mirarlo, estaba avergonzado por completo y peor aún, cuando Rubén no dejaba de reír.
-Te espero a la salida.-Besó mi mejilla y lo vi correr hacia Álex y su hermano quiénes lo estaban llamando hace un rato.
Esa mañana, en la escuela como nunca, me costó muchísimo concentrarme. Yo siempre he sido de apuntar todo lo que dicen los profesores, porque me gusta tener notas impecables y a pesar de que Samuel había estado rayando mi cuaderno de matemáticas sin cesar, dibujando el rostro de Álex, no le dije nada, porque estaba distraído. No podía dejar de repetir lo que había sucedido en la noche una y otra vez en mi cabeza. Es que de sólo recordarlo, hace que mi estómago duela y mis manos empiezan a temblar. Dios… se siente tan especial tener algo tan bueno para recordar y es que era cierto, no sé si tenía algo tan bueno para recordar y repasé ese momento una y otra vez por mi cabeza durante toda esta mañana, pero no, no me pude concentrar en ninguna clase por más que lo intenté, era imposible.
En el descanso fue aún peor, me sentía avergonzado de tan sólo recordarlo y la verdad, no podía mejorar un poco la expresión de mi rostro, porque sabía que tenía que tener todo menos algo bueno, mi cara tenía que lucir como la de un tonto, que en realidad soy, así que opté por mejor esconderme en el baño todo el descanso, porque si Rubén me veía, se reiría y la verdad, estaba demasiado avergonzado por lo que ocurrió. Todo este día, fue un día de verdad muy especial y es que incluso, con recordar sus palabras, que me dijo que esto se repetiría muchas veces… Dios… de sólo pensarlo, me da mucha emoción, me ilusiono y a la vez, me da un poco de miedo, porque sé lo que estoy sintiendo y la verdad, creo que es algo que me va a superar en algún momento por más que intente lo contrario.
Rubén, en verdad me vas a hacer enloquecer.
La última hora de clases, la pasé jugando con Samuel, porque la profe no fue a clases porque al parecer, había pillado algún virus extraño en su viaje a Egipto y la verdad, no quería saber qué clase de porquería pilló, porque yo le tengo miedo a toda clase de virus y ya sabía de antemano que a esa mujer, no me lo voy a acercar por las próximas dos generaciones.
Simplemente me quedé jugando con samuel al escondite y sonó el timbre de la salida, de inmediato corrí a coger mi mochila y me dirigí a la salida cuando escuché el timbre de mi celular sonar, así que lo miré de inmediato y noté que era un mensaje, era de Hugo… me decía que iba a estarme esperando a la salida y ya yo sabía para qué era… la verdad es que no, no quería verlo, no quería verlo de ninguna manera, pero sabía lo malo que podría ser hacerlo enojar. Conozco muy bien las consecuencias, porque muchas veces cuando se ha enojado conmigo cuando he tardado un poco o cuando incluso, me he ido porque él ha llegado tarde y eso a él le molesta, porque cree que debo esperarlo todo el tiempo y por eso, se molesta muchísimo y llega a ser demasiado agresivo.
La verdad, sentí temor de decirle que no me iría con él, porque la verdad es que no deseaba hacerlo, quería irme con Rubén, pero entonces y al pensarlo dos mil veces, no sabía qué hacer, cómo escapar de esa situación, porque la verdad no, no me podía ir con él, de ninguna manera podría hacerlo. No he sabido cómo detener esto que está sucediendo, no encuentro la manera, no sé cómo decirle que no, no podría ni siquiera encontrar las palabras adecuadas que puedan mitigar un poco su reacción, así que sólo hice lo primero que se me ocurrió. Me escondí detrás de unos chicos de último año, quienes iban saliendo y cómo estaban también en el equipo de fútbol, eran bastante altos o corpulentos y pude salir desapercibido a pasar detrás de ellos. Cuando llegué a la entrada, simplemente corrí y corrí para alejarme, porque no, no podía verlo.