Nicolás Mendoza Me encontraba en mi oficina, charlando con el señor Montreal. Emilio había sido un ángel para mí, un verdadero salvavidas en un momento en que todo parecía incierto. Él regresó a la isla hace cuatro años, después de haber vivido fuera, y con su regreso trajo consigo un programa que marcó la diferencia para muchas familias, incluyendo la mía. Creó una iniciativa en la cual entregaba cuatro becas a los hijos de los pescadores, algo que parecía casi imposible en un lugar como este. Gracias a eso, Noah y yo pudimos estudiar en una de las mejores universidades de México, con todos los gastos cubiertos. Sin embargo, había un detalle que no podía olvidar: firmamos un acuerdo con Emilio. Nos comprometimos a trabajar con él durante los primeros cinco años después de terminar la un

